CESAR

El alemán Alfinger fue el verdadero descubridor del Cesar

“Es falso que Alfinger asesinó al cacique Upar”, dice el autor Juan Carlos Quintero en una extensa investigación que se publica en versión resumida y periodística, sin alusión a las fuentes consultadas, que demuestra cómo la expedición alemana del gobernador de Venezuela, Ambrosio Alfinger, fue la descubridora del amplio Valle de Upar y la razón por la que falló en su misión.

Hace cinco siglos, el alemán recorrió de norte a sur el territorio que hoy corresponde al departamento del Cesar.

Hace cinco siglos, el alemán recorrió de norte a sur el territorio que hoy corresponde al departamento del Cesar.

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“Es falso que Alfinger asesinó al cacique Upar”, dice el autor Juan Carlos Quintero en una extensa investigación que se publica en versión resumida y periodística. El texto demuestra cómo la expedición alemana del gobernador de Venezuela, Ambrosio Alfinger, fue la descubridora del amplio Valle de Upar y la razón por la que falló en su misión. Hace cinco siglos, el alemán recorrió de norte a sur el territorio que hoy corresponde al departamento del Cesar. Fue una de las expediciones más prolongadas, dramáticas y menos comprendidas del primer ciclo de la conquista en el norte de Suramérica. Nacido en Ulm en 1500, fue un empleado al servicio de la poderosa Casa Welser de Augsburgo.

Alfinger llegó al Nuevo Mundo como parte de un experimento político-financiero singular: la concesión de la provincia de Venezuela a banqueros alemanes. Estos habían financiado la elección imperial de Carlos I de España como el Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico. La Capitulación de 1528 otorgaba a los Welser derechos amplísimos para explorar, fundar ciudades y explotar minas. La empresa no era meramente militar, sino económica, pues debía producir oro. El territorio concedido, llamado Klein Venedig, era una abstracción geográfica de costas desconocidas y fronteras inciertas.

En junio de 1531, Alfinger partió de Coro con 40 jinetes y 130 hombres de a pie. Era una fuerza insuficiente para dominar vastas extensiones, pero considerable para la época. Escaló en Maracaibo y el 1 de septiembre inició la penetración hacia occidente y suroccidente. No lo acompañaban mujeres ni sacerdotes, pues no era una expedición pobladora sino una entrada de exploración armada. Llevaban ballestas, arcabuces, espadas, caballos y brújula, constituyendo la pólvora y la caballería su ventaja tecnológica.

Lo acompañaban el paisano Casamyre Nuremberg como capitán de caballería y Pedro de San Martín como veedor del rey. También estaban su hermano Francisco, Iñigo de Vasconia y el maestre de campo Esteban Martín, quien funcionaba como intérprete. El relato de este último, conservado en el Archivo General de Indias, permite reconstruir con precisión su trayecto. Sus notas fueron reproducidas por Nectario María y copiadas por Gonzalo Fernández de Oviedo. Este material es fundamental para entender las circunstancias de la expedición alemana por el territorio cesarense.

Desde Maracaibo avanzaron quince leguas en plano y quince en sierra, bordeando la serranía de Perijá. La geografía imponía dificultad constante con calor extremo, espesuras boscosas y ríos de caudal variable. Encontraron diversos pueblos indígenas, revelando que el territorio era un mosaico de sociedades con redes propias de comercio. Entre ellos se hallaban los coanaos, buredes, bugures, tupes y chimilas. Este complejo panorama étnico habitaba el territorio general de Los Pocabuyes.

Los indígenas mostraban prevención debido a los abusos cometidos anteriormente por los cristianos de Santa Marta. Esa memoria reciente condicionaba el trato con la expedición de Alfinger. Pedro de Lerma y el conquistador Vadillo habían tocado antes el río Cesar en reconocimientos rápidos. Alfinger exigía obediencia formal al rey castellano mientras Esteban Martín intentaba negociar con los locales. Hubo momentos de paz y trueque, pero también episodios de abierta hostilidad.

En enero de 1532, Alfinger envió a Iñigo de Vasconia hacia Maracaibo para transportar el oro y buscar refuerzos. La expedición continuó hacia el sur siguiendo el curso del río Xixiri o Zetsarí, hoy conocido como río Cesar. Era un cauce de meandros pronunciados con variaciones estacionales que afectaban su navegabilidad. Avanzaban preferentemente por la margen derecha para reducir los riesgos de sufrir emboscadas indígenas. Las aldeas eran pequeñas y estaban organizadas en torno a la agricultura de maíz, yuca y ahuyama.

