En el tercer día de la Feria del Libro de Valledupar (Felva 2026), el jurista y ensayista Mauricio García Villegas planteó, desde la Casa de la Cultura, una defensa de la racionalidad en medio de un clima político nacional marcado por la polarización y la propaganda emocional. A partir de su libro Antes de perder el juicio, el autor sostuvo que el siglo XXI se ha instalado sobre “un individualismo light, hedonista”, alimentado por el capitalismo contemporáneo y las redes sociales, que ha dado paso “al triunfo de lo romántico y al aplastamiento de la Ilustración”.
“El sueño de la razón produce monstruos”
García Villegas recordó el célebre grabado de Goya, El sueño de la razón produce monstruos, para advertir sobre dos peligros complementarios: la ausencia de razón y la razón desbordada. “Si la razón se duerme, deja de ser vigilante y la irracionalidad se apodera de nosotros”, señaló, pero añadió que también “la razón ensimismada, creyendo que todo lo que hace es racional, termina construyendo sistemas de pensamiento totalmente irracionales y demenciales”.
El autor defendió la necesidad de combinar ilustración y romanticismo, razón y emoción, en vez de oponerlas de manera excluyente. “Nada importante se hace sin emoción”, dijo, citando a Hegel, pero advirtió que “lo que no es conveniente es tener solo emociones o solo racionalidad”.
La verdad más allá de la ciencia
Uno de los ejes del conversatorio fue la pregunta por la verdad en tiempos de consignas y noticias falsas. García Villegas explicó que en el libro recurre a “entremeses” –textos breves de corte ficcional– para mostrar que la verdad no es patrimonio exclusivo de la ciencia. “La verdad está en muchos ámbitos: en la vida cotidiana, en las artesanías, en la ciencia, en la filosofía, en la teología y también en la literatura”, afirmó.
El escritor reivindicó la capacidad de la literatura para iluminar zonas de realidad que a veces escapan a las ciencias sociales. Citó a José Saramago para ilustrar esa tensión: “Tras la desnudez de la verdad, el velo tenue de la fantasía, y tras la desnudez de la fantasía, el velo tenue de la verdad”, frase que, dijo, resume la manera en que ambos planos “se imbrican y se entremezclan”.
Tocqueville, redes sociales y un “despotismo suave”
En diálogo con el editor y ensayista Mario Jursich, director de la Revista Gaceta, García Villegas volvió sobre uno de los autores que atraviesan su obra: Alexis de Tocqueville. Recordó que el pensador francés, al observar la democracia norteamericana en el siglo XIX, anticipó “un despotismo suave” en el mundo contemporáneo.
“Tocqueville imaginaba un absolutismo que no iba a necesitar bayonetas ni pólvora, un despotismo que no iba a constreñir los cuerpos, sino a moldear y manipular la mente humana suavemente”, explicó. Para García Villegas, ese pronóstico se encarna hoy en el papel de las redes sociales y los algoritmos: “El tipo de absolutismo al que estamos abocados tiene mucho que ver con la manera como nos están dando la información y moldeando nuestra mente”.
En ese punto, sostuvo que novelas como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, captaron mejor que 1984 de Orwell la lógica del control contemporáneo, basada más en la seducción y el entretenimiento que en la represión abierta.
Sesgos cognitivos y humildad intelectual
El conversatorio derivó hacia los aportes de la psicología y la biología a la comprensión de la política actual. García Villegas relató su interés reciente por la revolución cognitiva y recordó que, contra la tradición aristotélica, “no somos animales racionales, sino sobre todo emocionales, que también tenemos una parte de racionalidad”.
Apoyado en autores como Daniel Kahneman, mencionó algunos sesgos cognitivos que, según él, alimentan la polarización y el dogmatismo. Entre ellos, el “sesgo de simplificación”, por el cual “a los seres humanos les interesa más una teoría simple, maniquea, así sea falsa, que una teoría compleja y verdadera”, y el “sesgo de confirmación”, que nos lleva a buscar información “para confirmar lo que ya creemos y no para encontrar la verdad”.
“Si algo necesitamos hoy es humildad cognitiva”, afirmó. La definió como la conciencia de que “nuestra razón es débil, vulnerable frente a las emociones” y que requiere autocrítica constante.
Conversar con quien piensa distinto
Frente a un auditorio que más adelante conectaría estas reflexiones con la coyuntura política nacional, el autor insistió en la conversación como antídoto frente al sectarismo. “Estamos en un mundo tribal lleno de casillas, donde lo que hay son cámaras de eco, donde la gente conversa consigo misma”, alertó.
Según García Villegas, ese encierro en grupos afines es “una receta para el dogmatismo”, porque “cuando uno conversa solo con los que piensan igual, tiende a radicalizarse para ser más visible, y eso produce radicalización”. Por eso reivindicó una vieja aspiración ilustrada: “Lo que hay que hacer es conversar entre gente que piensa distinto”.






