Por: Alfredo José García, Betan / @dimebetan
El pasado lunes primero de junio la Selección Colombia se despidió de su afición en Bogotá antes de partir a Norteamérica para el Mundial 2026. Sin embargo, la fiesta deportiva que terminó con victoria de 3-1 ante Costa Rica, terminó envuelta en medio del agitado panorama político nacional.
Tras el pitazo final y la posterior despedida del combinado nacional, el bus de la Federación Colombiana de Fútbol que había llevado a los jugadores al estadio, fue detenido en plena vía pública por seguidores del candidato Iván Cepeda, que realizaban una marcha en apoyo al candidato.
Los manifestantes rodearon el bus, que se encontraba ya sin las estrellas nacionales en su interior, y le impidieron el paso al grito de: “Pite si quiere pasar”. Además, los simpatizantes políticos pegaron afiches a los costados y en el parabrisas del vehículo, ante la mirada ciertamente fastidiada del conductor.
Finalmente, el incidente no pasó a mayores y tras instantes de algarabía encendida por el agitado ambiente político nacional, el conductor del bus de la Selección Colombia pudo seguir con su recorrido.
La política y el fútbol: ¿agua y aceite?
El hecho no tardó en generar repercusión a nivel nacional, quedando en medio de la acalorada discusión política que protagonizan los bandos de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Inevitablemente, las elecciones presidenciales en plena antesala al Mundial de Norteamérica 2026 no han tardado en generar opiniones que inevitablemente han mezclado a lo político y a lo deportivo, inicialmente jocosamente pero terminando en polémicas que han involucrado incluso a la Federación Colombiana de Fútbol.
El pasado día lunes, el mismo Iván Cepeda sentó un precedente y se quejó públicamente del uso de camisetas de la Selección Colombia por parte de la campaña de Abelardo de la Espriella, situación por la que la FCF tuvo que pronunciarse y aclarar que pese a que no pueden prohibir el uso de la prenda, piden encarecidamente mantenerla al margen de asuntos políticos.






