Mis consejeros periodísticos Tío Chiro y Tíonan invitaron a mi hijo Marlon Andrés Cotes Rincones, ingeniero civil, especialista en Estructuras de la Universidad Industrial de Santander (UIS), para que aporte su opinión frente a la porfía entre la veeduría ciudadana que vigila la construcción de la segunda calzada de la vía Valledupar – La Paz, las empresas constructoras, el INVIAS y el Ministerio de Transporte.
Esta columna tendrá una segunda parte el próximo miércoles, ya que el ingeniero Marlon Andrés menciona su preocupación por las obras de recolección de aguas lluvias.
“Desde un principio me pareció totalmente innecesaria la importancia de esta vía, esa obra corresponde más a un “capricho” político de los dirigentes de antaño y al beneficio de los dueños de las tierras por donde pasa la vía que a una necesidad de la región”.
“El primer tramo tuvo un costo de $170 mil millones y la obra actual, tiene un costo de $77 mil millones, aclarando que esa plata solo es para 7 km de vía, por lo que faltarían los recursos para la construcción del puente sobre el Río Cesar y los 2 km faltantes en el área urbana de Valledupar. ¿Cuántos colegios se pudieron haber construido en la región?, ¿cuántos hospitales en el Cesar?, ¿cuántas casas se hubieran construido para las víctimas del conflicto armado? El dinero se pudo haber destinado a las necesidades básicas del departamento, uno de los más desiguales, con mayor desempleo y más pobres del país”.
Afirma Marlon Andrés que “la veeduría expresa su preocupación por la peligrosidad que representa la separación entre las calzadas sobre la curva del km 1 de la vía La Paz – Valledupar o, si se quiere ver en sentido contrario, sería la curva del km 9 de la vía Valledupar – La Paz. Dicen que las calzadas deberían tener una separación mínima de 5 metros, petición que vienen realizando desde el inicio de las obras, pero que no ha sido tenida en cuenta por el contratista y la interventoría, ya que han dejado entre 3 y 2 metros, llegando a menos de un metro sobre la curva en cuestión. La solicitud la realizan bajo la premisa de la alta accidentalidad que se podría producir si este diseño vial se mantiene, pero sus argumentos distan mucho de las razones técnicas que deben sustentar esta solicitud”.
Asegura el ingeniero Marlon Andrés que “en primera medida indican que el peralte de la calzada en dirección Valledupar – La Paz, tiene un metro de altura en relación a la calzada La Paz – Valledupar, por lo que el vehículo que vaya hacia La Paz podría caer sobre la calzada que va hacia Valledupar, debido a la gravedad y la velocidad que lleve en ese momento”.
“Entiendo que los veedores se refieren a la fuerza centrífuga, que es la fuerza que empuja al vehículo hacia el exterior de la curva y esta depende del peso y la velocidad con que este tome la curva, por lo que la accidentalidad en una curva de cualquier vía nacional, no se puede definir por las diferencias de alturas entre las calzadas, si no de la prudencia de la persona que vaya detrás del volante”.
“También dicen que, al haber menos de un metro entre las calzadas, los vehículos podrían encandilar a los que vengan en sentido contrario, pero esto también se cae con su propio peso, porque en las carreteras nacionales, como de Bosconia – Fundación (Magdalena), históricamente solo ha existido una calzada y los vehículos se mueven en direcciones contrarias en 10 metros de ancho, que es lo que mide cualquier carretera del orden nacional”.
“Es decir, la accidentalidad por culpa de las luminarias de los carros también depende del sentido común de los conductores al llevar o no luces altas o si son demasiado luminosas para no molestar a los demás”, concluyó Marlon Andrés. Hasta la próxima semana.
Por: Aquilino Cotes Zuleta.







