Meter a Chiriguaná en la Ley 550 para hacerla viable financieramente es un buen inicio para atajar la corrupción, pero no es la solución holística o integral, de lo que ha sido una experiencia catastrófica derivada de la explotación del carbón, ley de saneamiento que le evitó a Valledupar descategorizarse y le permitió oxigenarse, porque hasta por unos pasteles fue embargado el municipio.
Dan cuenta que la minería le quitó 90 mil hectáreas a la agricultura y 60 mil de espejo de agua a la Ciénaga de Zapatosa, lo que es supremamente grave, desapareciendo la vocación agrícola y piscícola e inocultable la desviación de ríos y la destrucción del corazón acuífero del Cesar, pero ignoramos los dictados de la ONU: Salvar la creación y escuchar el grito de la tierra, sin meditar que la mayor responsabilidad del hombre consiste en asegurarle el futuro a su próxima generación.
Sobre el particular ha sido muy acucioso Hernando Fragozo, un ingeniero agrónomo que piensa como economista, consumado devorador de libros, y por eso la tiene clara en cualquier tema. Lo recuerdo hablando de externalidades negativas que ayer u hoy resuenan en medio de consignas de vida. La externalidad negativa impone un costo indirecto, como la contaminación de Drummond y Cerrejón que afectan la salud y el medio ambiente de las comunidades circundantes.