No existía ganado europeo y la fauna disponible incluía venados, zainos y abundante pesca. Los caballos impresionaban profundamente a los indígenas por su tamaño y velocidad. La marcha era lenta, avanzando apenas unas pocas leguas cada semana por el Valle de Upar. Conforme descendían hacia el sur, aumentaban los indicios sobre la existencia de oro. Llegaron a la zona de Tamara, cerca de la amplia ciénaga de Zapatosa, con más de mil bohíos.

Allí permanecieron dos meses y medio en un centro poblado significativo situado en zona alta. En ese punto, el río Cesar desembocaba en el Yuma, el gran río Magdalena. Los indígenas ofrecieron al gobernador libras de oro fino y describieron regiones aún más ricas. Mencionaron lugares como Simití y Coyandin, ubicados al otro lado del gran cauce hídrico. Sin embargo, la imposibilidad de cruzar el Magdalena en condiciones seguras frustró ese ambicioso objetivo.

Los esteros, las crecientes y la falta de barcos impidieron el avance hacia el sur de Bolívar. Por ello, Alfinger envió a Esteban Martín a Coro en busca de carpinteros y suministros. Aunque Martín regresó con 82 personas adicionales, no fue posible vadear el río. Reanudaron la marcha al sur por la margen derecha, pero la situación comenzó a deteriorarse. El fracaso en los intentos de cruce representó la gran desilusión para el gobernador Ambrosio Alfinger.

Decidieron girar hacia el oriente, ascendiendo hacia las tierras altas de Norte de Santander. La retirada se transformó en tragedia por el frío de los páramos y el hambre prolongada. Comieron carne de caballo, perros y hasta cueros asados para intentar sobrevivir al trayecto. Ocho cristianos murieron de frío en un solo episodio, incluyendo al capitán Casamyre. Se abandonaron cadenas y municiones ante la falta de personal para realizar el transporte de carga.

Las guasábaras o asaltos indígenas eran constantes, sorpresivos y seguidos de una retirada rápida. La ventaja militar se erosionaba por el agotamiento y la falta de sal y alimentos. Tras cruzar el páramo de Santurbán, descendieron hacia el valle de Chinácota. Allí los chitareros lanzaron ataques decisivos con flechas envenenadas y macanas contra los españoles. Esteban Martín fue herido y el gobernador Alfinger recibió un golpe mortal en la garganta.

Murió el 1 de junio de 1533 y Pedro de San Martín asumió el mando de la retirada. Algunos historiadores vallenatos aseguraron sin rigor que Alfinger fue asesinado por Francisco el Vallenato. Los sobrevivientes alcanzaron Maracaibo y regresaron finalmente a Coro en noviembre de 1533. El tránsito dejó más de un centenar de muertos, en su mayoría indígenas de apoyo. Posteriormente se construyó una leyenda negra sobre la crueldad de Alfinger en el Valle de Upar.

La supervivencia de grupos como los tupes y chimilas indica que no hubo un exterminio total. La supuesta muerte del cacique Upar carece de respaldo documental verificable en los archivos históricos. La ausencia de clérigos en la expedición alimentó sospechas en el contexto de la Reforma luterana. Bartolomé de las Casas y otros cronistas repitieron señalamientos contra la casa alemana sin crítica alguna. En 1546 la Capitulación fue revocada por incumplimientos en la evangelización y fundaciones.

La figura de Alfinger quedó atrapada entre la lógica mercantil y la narrativa colonizadora española. Recientemente, sus restos fueron llevados por colonias alemanas para representar su sello en Venezuela. Alfinger fue el verdadero descubridor del Cesar, alcanzando la ciénaga de Zapatosa y el río Magdalena. Recibió noticias sobre regiones auríferas que siglos después serían corroboradas por otros exploradores. Su muerte en retirada dejó una huella histórica compleja donde se entrelazan la ambición y la leyenda.

Temas tratados
  • Ambrosio Alfinger
  • Arqueología histórica.
  • historia del Cesar
  • Juan Carlos Quintero
  • Río Cesar
  • valle de upar

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