Tenemos el privilegio de estar rodeados por dos importantes formaciones geográficas: la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, de donde brotan numerosos ríos y arroyos que fertilizan nuestros valles y permiten que la vida sea posible, así como el desarrollo de diversas actividades económicas, culturales y sociales.
El río Guatapurí nace en las cumbres de la Sierra Nevada, en la laguna Curigua, y es la principal fuente de abastecimiento de agua para Valledupar. Además de constituir el paisaje más representativo de la ciudad, actualmente enfrenta serios impactos derivados de la acción humana, al haberse convertido en un depósito de residuos de todo tipo que deterioran su calidad y lo contaminan.
Si se construyera el Ecoparque Lineal, en cumplimiento del artículo 169 del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Valledupar, su destino podría ser diferente. Sin embargo, han optado por impulsar la construcción de la Avenida del Río, un proyecto que contempla construir seis puentes sobre el Guatapurí. Esta obra, además de no estar contemplada en el POT, carece de estudios ambientales y licencia ambiental, por encontrarse en zona de protección.
Lo más grave es que contradice lo dispuesto en el Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca Hidrográfica (POMCA) del río Guatapurí, una norma de mayor jerarquía. Asimismo, no respeta el acotamiento de la ronda hídrica ni los estudios del abanico aluvial realizados por Ingeominas. ¿Se habrá considerado la Consulta Previa con los pueblos indígenas?
Aún más preocupante resulta que, pese a que el 26 de septiembre de 2022 el Tribunal Administrativo del Cesar falló una Acción Popular en favor de la protección, conservación y restauración del río, no se evidencia que las entidades responsables hayan tomado acción alguna para hacer cumplir la sentencia.
En la otra orilla está el río Cesar, que agoniza bajo el peso de las aguas residuales de Valledupar, que lo asfixian. Su contaminación se extiende hasta la ciénaga de Zapatosa, afectando la pesca, actividad de sustento para muchas comunidades. El río muere lentamente, como muere un amor, y los juglares pronto no tendrán a quién cantarle. Actualmente, no existen acciones afirmativas para su salvaguardia.
A medida que recorremos el departamento, encontramos más ríos en estado crítico. Sus principales amenazas son la minería legal e ilegal, la deforestación, los vertimientos de residuos sólidos y líquidos, la sobreexplotación agropecuaria y la falta de educación ambiental. La lista es extensa.
Los jueces ordenan su protección. Las autoridades municipales, departamentales y ambientales hacen oídos sordos. Las comunidades, cada vez más indiferentes. Y los entes de control, en silencio. Es hora de mirar nuestros ríos.
Por: Catalina Cabrales Durán.






