MISCELÁNEA
Por Luis Augusto González Pimienta
Contrario a lo que ocurre con ciertas atracciones de los parques, la vida es un constante bajar. En una rueda de Chicago o una montaña rusa se sube y se baja. En la vida es más lo que se baja que lo que se sube. A veces, nunca se sube.
El descenso del feto marca el comienzo del nacimiento y el descenso a la fosa el final del hombre. En el transcurso de la vida toda amenaza o todo castigo supone un bajón. La subida es un premio y los premios son para contados individuos. La generalidad, la montonera, no accede a ellos.
Cuando niños nos enseñan a bajarnos de la cama, no a subirnos, porque esto se presume. Cuando viejos nos advierten del peligro que implica bajar una escalera; la subida ofrece menos riesgos. El mal comportamiento en un bus o avión es sancionado con la bajada del infractor. El político nos llama a subirnos en el tren de la victoria, pero bien pronto nos precipita en caída libre al suelo de la miseria.
Es conveniente bajarle a la velocidad en las calles y carreteras para evitar accidentes. Bajarle a la ingesta de alcohol no solo por salud, sino también para evitar las metidas de pata, o lo que es peor, la consumación de actos bochornosos.
Las inacabables guerras que hay en el orbe dan cuenta de innumerables bajas y al soldado que no cumple con su deber lo dan de baja. Bajan las acciones en la bolsa de valores, bajan las exportaciones, baja el poder adquisitivo de la moneda y bajan los equipos de fútbol por los malos resultados.
Las compañías de refrescos gaseosos invierten cualquier cantidad de dinero en propaganda para sus productos que incluye el patrocinio de actividades culturales o deportivas, para que los dietistas corten de tajo su consumo, bajándolos de la nube del éxito.
Y llegamos a los profesionales de la medicina. Estos nos hacen recomendaciones para preservar la salud o para recuperarla y todas tienen que ver con la supresión o la reducción de lo que nos agrada. Que hay que bajarle a la sal para controlar la presión arterial o la retención de líquidos. Que hay que bajarle al consumo de azúcar y de harinas para prevenir la diabetes y la hipertensión. A la cerveza porque sube los niveles del ácido úrico.
Sé de experiencias propias y ajenas que indican lo costosas que resultan las dietas. Algunos afirman que el adelgazamiento proviene más del descenso de los recursos económicos que del estricto cumplimiento de la abstinencia.
En cambio, nos mandan a subirle a lo que usualmente no nos gusta. Hacer más ejercicio y comer más verduras. La decepción aparece después de extenuantes sesiones de ejercicio físico y de alto consumo de verduras sin ver los resultados anunciados. Solo nos queda la inocencia de la cajera del supermercado que al vernos salir con una gran cantidad de vegetales nos pregunta si tenemos una cría de conejos. De resto, cunde el desánimo y la consiguiente dejación de la dieta.
La vida es un tobogán: se sube lento y se baja vertiginosamente. No se entiende cómo se puede subir la autoestima si por el camino todo va en picada. Al final de la jornada, cuando bajemos al sepulcro, ni cuenta nos daremos de que la Registraduría le dará de baja a nuestra cédula de ciudadanía.






