Probablemente sea la primera vez que escuche el término paradiplomacia y debo decirle que no tiene nada que ver con paramilitarismo, absolutamente nada. Solo comparten el prefijo “para-”, cuyo propósito es enunciar que es paralelo a algo. En este caso, paralelo a la diplomacia que ejerce el Estado desde su Ministerio de Relaciones Exteriores, por ejemplo.
De acuerdo con el profesor e investigador mexicano Zidane Zeraoui: “La paradiplomacia es así una nueva tendencia donde los sub-gobiernos, o más bien, según cómo cada gobierno llame a sus entidades federativas, provincias, departamentos o regiones, toman acciones autónomas en cuestión de política internacional. Básicamente las entidades buscan una vinculación externa para mejorar su desarrollo u obtener un beneficio local, entre otros objetivos, sin miras al resto del país”.
En ese sentido, la paradiplomacia son las acciones formales e informales que realizan actores no estatales. Dependiendo del enfoque teórico, se limita a los actores subnacionales –para Colombia municipios y departamentos– o incluye a empresas, universidades y organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil.
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Con este concepto claro y entrando en materia con el objeto de estudio, que es Valledupar, es importante también definir qué es la diplomacia de las ciudades. Raffaele Marchetti sostiene que se “entiende como la combinación de instituciones y prácticas que permiten a los centros urbanos entablar relaciones con una tercera parte –un Estado o un actor no estatal– más allá de sus fronteras, con el objetivo de perseguir sus intereses”.
Pero, ¿qué relación hay entre la diplomacia de ciudades y la paradiplomacia? Sencillo: la primera es una subcategoría de la segunda, es decir, hace referencia a las acciones en el exterior de las ciudades específicamente. En línea con lo anterior, como la serie de columnas “Brújula de los cuatro aires” se enfoca en la capital del Cesar, entonces se hará referencia en particular al concepto de diplomacia de ciudades.
Para aterrizar la teoría en un ejemplo concreto, vale la pena citar el caso de nuestra ciudad, que junto a los departamentos del Atlántico y La Guajira presentó su marca turística en el evento FITUR 2026 en Madrid, con el objetivo de proyectarse internacionalmente alrededor del turismo. Así, para la capital vallenata, estas acciones en el exterior a través de la alcaldía se vinculan a los planes del municipio, en este caso con el de convertirse en una “ciudad de eventos”.
Expuestas las definiciones, es importante anotar que, aunque es reciente el estudio de las acciones en el exterior por parte de las ciudades, su práctica es tan antigua como las ciudades-Estado de Atenas, Roma, Venecia, Troya, El Cairo o Chengdú. Se le atribuye al sistema westfaliano de 1648 que los Estados-nación, tal y como se conocen en la actualidad, hayan tomado el papel protagonista del sistema internacional y de los estudios (Estado-céntricos) que se hacen sobre este desde las Relaciones Internacionales.
Hoy el sistema internacional debería leerse desde una perspectiva multinivel (subnacional, nacional e internacional), multisectorial (seguridad, economía, medio ambiente, etc.) y con actores más allá de los Estados (municipios, ONG, empresas, individuos, etc.). Esta idea toma mayor fuerza cuando se piensa en el ejercicio de la gobernanza global sobre problemas asociados al medio ambiente o la migración, donde dos ciudades de un mismo país enfrentan sensibilidades distintas al mismo problema. Por lo tanto, las acciones que se articulen deben tener en cuenta las diferencias y desarrollarse en conjunto con quienes son directamente afectados, para generar un impacto real.
Dándole la vuelta al ejemplo anterior, son los mismos municipios que conocen sus necesidades los que deben tener un liderazgo activo para gestionarlas y articularse con otros actores dentro y fuera de su país, aún más cuando sus problemas –u oportunidades– necesitan de respuestas globales. Seguir pensando las relaciones internacionales exclusivamente desde el nivel nacional no solo resulta insuficiente, sino nocivo. Las ciudades, Valledupar incluida, no deberían ser espectadoras de lo que ocurre en el mundo, sino parte activa de él.
Nota: La próxima columna de “Brújula de los cuatro aires” será sobre el estado de la diplomacia de ciudades en el mundo, para tener una perspectiva de cuán importante es esta para las ciudades en la actualidad.
Por: Sebastian Manotas Garrido, Internacionalista con énfasis en política internacional y diplomacia. sebastianmanotas@uninorte.edu.co











