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La realidad se forja con la ilusión

¿Quién no sueña despierto y se entrega a la fantasía de la mente infinita? ¿Quién no cierra sus ojos y recibe en su cara el viento que sopla aunque no exista? ¿Quién no suspira vencido, impotente al despertar aunque sea solo de una ilusión? ¿Quién no se despierta con la esperanza que los sueños, que en la mañana ya se han ido, se conviertan en realidades forjadas de una ilusión?

La realidad se forja con la ilusión

La realidad se forja con la ilusión

Por: Jairo

@el_pilon

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¿Quién no sueña despierto y se entrega a la fantasía de la mente infinita? ¿Quién no cierra sus ojos y recibe en su cara el viento que sopla aunque no exista? ¿Quién no suspira vencido, impotente al despertar aunque sea solo de una ilusión? ¿Quién no se despierta con la esperanza que los sueños, que en la mañana ya se han ido, se conviertan en realidades forjadas de una ilusión?

Siempre he dicho, que un sueño se vuelve imposible cuando se deja de soñar. Pedro Calderón de la Barca nos da a entender en su maravillosa obra “La vida es sueño” que el ser humano es libre para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino, abordando la oposición entre el libre albedrío y la predestinación, así como la dualidad entre la realidad y el sueño, cuestión que nos lleva a reflexionar sobre el sentido de la existencia.

La vida es un permanente sueño, queridos lectores, porque muchas veces estamos en un lugar muy privilegiado y cuando nos damos cuenta, eso ya se acabó. En estos momentos difíciles que atraviesa la humanidad, me parece que la libertad de soñar es lo único que no se ha podido encadenar. Y ese es el punto al que hay que prestarle atención, porque estamos tal vez predestinados a que nos vaya mal por los vicios de nuestros antepasados o la situación económica, pero debemos ser resilientes, sobreponernos al dolor, y en estos momentos de dificultad ser capaces de tomar buenas decisiones y perdonar a quien haya que perdonar; de no acumular resentimiento en nuestros corazones y ser agradecidos, ser una herramienta de reconciliación social o familiar.

¿Qué sería del hombre que no tiene una ilusión? O como expresó Diomedes Díaz cuando cantó que quisiera volver al pasado y a sus ilusiones, donde poéticamente recreó que la vida solo es un sueño y que en cualquier momento uno puede rodar como hojas al viento.

Para mí, una ilusión va más allá de una representación errónea de un estímulo sensorial real y aunque todos digan lo contrario, sigue siendo para mí, reitero, el ladrillo principal para construir la realidad forjada con los sueños. Algo que he defendido siempre es que la ilusión conecta con los sentimientos positivos del ser humano y es contagiosa, y lo más importante: nos hace tener fe en nosotros mismos, alimenta nuestro sentimiento de ser capaces y, por lo tanto, estar unido a nuestra autoestima, y por ello es tan importante cuidarla.

¿Cuánta realidad creamos? La respuesta está más bien en la pregunta: ¿cuánto hemos soñado? He ahí el meollo del asunto. A veces debemos movernos entre el filo invisible y caminar en el hilo de la ilusión para llegar al final del mismo en donde está la realidad que nos hemos propuesto soñando.

No niego que soy un soñador, pero ¿qué sería de mí, si no lo hiciera? Un cadáver que aparenta estar feliz entre los vivos, negando la ilusión que me causa el sueño. Dicen que los sueños son solos sueños, pero no, me niego a aceptar tal frase aunque parta de filósofos, terapeutas, mentes brillantes e ilustres. Debemos aceptar que soñar es tan real como vivir supuestamente nuestras realidades, al fin y al cabo estas son las conquistas y los logros de nuestros propósitos, sin los sueños, irónicamente, no cerráramos los ojos y disfrutáramos después de la realidad conseguida.

Hoy, aún somos libres de soñar, aunque algunas veces sean pesadillas y no dulces sueños como anhelamos siempre, pero es la libertad de crear fantasías la que nos mantiene atados a la cruda realidad. Es la maravillosa faena del pensamiento, o tal vez no, de procurarnos ser constructores ilusos ante una utopía que deseamos para ser felices, al fin y al cabo, como dice nuestro Calderón de la Barca: “¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Pero, cuando seamos capaces de saber quiénes somos, conseguiremos por fin el triunfo y la luz entre la tragedia y la comedia, porque la realidad, amigos míos, se forja con los sueños y con la ilusión.

Por: Jairo Mejía.

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