OPINIÓN

La neurociencia en el proceso de formación académica

La neurociencia aplicada a la educación se consolida como una herramienta clave para comprender cómo aprende el cerebro humano y fortalecer los procesos pedagógicos, emocionales y cognitivos dentro de la formación integral del estudiante.

Edgardo Maestre. FOTO: suministrada

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La neurociencia tiene como objeto de estudio el sistema nervioso humano, comprendiendo el cerebro, la médula espinal y las complejas redes neuronales que intervienen en la conducta, el pensamiento, las emociones y los procesos cognitivos. Se trata de una disciplina científica de carácter interdisciplinario que analiza la estructura, funcionamiento, desarrollo y patologías del sistema nervioso, con el propósito de comprender cómo las estructuras biológicas inciden en el comportamiento humano y en la construcción del conocimiento.

El médico y científico español Santiago Ramón y Cajal es considerado uno de los grandes precursores de esta disciplina, cuyos aportes revolucionaron la comprensión del cerebro humano y abrieron nuevas perspectivas en múltiples áreas del saber, especialmente en los procesos de formación académica y pedagógica.

En el ámbito educativo, lo sensoperceptivo y lo cognitivo constituyen elementos inexorables dentro de los procesos pedagógicos, pues inciden de manera determinante en la formación integral del ser humano. La neurociencia contemporánea ha demostrado que el aprendizaje no depende exclusivamente de la transmisión mecánica de contenidos, sino también de factores emocionales, motivacionales y ambientales que condicionan la capacidad de comprensión y retención del conocimiento.

Debo precisar, con absoluta honestidad intelectual, que no soy licenciado en Ciencias de la Educación. Sin embargo, considero que la experiencia acumulada durante años como docente universitario, sumada a la vocación natural brindada por Dios, que es la enseñanza, me otorgan autoridad moral y académica para reflexionar sobre esta temática. La experiencia, sin duda, constituye una de las formas más profundas de adquirir conocimiento, especialmente cuando está acompañada de estudio permanente, observación crítica y sensibilidad humana.

Soy producto de la educación pública colombiana. Parte de mi formación básica primaria transcurrió en la antigua Concentración San Joaquín, donde aprendimos a leer, escribir y desarrollar las operaciones matemáticas fundamentales la mayoría de los niños y adolescentes de la época, residentes en los barrios San Joaquín, Obrero y Cañahuate. Posteriormente cursé estudios en la facultad de Derecho de mi amada Universidad del Atlántico y realicé programas de especialización en la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Antonio Nariño y la Universidad Externado de Colombia. Asimismo, cursé estudios de maestría en Derecho Procesal en la Universidad Simón Bolívar.

Menciono lo anterior no con ánimo de presunción, ni mucho menos de prepotencia ni megalomanía académica, sino para resaltar que mi recorrido académico y humano me permite comprender, desde distintas perspectivas, las fortalezas y debilidades del sistema Educativo Colombiano. Ello me ha permitido formarme como un profesional integral, y en crecimiento, con profundas raíces provincianas, pero con visión nacional y global.

La aplicación de la neurociencia en la educación exige estudiar y analizar no solamente las distintas áreas del conocimiento, sino también la manera como el cerebro humano aprende, procesa y asimila la información. De allí surge lo que hoy se denomina “neuroeducación”, disciplina que integra conocimientos provenientes de la pedagogía, la psicología, la biología, la filosofía y las ciencias cognitivas, etc. El verdadero aprendizaje es la fuente de transformación del sujeto; a la vez, se da una integración entre la mente, la cual se encarga de dirigir; el corazón, para sentir, y el buen uso de la tecnología, que ayuda a potenciar el conocimiento.

En ese contexto, los pedagogos modernos hacen referencia al denominado aprendizaje ejecutivo, entendido como la capacidad de organizar, planificar y transmitir de manera adecuada los contenidos temáticos de cualquier disciplina. Igualmente, cobra relevancia el aprendizaje emocional, aspecto esencial en la formación contemporánea y estrechamente vinculado con la neurociencia. Debe existir conexión académica y humana entre el docente y el estudiante; para tal efecto, el docente debe ser un líder, un facilitador quien debe transmitir el conocimiento y generar el buen ambiente motivacional para generar emociones positivas en sus alumnos.

Por consiguiente, no basta con transmitir conocimientos en áreas como Derecho, Medicina, Ingeniería, Física o Química u otra disciplina de estudio. Resulta igualmente indispensable comprender la dimensión humana del estudiante, especialmente en escenarios educativos inclusivos, donde deben confluir áreas complementarias como la psicología, la filosofía, la biología, las matemáticas, la medicina y la economía, entre muchas otras. Todas las disciplinas del conocimiento poseen importancia dentro de la formación integral del individuo y ninguna debe ser subestimada o minimizada bajo la simple categorización de “electiva”.

Corresponde entonces a las instituciones de educación básica, media y superior diseñar planes de estudio más integrales y humanistas, orientados no solo a la acumulación de conocimientos técnicos, sino también a la formación ética, emocional y social del estudiante.

El aprendizaje emocional y la enseñanza concebida desde una perspectiva holística generan motivación, fortalecen la autoestima académica y contribuyen a superar temores, complejos y barreras psicológicas que históricamente han limitado el desarrollo intelectual de muchos estudiantes.

La Educación Colombiana posee fortalezas significativas; sin embargo, para alcanzar verdaderos niveles de excelencia exige profundas transformaciones estructurales. Esa responsabilidad no recae exclusivamente sobre el Estado. También compromete a la familia, a los docentes y al propio estudiante, quien debe asumir conciencia sobre la trascendencia de su formación académica como instrumento de crecimiento personal y transformación social.

La neurociencia aplicada a la educación representa, sin duda, uno de los mayores desafíos intelectuales y pedagógicos del siglo XXI, porque comprender cómo aprende el cerebro humano equivale, en gran medida, a comprender cómo construir una sociedad más crítica, proactiva, más humana y auténticamente desarrollada.

Por: Edgardo José Maestre Sánchez

Temas tratados
  • aprendizaje emocional
  • cerebro humano
  • docentes
  • Educación
  • educación superior
  • Formación académica
  • neurociencia
  • neuroeducación
  • Pedagogía
  • sistema educativo colombiano

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