Las recientes revelaciones de la exdirectora del Dapre, Angie Rodríguez, confirman lo que era un secreto a voces: Juliana Guerrero, oriunda de Codazzi, Cesar, es la que manda en el Palacio de Nariño. A simple vista, sería algo importante para el departamento que una joven de origen vulnerable lograra lo que ningún dirigente del Cesar en la historia había logrado. Sin embargo, es al contrario; es una vergüenza para el Cesar porque todo ha sido una cadena de desaciertos mezclados con casos de corrupción y hasta relaciones amorosas.
Juliana era una chica común y corriente que se desplazaba desde Codazzi en carrito por puestos. En Valledupar, vivía en un barrio cerca de la lampistería del aeropuerto Alfonso López. Cuando ingresó a la UPC, se movía en mototaxi, pero rápidamente fue cambiando. Se dio cuenta de que el estudio no era para ella. En la sede Sabanas, se relacionó con el cuestionado exdecano René Hernández, con quien armó el afamado círculo de fuego y clímax, donde hacían fiestas de todo tipo y de alto calibre.
Pero es en la campaña de Petro Presidente 2022 donde da su gran salto a la fama; era repartidora de volantes en la campaña y, en Valledupar, conoció a Daniel Rojas Medellín, a quien le decía con ternura “Rojitas”. Eso le sirvió, después del triunfo de Petro, para ingresar al empalme, luego a la Casa de Nariño y al Ministerio del Interior, donde conoció a otro de sus mentores, Armando Benedetti, ahí, la ambición de Juliana creció de una forma desmesurada. Se movía en la zona T de Bogotá y andaba en un vehículo Mini Cooper de alta gama, con un claro objetivo: acumular dinero y poder. Es ahí cuando el presidente la presenta en un consejo de ministros ante el país como la “niña rebelde”. Enseguida, todos los reflectores se posaron sobre ella y, con el tiempo, organizó una tramoya con su jefe, Armando Benedetti, para hacerle el cajón a otra cuestionada y poderosa, Laura Sarabia.
Entre los objetivos claros de Juliana estaba controlar la Universidad Popular del Cesar como un reto personal, y es ahí donde se desata el primer escándalo, con los viajes en avión y en helicóptero junto a su hermana Verónica para una asamblea de la universidad en Aguachica. De viajar en carrito por puestos de Codazzi a Valledupar, pasó a volar en helicóptero de Valledupar a Aguachica.
Por esos días, el escándalo coincide con la sigilosa llegada de Alfredo Saade como jefe de despacho. A Juliana esto la toma por sorpresa, pero su archienemigo Saade aprovecha el escándalo del avión y logra sacarla de Palacio. Sin embargo, solo pasaron dos meses para que Saade también saliera por sus locuras y sus expresiones con poca empatía. Entonces, Juliana de nuevo asume las riendas del poder con la autorización del presidente Gustavo Petro, y es cuando surge su candidatura como viceministra de la Juventud en el Ministerio de la Igualdad. Ahí, Juliana muestra su poder y saca a la vicepresidenta Francia, que se mostró muy incómoda, pero no podían hacer nada. Rápidamente se destapa que Juliana presentó un título falso de la Universidad San José y ni siquiera hizo la prueba del Icfes. Cualquiera podría pensar que sería su final con una imputación de cargos por parte de la Fiscalía.
Pero qué va, siguió actuando como representante del gobierno en la UPC y ahora peor, unida íntimamente con Alfredo Ape Cuello y aliada del senador Didier Lobo, dos de los congresistas con peor imagen y más cuestionados del país, para apropiarse de la universidad en complicidad con el sector saliente de Robert Romero. Todos se vieron juntos en una sesión en La Jagua de Ibirico celebrando. Pero a Juliana le faltaba un eslabón para consolidar su poder: sacar a Angie Rodríguez, directora del DAPRE, y por fin lo logró, como lo aseguró la misma Rodríguez en recientes declaraciones, donde afirma que la cesarense ha logrado un poder descomunal con la bendición del presidente Gustavo Petro, que la protege debido a una relación amorosa que el presidente negó, pero que Angie Rodríguez, al ser consultada, dejó entrever que es cierto.
Hoy, Juliana maneja el Ministerio de la Igualdad, el Fondo Colombia en Paz, el Dapre y la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad. Y, como si faltara poco, también, según reveló Angie Rodríguez, tiene cercanía con el ELN, lo que le da un poder descomunal de intimidación. Con razón, todos en Palacio le tienen miedo. Además, anda en dos camionetas con seis escoltas, como si fuera la primera dama, y ni siquiera es funcionaria pública. Su hermana, Verónica Guerrero, articula todo desde fuera y su cuñado, Obar David Redondo, es jefe de despacho del Fondo Colombia en Paz, donde se articula una red de más de 40 funcionarios.
La plana en corrupción que ha dejado esta cesarense en los círculos más altos del poder no tiene precedentes. Así como en otras ocasiones sentíamos que el Cesar estaba bien representado, esta vez tenemos que reconocer que la representación cesarense en el gobierno del Cambio fue un festival de corrupción liderado por Juliana Guerrero y otros funcionarios que el 7 de agosto saldrán por la puerta de atrás de la historia.


