COLUMNA

Hay elecciones que cambian gobiernos, y hay elecciones que cambian el rumbo de un país

Esta no es una invitación a la imposición de una corriente política ni a la repetición de consignas. Es un llamado a la reflexión.

web-Jaime Andres Curvelo Fernández-

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Me atrevo a decir que Colombia pocas veces ha enfrentado una decisión tan trascendental como la que se avecina. Estas elecciones no son una más en el calendario político: en ellas se pone a prueba la fortaleza de nuestra democracia, la solidez de nuestras instituciones, el futuro de nuestra economía, del empleo y de millones de familias.

No se trata únicamente de una disputa entre ideologías. Lo que está en juego es algo más profundo, en este caso decidir si Colombia continúa por un camino de construcción institucional o si opta por un modelo que, en otros países, ha terminado debilitando la democracia, y deteriorando la economía. Los casos de Cuba y Venezuela no son simples referencias retóricas, sino ejemplos concretos de cómo proyectos políticos que prometían transformación derivaron en crisis que parecen no tener fin y en el éxodo de millones de ciudadanos.

En este contexto, cobra relevancia el liderazgo de la izquierda colombiana. Más allá de sus propuestas actuales, es inevitable no cuestionar los referentes políticos que han influido su visión. Las afinidades, los discursos y las posturas frente a modelos como los de Fidel Castro, Hugo Chávez o Nicolás Maduro generan interrogantes que no pueden ser ignorados en un debate democrático serio.

A esto se suman las amistades con miembros de grupos al margen de la ley. La paz es un anhelo nacional incuestionable; sin embargo, también es válido exigir coherencia en lo que respecta a los vínculos con estos actores armados, al acercamiento a excombatientes y al cumplimiento de los acuerdos. Los episodios relacionados con la Segunda Marquetalia y las reincidencias evidencian que este proceso sigue abierto y que sus decisiones tienen consecuencias reales para la seguridad del país.

Esta no es una invitación a la imposición de una corriente política ni a la repetición de consignas. Es un llamado a la reflexión. A entender que el voto no es un acto simbólico, sino una decisión con efectos concretos sobre el presente y el futuro de Colombia.

El país que dejemos a las próximas generaciones dependerá, en gran medida, de la claridad con la que asumamos este momento. Colombia no puede darse el lujo de equivocarse.

Por Jaime Andres Curvelo Fernández-

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