OPINIÓN

El temible Blas Mojica (Blasito)

La historia de Blasito, temido asaltante de Los Venados, revive una leyenda de crimen, superstición y justicia en la tradición oral del Cesar.

Relato de Blasito, el bandolero que sembró temor en los caminos del Cesar. FOTO: generada por IA

Relato de Blasito, el bandolero que sembró temor en los caminos del Cesar. FOTO: generada por IA

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Es poco lo que pude averiguar sobre este personaje terror de los viajeros y vergüenza de su familia.
Era hijo de don Blas Mojica un honesto y trabajador ganadero de la región de Los Venados. Blasito se dedicó a asaltar a los viajeros y a los agentes del resguardo, se decía que tenía pacto diabólico con el Rey de las tinieblas, ya que no había candado que no abriera ni puerta que lo mantuviera encerrado, se escabullía misteriosamente sin explicación ninguna para las autoridades.

El día del crimen esperaba al correo Juan Muñoz, sabía que en sus alforjas venían cartas que contenían dineros camuflados entre su papeles escritos, también encomiendas de valor que Juan trasportaba como correo. Algo sucedió que truncaron los planes de Blasito para asesinar y después robar al correo Juan Muñóz: Unos agentes del resguardo que se encontraban celebrando la incautación de un contrabando de chirrinchi cerca de la finca Andalucía, propiedad de don Rafael Maestre Díaz, retuvieron al músico unos dos kilómetros atrás de donde se encontraba Blasito al acecho para que les tocara su parranda hasta el amanecer. Suerte que no corrió el comerciante patillalero de mochilas y cuero de chivo, Goyito Molina; la noche anterior había llovido fuerte así que el suelo estaba mojado, lo que le permitió al inspector de policía de Los Venados capturar al culpable.

Sus huellas quedaron impresas en el piso. Molina estaba muerto y sus alforjas abiertas y saqueadas, así lo encontraron los agentes del resguardo y Juan Muñoz cuando llegaron al sitio del crimen. Por eso, cuando el inspector tuvo conocimiento del hecho, se trasladó al lugar de los acontecimientos, conocedor de las actividades delictivas de Blasito; se dirigió a Camperucho donde se celebraba una fiesta, allí lo encontró borracho y enamorado de una joven del lugar a quien le había regalado un anillo que le quitó a su víctima. De modo que fue capturado y llevado al sitio del crimen; el inspector obligó al capturado a pisar las huellas marcadas en el piso mojado y su pie calzaba exactamente. Esta fue la prueba reina para capturarlo y trasladarlo a Santa Marta donde fue recluido en la penitenciaría de las 14 ventanas. De donde se escapó y más nunca se supo de su existencia.

En una ocasión, hablando con la centenaria Celedonia Mejía, me contó que en un viaje que hizo a Aguachica se lo encontró; ya era un hombre viejo y decaído por los años. Sin embargo, le preguntó por la gente de su pueblo, estaba arrepentido de todo lo que había hecho, pero le rogó a su paisana que no revelara su paradero.

Gracias a los agentes de resguardo, Juan Muñoz se salvó de una muerte segura en manos de Blasito.
“Estoy vivo y no lo creo,/ me parece que es mentira;/ estos viajes de correo /van a acabar con mi vida.
Pobrecito Juan Muñoz/ Juan Muñoz es el pobrecito; /cómo me he salvado yo/de las manos de Blasito”.

Por: Nondo Mestre

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