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¡Trump is back!

El pasado lunes 20 de enero de 2025 se posesionó Donald Trump como el presidente número 47 de los Estado Unidos.

¡Trump is back!

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El pasado lunes 20 de enero de 2025 se posesionó Donald Trump como el presidente número 47 de los Estado Unidos. Uno puede tener diferencias con él, a veces es muy crudo y se le va la mano, pasa por maleducado, pero de lo que sí estoy seguro, es de que la geopolítica mundial lo necesitaba recargado y de que el amor que siente por su país es admirable, lo defiende a capa y espada. Pocos hombres generan tanta admiración y a la vez tanta resistencia. 

El día de las elecciones tuve la dicha de poderme trasnochar viendo los resultados. Sintonicé Fox News, menos mal no dependía de CNN, y con el paso del tiempo veía cómo la elección quedaba en manos republicanas. Como dato curioso, a pesar de ser los conservadores de los Estados Unidos, los republicanos allá son los que ondean el trapo rojo. Por su parte, los azules son los demócratas, quienes hace unos años se asemejaban al partido Liberal Colombiano. 

Una vez lo eligieron los norteamericanos, a principios de noviembre del año pasado, el mapa político norteamericano se tiñó de rojo. El tema es el siguiente: Trump ganó en muchísimos estados de la Unión, ganó el voto nacional y los republicanos se quedaron con las mayorías en el Senado, la Cámara de Representantes y las gobernaciones. Impresionante, difícil repetir esa proeza. De todas maneras, está claro que Trump, a pesar de los resultados obtenidos, recibe un país profundamente dividido, un poco más de la mitad lo apoya, lo quiere, y un poco menos de la mitad lo detesta, muchos no lo soportan. Trump perdió en varios estados de la periferia, pero logró la hazaña de unir el centro y de ganar los estados péndulo -se les denomina así a los estados que, como Pensilvania, Georgia y Carolina del Norte, no pueden afiliarse a un partido, sino que allí han ganado candidatos republicanos y demócratas-; ahí estuvo la clave de su victoria. Como era de esperarse perdió en California y en ciudades como Washington y Nueva York, bastiones tradicionales del partido demócrata, pero le fue muy bien en la mayor parte del territorio.

En su discurso de posesión, que en general fue tranquilo y sosegado, Trump me sorprendió al referirse al Canal de Panamá y al Golfo de México. Un par de semanas previas a su posesión, Trump puso a pensar al mundo cuando afirmó que recuperaría el Canal de Panamá -ya que afirmó que Estados Unidos lo entregó a los panameños para que éstos lo operaran y ahora son los chinos los que lo controlan-, y que le cambiaría el nombre al Golfo de México -para llamarlo Golfo de América, haciendo alusión a los Estados Unidos-. Cuando habló de ambos asuntos logró generar malestar en varios sectores y en varias latitudes. A pesar de ello, se echó al agua y aclaró que va por estas 2 metas. El único abucheo, leve eso sí, que se escuchó en el capitolio durante su discurso, se dio cuando habló del golfo. Hay que ser honestos: logró que el auditorio se pusiera de pie varias veces para aplaudirlo.

Trump ya muestra resultados. Tiene mucho que ver con los acercamientos entre Israel y la guerrilla de Hamás, que ya permitió liberar a algunos rehenes judíos; ojalá muy pronto todos estén en casa, con los suyos. Su regreso a la Casa Blanca tiene angustiados a muchos gobiernos, empezando por el colombiano. Petro debe estar preocupado, le llegó un godo de derecha a cantarle la tabla, a, muy posiblemente, descertificarlo porque nuestro país está lleno de coca y de narcoterroristas controlando varios territorios; Trump sabe quién es Petro y designó a Marco Rubio como secretario de Estado, para que apriete tuercas y organice las cosas. 

Suerte Mr. Trump, el mundo lo necesita, los Estados Unidos también, devuélvanos el orden mundial perdido desde Obama.

Mientras tanto, la declaratoria de conmoción interior debe caerse en la Corte Constitucional. Ahí no se configuraron hechos sobrevinientes, el gobierno causó todo este caos y, hasta la muy pila Defensora del Pueblo, lo anticipó. Petro les entregó el Catatumbo a sus amigos de las FARC y el ELN, les pagó su elección replegando al ejército y abandonando a sus pobladores. ¡Todo por la coca!

Por: Jorge Eduardo Ávila.

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