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“Dar la información salva vidas”: redes feministas se fortalecen en conversatorio durante Felva 2026

En la Casa de la Cultura, activistas del Caribe analizaron violencias de género, patriarcado digital y la urgencia de construir redes y masculinidades más justas.

Participantes del conversatorio “Relatos y feminismos del Caribe” durante Felva 2026, en la Casa de la Cultura de Valledupar. Foto: Said Armenta.

Participantes del conversatorio “Relatos y feminismos del Caribe” durante Felva 2026, en la Casa de la Cultura de Valledupar. Foto: Said Armenta.

Por: Periodista

@Katlin Navarro Luna

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En el marco de la Feria del Libro de Valledupar (Felva 2026), la Casa de la Cultura fue escenario del conversatorio “Relatos y feminismos del Caribe: una conversación urgente frente a las violencias, resistencias y masculinidades”, un diálogo que puso en primer plano las violencias basadas en género y los desafíos de las masculinidades en la región Caribe. El espacio contó con la participación de Mariana Orozco (La Creciente Colectivo Feminista), Angélica Arias Preciado (Red de Mujeres del Caribe), Vanessa García (Caribe Afirmativo) y Jeissy Sánchez (Juntanza Mujeres del Cesar), bajo la moderación del escritor Alonso Sánchez Baute.

Desde el inicio, Sánchez Baute subrayó el carácter urgente de la conversación y la necesidad de sacar estos debates del aula y llevarlos a escenarios públicos. Calificó el tema como “bastante álgido” y explicó que el objetivo era “analizar y mostrar” lo que está pasando alrededor del feminismo y las violencias de género en el Caribe colombiano.

El moderador también anunció que el diálogo privilegiaría un lenguaje cercano para facilitar la comprensión del público. “Trataremos de utilizar un lenguaje lo más parroquial posible, porque sabemos que es un tema que maneja su propio lenguaje”, precisó, al anticipar una conversación didáctica, abierta a preguntas del auditorio.

Patriarcado, machismo y misoginia como sistema

Uno de los ejes centrales del conversatorio fue la explicación del patriarcado como un sistema que articula machismo y misoginia. Las panelistas coincidieron en que no se trata de ideas aisladas, sino de estructuras interconectadas que “perpetúan la desigualdad de géneros y limitan el desarrollo integral de las mujeres, afectando de manera negativa a toda la sociedad”.

En esa línea, se planteó que el patriarcado fija reglas desiguales del “juego social”, donde una parte de la población –las mujeres y las personas sexo-género diversas– queda sistemáticamente por fuera de las mismas garantías y libertades.

Violencias de género como “pandemia”

Al abordar la gravedad del fenómeno, una de las invitadas describió las violencias contra las mujeres como “una pandemia en el sentido estricto de lo que significan para la vida y la dignidad de ellas, pero también para la humanidad”.

Recordó que estas violencias no son hechos aislados, sino prácticas sostenidas por relatos, códigos culturales y formas de lenguaje que reafirman una humanidad “marcada por la necropolítica”, es decir, por la primacía de la muerte y la deshumanización sobre el cuidado de la vida.

Ser mujer: más allá del determinismo biológico

Las voces feministas en el panel retomaron aportes clásicos para explicar la construcción social del género. “No se es mujer, se llega a serlo”, citaron, al señalar que la experiencia de ser mujer en el Gran Caribe y en el Gran Magdalena está atravesada por estereotipos, valores y roles asignados desde la infancia una vez se determina el sexo biológico.

Esto se traduce en restricciones al ejercicio de libertades básicas y en la naturalización de la subordinación en la familia, la educación, el trabajo y el acceso a los espacios de poder. Se recordó, por ejemplo, que en Colombia las mujeres solo acceden de forma generalizada a la educación superior desde mediados del siglo XX.

Diversidad de mujeres y violencias interseccionales

Otra de las líneas del conversatorio cuestionó la idea de una “mujer universal” en el Caribe. “Nuestro departamento y el Caribe colombiano están conformados por mujeres campesinas, negras, indígenas, lesbianas, trans, populares y disidentes”, se enfatizó, advirtiendo que reducir esa diversidad a un solo molde de mujer resulta “problemático y reduccionista”.

Desde esta perspectiva, las panelistas insistieron en la interseccionalidad como clave para entender que las violencias no atraviesan todos los cuerpos de la misma manera. Territorio, raza, clase, orientación sexual e identidad de género generan experiencias distintas tanto de agresión como de resistencia.

La “manósfera” y la radicalización misógina en internet

Un momento clave del conversatorio se dedicó a analizar las violencias digitales y las comunidades de hombres que se organizan en línea alrededor del odio a las mujeres. Se mencionaron los llamados “incel” –hombres que se autodefinen como célibes involuntarios– y figuras mediáticas cuestionadas por apología de la violencia de género.

“Internet ha permitido que estas ideologías y estos pensamientos se junten y se sientan validados por otros que piensan igual”, se señaló. Las panelistas explicaron el concepto de “manósfera” como ese ecosistema digital donde circulan consejos y estrategias para ejercer violencias, desde agresiones sexuales hasta prácticas de control extremo, documentadas en reportajes internacionales.

Grooming y normalización de la violencia en la cultura

Las participantes también abordaron el grooming –proceso de manipulación de menores por parte de adultos– como una forma de violencia sexual que hoy se visibiliza más, pero que ha estado presente desde hace décadas. Se pusieron como ejemplo casos recientes en el ámbito internacional y se recordó cómo, en telenovelas y productos culturales, se romantizaron relaciones claramente desiguales entre adultos y niñas o adolescentes.

“Eso también era grooming, aunque no tuviera ese nombre”, afirmaron, insistiendo en que estas prácticas han sido normalizadas por la cultura y apenas comienzan a nombrarse y cuestionarse desde el feminismo.

Sororidad, redes y pedagogía del cuidado

Frente a este panorama, las organizaciones presentes defendieron la sororidad como posición ética, política y feminista en contextos de urgencia. “Organizarse desde la sororidad implica dos cosas: creer e informar”, explicó una de las lideresas, al recordar que la reacción más común ante un caso de violencia sigue siendo la duda sobre el testimonio de la víctima.

“Dar la información salva la vida”, subrayó al señalar la importancia de decirle a la compañera dónde denunciar, a qué instituciones acudir y qué redes y espacios seguros existen. Las panelistas plantearon que sus procesos buscan “darle la vuelta” a la pedagogía de la crueldad y construir una “pedagogía del cuidado, de la memoria y de la defensa de la vida”.

Un movimiento en marcha y en disputa

Para cerrar, las panelistas recordaron que el feminismo ha sido “la revolución pacífica más importante” de la historia reciente, al reivindicar derechos sin recurrir a las armas. Sin embargo, advirtieron que los avances también enfrentan retrocesos, como decisiones judiciales y políticas que desdibujan figuras como el feminicidio en otros países.

“Es una apuesta histórica, política y filosófica, pero está en riesgo”, alertaron, al llamar a asumir el feminismo como un asunto de toda la sociedad y a tener en cuenta estos debates a la hora de decidir quién gobierna.

Temas tratados
  • Caribe Afirmativo
  • Cesar
  • Colectivo La Creciente
  • FELVA 2026
  • Juntanza de Mujeres del Cesar
  • valledupar

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