El segundo semestre de 2026 podría estar marcado por uno de los fenómenos de El Niño más intensos de las últimas décadas en Colombia, con impactos fuertes sobre departamentos como el Cesar y La Guajira. El Ideam advirtió que las probabilidades de que el evento climático se consolide entre julio y diciembre ya superan el 90 %, a partir de las anomalías térmicas registradas en el Pacífico ecuatorial, donde la temperatura del mar se encuentra por encima de los valores normales.
La directora del Ideam, Ghisliane Echeverry Prieto, explicó que este “calentamiento sostenido de las aguas ecuatoriales” es uno de los principales indicadores que permiten anticipar la llegada de El Niño y señaló que “mínimo va a ser un fenómeno moderado”, con la posibilidad de superar el impacto que tuvo el episodio de 2024. Los pronósticos coinciden con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que también prevé una alta probabilidad de consolidación hacia finales de este año.
El Niño en el Cesar: lecciones de 2015–2016 y 2024
Para el Cesar, hablar de El Niño no es un asunto abstracto. Entre 2015 y 2016, el departamento vivió uno de los episodios más duros: se reportaron pérdidas de ganado y cultivos por falta de agua, disminución drástica de caudales en ríos como el Cesar, jagüeyes secos y restricciones de suministro en varios municipios. En ese periodo, Valledupar acumuló más de 180 días con temperaturas máximas por encima de los 37 °C, una racha de calor que dejó huella en el campo y en las zonas urbanas.
Durante el Niño 2023–2024 la historia se repitió, aunque con matices: la Defensoría del Pueblo y las autoridades locales llegaron a reportar municipios en alerta por desabastecimiento de agua, incremento de incendios de cobertura vegetal y ampliación de las zonas afectadas por sequía en el centro y sur del departamento.
La combinación de lluvias por debajo de lo normal y altas temperaturas volvió a exponer la fragilidad de los sistemas de acueducto y la dependencia de las comunidades rurales de las fuentes superficiales y jagüeyes.
“No queremos repetir el 2015”: la preparación en el Cesar
Hoy, la Jefe de la Oficina Departamental para la Gestión del Riesgo y Cambio Climático, Petra Romero Navarro, asegura que el departamento se toma en serio la advertencia del Ideam sobre un posible “Súper Niño”.
“Venimos trabajando bajo los lineamientos de la UNGRD y del Ideam para prepararnos ante un posible fenómeno de El Niño que podría ser más intenso que el de 2024. Hemos mantenido activa la sala de crisis departamental y estamos articulados con los municipios para actualizar los planes de contingencia, especialmente en desabastecimiento de agua, incendios de cobertura vegetal y afectación de cultivos”, señaló Romero.
La funcionaria recordó que el Niño de 2015–2016 dejó una marca profunda en el departamento: “Ya en 2015 y 2016 vivimos un Niño muy fuerte, con sequías prolongadas, pérdida de ganado y pastos, incendios forestales y afectaciones serias en el suministro de agua en varios municipios. Lo que estamos haciendo ahora es tratar de anticiparnos para que ese impacto no se repita con la misma intensidad”, afirmó.
Monitoreo en Valledupar y Pueblo Bello
Romero Navarro recordó que los picos de El Niño golpean con especial dureza a municipios como Valledupar y a Pueblo Bello, donde la combinación de calor extremo y sequía amenaza directamente a los pueblos indígenas de la Sierra Nevada. Según explicó, en estas zonas “los resguardos dependen de los ríos y nacimientos de agua” y cualquier disminución de caudal se traduce en escasez para consumo humano, cultivos y ganadería de subsistencia.
La Jefe de Gestión del Riesgo advirtió que “si no nos preparamos bien, las comunidades arhuacas, kankuamas y demás pueblos indígenas volverán a vivir jornadas de sed, pérdida de alimentos y afectación de sus territorios”, por lo que insistió en la necesidad de priorizar acciones de protección hídrica y acompañamiento diferencial para estas poblaciones en los planes frente al Súper Niño. Los planes de contingencia del departamento priorizan estos resguardos con monitoreo comunitario permanente, apoyo en abastecimiento y coordinación con las autoridades tradicionales para definir rutas de atención y protección de sus territorios.
Ahorro de agua, energía y protección del campo
Romero indicó que el plan de preparación se apoya en los lineamientos de la Circular 028 de la UNGRD, que recoge las recomendaciones habituales de Ideam y Gestión del Riesgo para escenarios de El Niño: Las medidas incluyen el ahorro de agua en hogares, instituciones y en el sector agropecuario, evitando el desperdicio y reparando de inmediato las fugas para que cada gota cuente. También se insiste en el uso racional de la energía eléctrica, con el fin de disminuir la presión sobre un sistema que, en Colombia, sigue dependiendo en gran medida de las hidroeléctricas.
En paralelo, se trabaja en el refuerzo de los acueductos veredales y municipales, la identificación de fuentes alternas y la definición de planes de abastecimiento con carrotanques en las zonas más críticas. A esto se suma la prohibición de quemas controladas y fogatas en áreas rurales o boscosas, con el objetivo de reducir al máximo el riesgo de incendios en un escenario de altas temperaturas y menos lluvias.
Otro frente clave son los planes de acompañamiento al sector agropecuario para mejorar el almacenamiento de agua, el manejo de suelos y la protección de cultivos y ganado frente a la sequía. “Estamos llamando a todos los alcaldes a cumplir y aplicar la Circular 028, que habla de ahorro de agua y energía, de fortalecer los sistemas de abastecimiento y de tener listos los planes para llevar agua en carrotanques y proteger a las comunidades rurales. También trabajamos con las empresas de servicios públicos y los organismos de socorro para mejorar la respuesta ante las emergencias que puedan surgir por este posible Súper Niño”, agregó la Jefe de Gestión del Riesgo.
Lo que viene para el Cesar y La Guajira
Según el Ideam, en Colombia un Niño intenso suele traer disminución de lluvias, aumento de temperaturas y temporadas secas prolongadas, especialmente en el Caribe, la región Andina y parte de la Orinoquia. Estas condiciones elevan el riesgo de incendios forestales, presionan los embalses que abastecen de agua y energía y afectan la producción de alimentos.
Para el Cesar y La Guajira, que ya han registrado este año temperaturas superiores a los 38 °C y un aumento de las alertas por incendios, el llamado es a prepararse con anticipación: cuidar cada gota de agua, evitar cualquier quema, ajustar prácticas agrícolas y ganaderas a un escenario de menos lluvias y proteger especialmente a niños, personas mayores y enfermos crónicos durante las olas de calor que se prevén para el segundo semestre de 2026.







