Mientras el presidente Trump se muestra incrédulo ante el cambio climático y lo cataloga como una estafa de la energía verde, la realidad es otra, a juzgar por evidencias científicas que muestran un calentamiento global que acabará con la humanidad. Sabido es que, cuando la ideología pasa por encima de la ciencia, el debate escala al terreno político.
En contraposición al jefe de Estado norteamericano, su par colombiano, el presidente Gustavo Petro, abordó en la Asamblea General de las Naciones Unidas la relación entre el confort moderno y la necesidad de transformar los modelos de bienestar para enfrentar el fenómeno de un planeta que se quema en un espiral de luz y calor producido por la reverberación del sol, una resolana irresistible que destruye el pulmón verde y cambia el páramo, fuente de agua y vida, por la extracción de oro, petróleo, carbón y otros minerales.
En su intervención, Petro propuso una revisión profunda del concepto de confort asociado con el bienestar moderno. Sostuvo que la lucha contra la crisis climática implica renunciar a ciertos elementos que definen el estilo de vida actual, como el uso del automóvil, la vivienda y el transporte impulsado por combustibles fósiles.
El maltrato a la naturaleza, tipificado como delito y violación de los Derechos Humanos, ha sido penalizado por tribunales internacionales con ocasión de daños ambientales irreversibles, justo cuando la Tierra está cerca de un punto de no retorno, quiebre o inflexión climática.
Se describe el posicionamiento demencial humano que atenta contra el ecosistema como el gran detonante de las enfermedades, sin advertir que la naturaleza tiene derechos e instrumentos internacionales en materia ambiental. ¿Pero con qué eficiencia y eficacia se implementan? Ese es el gran interrogante.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, Francia, ya sentó precedente al alzar su voz 2.000 mujeres suizas agobiadas por la ola de calor que subyace en el cambio climático, tema que el país europeo no abordó adecuadamente y que constituyó una violación de los derechos humanos. Se trata de una sentencia histórica que conecta con reflexiones de vida: “Sólo cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado y el último pez atrapado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”, fallo que ejerce presión sobre políticas climáticas con efecto dominó en todo el mundo.
La malquerencia a la ciencia por parte de Trump es patética, en línea con una victoria histórica de la Universidad de Harvard, al lograr recuperar más de US$2.000 millones en fondos federales para investigación que habían sido congelados por la Casa Blanca.
Por: Miguel Aroca Yepes.







