En el tercer día de la Feria del Libro de Valledupar, la analista internacional María Teresa Aya tomó el micrófono para desmenuzar cómo el mundo que conocíamos se está desmoronando, abriendo paso a un choque frontal entre tres potencias que ansían la gloria imperial del pasado.
Aya empezó contando que las reglas del juego establecidas después de la Segunda Guerra Mundial están caducando. El sistema avalado por las Naciones Unidas hace agua y las grandes potencias ya no disimulan sus intenciones. “Estamos a punto de cambiar todo otra vez y la gran pregunta es qué va a pasar con ese orden garantizado”, advirtió al inicio de su charla, para luego adentrarse en la estrategia de tres gigantes que buscan dominar el siglo XXI utilizando a las naciones más pequeñas como simples piezas de ajedrez.
El caso de Estados Unidos y MAGA
La mirada sobre Washington se centró en la figura del presidente Donald Trump y su visión transaccional del poder. Para la académica, el expresidente no se mueve por ideologías, sino por negocios y dominio absoluto.
“Trump es el presidente de los populismos, de todas esas hipérboles”, explicó, detallando que su famosa consigna Make America Great Again es, en realidad, un anhelo por regresar a los años posteriores a 1945, cuando el país norteamericano dictaba las reglas sociales, económicas y políticas del mundo libre.
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La estrategia estadounidense actual hacia América Latina es una versión endurecida de la histórica doctrina Monroe. Ya no se trata solo de alejar a potencias extranjeras, sino de asegurar recursos vitales. Aya fue enfática al señalar que el interés de Trump se resume en una premisa: “Son los recursos de la región, los necesito yo y son para mi propio bien“. Aquí entran en juego los minerales críticos y las tierras raras, elementos indispensables para la tecnología y la defensa en la era moderna.
Para someter a sus adversarios en la región, como Venezuela o Cuba, Estados Unidos construye lo que la analista definió como escaleras estratégicas. Pasos calculados que van desde sanciones económicas hasta acusaciones de narcoterrorismo, buscando acorralar a los gobiernos. “La única manera de sobrevivir es llevar a mi enemigo al punto en que ya no le quede sino la opción de tirarse al piso a negociar conmigo”, detalló Aya, resumiendo la filosofía del magnate estadounidense.
La ruta de China hacia 2049
Si Estados Unidos busca un sometimiento rápido, Pekín juega con el reloj a su favor. La ambición de China es monumental y tiene una fecha límite clara: el año 2049, centenario de su revolución. Para ese momento, buscan el rejuvenecimiento de la nación, lo que en la práctica significa recuperar la hegemonía absoluta que perdieron en el siglo XIX tras las Guerras del Opio.
El arma principal de esta expansión no son los misiles, sino la billetera. A través de la Franja y la Ruta de la Seda, China está financiando infraestructura vital en África y América Latina a cambio de acceso irrestricto a recursos naturales. “China procesa el 94% de estos minerales críticos en el mundo para su propio beneficio”, alertó la conferencista.
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Este avance silencioso pero constante le ha permitido a Pekín ganar terreno en el patio trasero de Estados Unidos. Aya invitó a observar cómo el mapa de la inversión extranjera en América Latina pasó de ser casi totalmente estadounidense a principios de siglo, a teñirse de rojo chino en la actualidad.
A esto se suma el fortalecimiento del bloque de los BRICS, que nació como un foro económico y mutó hacia un contrapeso político real frente a las instituciones financieras occidentales, sumando recientemente a países estratégicos para acorralar la influencia de Washington. “Quieren volver a ser ese imperio, pero ya no para la mitad del mundo, sino para todo el mundo”, sentenció.
El peso de los rusos y el zar moderno
El tercer vértice de este choque imperial es Rusia, impulsada por una necesidad histórica de recuperar su zona de influencia y lavar la cara tras la caída de la Unión Soviética. El análisis de Aya sobre las decisiones de Vladimir Putin se aleja de la coyuntura reciente y retrocede más de mil años, recordando que el origen mismo de la nación rusa se encuentra en Kiev.
Para el gobierno de Moscú, ceder control sobre sus países vecinos es inaceptable. “Rusia no puede existir como imperio sin Ucrania”, apuntó la analista, explicando que la visión de Putin es la de un zar contemporáneo que siente el deber moral y político de reagrupar los territorios perdidos.
Desde su ascenso al poder a finales de los años noventa, con la guerra de Chechenia como telón de fondo, Putin ha construido una narrativa de fuerza. Su objetivo, según relató Aya en el auditorio, es claro: “Tiene que parar la humillación y volver a ser un gran imperio”.
La conclusión de la jornada dejó un sabor de advertencia para el resto del planeta. “Están utilizando a países como Venezuela, Cuba y Ucrania como trampolines… y China absolutamente utilizará a Taiwán“. Por eso, agregó, parece resurgir la ideología imperialista de que el más fuerte se apodera del más débil.






