En el universo del folclor vallenato, suele confundirse el término acordeonista con la denominación de acordeonero, como si fueran sinónimos. Sin embargo, la diferencia es clara y significativa. La partida hacia otro plano de mayor luz del último acordeonista que también fue acordeonero nos brinda la oportunidad de aclarar esta discusión cultural.
La noche del 5 de junio de 2026, el folclor vallenato perdió a uno de sus guardianes más singulares. Con él se apagó no solo la música de un acordeón, sino también el secreto de su respiración interna, el misterio de sus fuelles y botones. Murió Ovidio Enrique Granados Melo, el hombre que fue al mismo tiempo acordeonista y acordeonero, conocido por todos como “El Viejo Villo”.
Nació en corregimiento de Mariangola, en el municipio de Valledupar, tierra de cantos y memorias, donde aprendió a tocar el acordeón bajo la guía de su abuelo Juanchito Granados. Desde niño, sus manos se acostumbraron tanto a deslizar melodías como a desarmar mecanismos, como si el destino le hubiera confiado la doble misión de interpretar y preservar el alma del instrumento.






