CULTURA

El paisaje de Valencia en las canciones de Calixto Ochoa

Calixto Antonio nace y vive para la música. Ha sido fiel a sus orígenes: su tierra natal, el paisaje de la infancia, su condición de hombre de campo, su apego a la gente de pueblo, su gratitud por la amistad y su fidelidad con la vida y el amor.

El paisaje de Valencia en las canciones de Calixto Ochoa

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Valencia de Jesús, en época prehispánica, era un paraje de indígenas Chimilas; estaba rodeada por las fértiles llanuras del Poponí, y en el centro de ellas, un cerro oteaba: al norte, la serranía y el nacimiento del río Los Clavos; al este, la ruta de frondosos campanos en los caminos al Valle del Cacique Upar; al sur, kilómetros de verdes extensiones; al occidente, bosques de palmas de corozos y sabanas detenidas en el sol de los venados.

Todo este paisaje virginal fue una tentación para la llegada de los españoles, que se inicia en 1590 con el capitán Antonio Flórez, quien bautiza el lugar con el nombre de Valencia de Jesús, y abre el camino a otros colonizadores. En el siglo XVIII, llegó a ser una Villa reconocida por su numerosa población, algunas edificaciones semejantes a la típica arquitectura española, y populosos hatos de ganados mayores y menores que servían de sustento para proveer a la provincia de Cartagena. Pero en el siglo XIX, Valencia tuvo un notorio retroceso; el sociólogo Ariel Rincones (nativo de esa población), explica una de las causas posibles de esta decadencia: “el resultado de las luchas independentistas en la primera mitad del siglo XIX. La clase dirigente de Valencia de Jesús en ese entonces estaba conformada por españoles y sus descendientes, los cuales se opusieron y enfrentaron los procesos de liberación en la región. La derrota de la autoridad realista provocó la huida de gran parte de los habitantes de Valencia”.

De los pocos habitantes que más tarde llegaron (criollos y mulatos) surge el mestizaje de una nueva población, que se dedica al trabajo agropecuario. En lo espiritual, la tradición católica, que viene desde del año 1700, cuando construyó la iglesia el señor cura y vicario español, don Domingo Antonio de Mier y Cortines. Hoy la iglesia es monumento nacional y epicentro de una de las celebraciones más tradicionales y reconocidas en toda la región y el país: la Semana Santa.

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