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La planeación del desarrollo en Colombia (II)

La planificación económica y social en Colombia cambió a partir de 1991, cuando la Asamblea Nacional Constituyente, en su leal saber y entender, consagró un régimen de economía mixta y elevó a rango constitucional ese proceso. Antes, los planes de desarrollo eran unos documentos económicos y sociales muy interesantes, esperados por los especialistas en el […]

La planeación del desarrollo en Colombia (II)

La planeación del desarrollo en Colombia (II)

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La planificación económica y social en Colombia cambió a partir de 1991, cuando la Asamblea Nacional Constituyente, en su leal saber y entender, consagró un régimen de economía mixta y elevó a rango constitucional ese proceso. Antes, los planes de desarrollo eran unos documentos económicos y sociales muy interesantes, esperados por los especialistas en el tema y una parte de clase política y empresarial, eran una señal, una indicación, pero no tenían la fuerza de ley que tienen hoy tanto por la norma constitucional, como por la ley del Plan: Ley 152 de 1994.
En efecto, los planes de desarrollo presentados por los gobiernos de Ernesto Samper, Andrés Pastrana A, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, tienen una estructura distinta y una fuerza legal superior a los presentados antes de esa fecha. Paradójicamente, el de César Gaviria, “La Revolución Pacífica”, fue el último de los anteriores y – en sí mismo-, con todas las reformas económicas de ese gobierno, representó un cambio sustancial en nuestro modelo de desarrollo económico, cuando entramos a un esquema de economía abierta con todas las implicaciones buenas y malas que ello implicaba.
El gobierno del Presidente Duque, bajo el liderazgo de la directora de Planeación Nacional, Gloria Alonso, ha presentado a consideración del Congreso una propuesta “Pacto por Colombia, pacto por la equidad”, un documento bien elaborado, interesante, sesudo, pero que, en el fondo, es un proyecto, una propuesta. El Plan de Desarrollo 2018-2022, es el que el Congreso quiera, teniendo en cuenta todas las fuerzas políticas hoy presentes en esa corporación. Y ese Plan debe representar los más altos objetivos de desarrollo económico nacional: mayores tasas de crecimiento, más generación de empleo y una intensificación de lucha contra la pobreza, entre otros. Pero también debe armonizar las inquietudes de las regiones del país y una estructura económica que integre de manera óptima todos los sectores. Esto sin desconocer la prioridad que el gobierno le quiere dar al sector agropecuario, al turismo y a la economía cultural y creativa, la llamada economía naranja.
La construcción del Plan de Desarrollo “Pacto por Colombia, pacto por la equidad”, que contempla gastos e inversiones por $1.100 billones de pesos, es una gran oportunidad para superar la polarización y ponerse de acuerdo en unas políticas y programas encaminados a buscar unos loables objetivos nacionales. Además de los anteriores, es fundamental mejorar los índices de productividad y competitividad del aparato productivo del país.
El “Pacto por Colombia, pacto por la equidad”, tiene un horizonte de cuatro años, cuando podría pensarse, insisto, en una propuesta a diez o doce años e iniciar un proceso distinto. Ya es hora de que Colombia mire las cosas de manera diferente; tener en cuenta el crecimiento y envejecimiento de su población, los cambios en la tecnología y las grandes tendencias de la economía mundial, para hacer una planificación que nazca de la armonización entre el sector privado y el social, la clase trabajadora, incluyendo pensar en los desempleados. Es hora de superar el ejercicio de planes pensados para el corto plazo, proyectarnos en grande, con un gran sentido solidario y de largo plazo. ¿Será que podemos?

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