EL VALLENATO

Homenaje al Binomio de Oro

Es, en realidad, un acto de justicia cultural. Es reconocer que, así como los deportistas representan al país en escenarios internacionales, nuestros artistas han sido —y siguen siendo— embajadores del alma colombiana.

Homenaje al Binomio de Oro

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Sea lo primero felicitar a la Fundación del Festival Vallenato por rendir homenaje, en el próximo Festival, al Binomio de Oro, organización musical vallenata que ha dejado en alto el nombre del folclor vallenato y de Colombia. En ese sentido, me he visto motivado a escribir el presente artículo, toda vez que Israel y Rafael (q. e. p. d.) merecen el reconocimiento del pueblo colombiano, ya que los artistas, al igual que los deportistas en general, son nuestros verdaderos embajadores ante el mundo.

Una anécdota que siempre recuerdo es cuando me encontraba realizando mis estudios de Derecho en mi adorada Universidad del Atlántico y un amigo, con varios socios, realizó un baile en la caseta denominada La Saporrita. El día del baile cayó un fuerte aguacero y mi amigo, junto con sus socios, se encontraba preocupado por la pérdida de su inversión económica; pero, al escampar, se presentaron Israel y Rafael con su acostumbrada y peculiar elegancia, y el animador anunció su presencia. A la media hora de haber escampado, la caseta, después de encontrarse sin ninguna persona, estaba totalmente llena. Recuerdo hoy que la primera canción interpretada fue “Sombra perdida”, de la compositora Rita Fernández.

Ese episodio resume la magia del vallenato: su capacidad de convocar, emocionar y transformar. La música del Binomio de Oro y la vallenata clásica en general no solo narra historias, sino que despierta sentimientos profundos: el amor, la nostalgia, la alegría y la tristeza. En las canciones vallenatas se siente la creciente de los ríos, la brisa cálida del Caribe y el palpitar de un corazón enamorado, lo mismo el concepto natural de la amistad, etc. El vallenato, y en particular la obra del Binomio de Oro, no es solo música: es memoria colectiva, es poesía, tiene mucha esencia filosófica, es identidad cultural, es sentimiento puro. Es la expresión de un pueblo que canta sus alegrías y sus penas con la misma intensidad.

En un país donde el folclor es memoria, el vallenato ha sido vehículo de historias, amores y nostalgias. Y en ese universo, figuras como Israel Romero y Rafael Orozco lograron lo que pocos artistas alcanzan: convertir lo cotidiano en poesía y lo íntimo en patrimonio colectivo. Su música no solo cruzó fronteras, sino que se instaló en la vida de varias generaciones. En tiempos donde lo efímero parece imponerse, resulta pertinente reivindicar propuestas artísticas que perduran. El Binomio de Oro no solo marcó una época; ayudó a definir lo que somos como nación en términos culturales. Su música sigue sonando en parrandas, celebraciones y silencios íntimos, recordándonos que el vallenato es, ante todo, una forma de sentir.

Por eso, este homenaje no debe entenderse como un simple acto protocolario. Es, en realidad, un acto de justicia cultural. Es reconocer que, así como los deportistas representan al país en escenarios internacionales, nuestros artistas han sido —y siguen siendo— embajadores del alma colombiana.

Expuesto lo anterior, quiero manifestar, con todo el sentimiento y el lirismo que caracteriza la música del Binomio de Oro, y al pensar en una mujer linda y en el transitar en el camino, hay momentos de tristeza y alegría, “Llegó la creciente” a las aguas cristalinas del precioso río y vi “Por lo alto” que estaba enamorado por siempre, y ahí comprendí “Lo bonito que es el amor” de una barranquillera. Pido a Dios “De rodillas” poder siempre escuchar la canción en medio de “La sombra perdida” y decirte, con bellas palabras y toda sutileza en forma de versos, y transmitirte el mensaje de “Dime, pajarito”, toda vez que soy “Solo para ti”, y gozar “Momentos de amor”, ya que tú me “Aceptas como soy” en medio de “Relicarios de besos”, bajo la sombra del árbol “de higuerón”, en medio de una parranda vallenata.

Seguiré “penando por cosas bonitas como tú”, y así lo siente mi corazón, que le “da un pataleo” al pensar en ti, pero que al fin y al cabo me haces sentir como “un rey”, porque tu presencia y el sentir el olor de tu dermis de mujer hermosa me da “La gustadera” que mi alma necesita, ya que realmente “Reconozco que te amo”, debido a que “mujeres como tú” son la reina de mis quereres. Me da gusto escuchar las “campanas” de la iglesia; en medio del silencio siento ese amor profundo, y se percibe la “Despedida de verano”, porque en el “Mundo de ilusiones” me imagino verte con “tu lindo copete”, y siento que me da el “dengue por tu amor” y me provoca hacer una “parranda hasta el amanecer”.

Finalmente, quiero decirte que te quiero como “a mi novia y a mi pueblo”, hoy hago “un juramento” de siempre quererte, porque “eres mi favorita” desde que eras una “colegiala” y te convertiste en toda una ilusión. “Te seguiré queriendo” donde quiera que vayas y seguiré “enamorado de ti”, y en lo posible trataré de asistir a las fiestas donde oiga y pueda bailar “el cha-cun-chá”, así haya pasado una “pesadilla de amor”, pero igualmente disfrutaré con “La candelosa”, y estoy seguro de que nuestro amor algún día volverá.

Por: Edgardo José Maestre Sánchez

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