COLUMNISTA

La candidata de “El Señor de los Milagros”

Por el año 1973 en el Valle del Cauca, Buga, sitio que alberga una imagen sagrada de Cristo que se cree hace milagros, le apareció la vida.

Fausto Cotes, columnista de EL PILÓN.

Fausto Cotes, columnista de EL PILÓN.

Por: Fausto

@el_pilon

canal de WhatsApp

Por el año 1973 en el Valle del Cauca, Buga, sitio que alberga una imagen sagrada de Cristo que se cree hace milagros, le apareció la vida.

Su historia comenzó como las leyendas de los humildes. La madre, quien trabajaba duro para sacarla adelante, le inculcó valores como disciplina, fe y perseverancia. La formó para la lucha. Creció enfrentando dificultades económicas desde pequeña; tal vez esto la hizo más independiente, disciplinada, ambiciosa y de carácter sólido amparado en la sensatez.

Mientras estudiaba Comunicación Social, trabajaba con fervor. Sin respaldo alguno se fue abriendo caminos.

A través del solfeo y su amor por la música mejoró, no su forma de cantar, pero sí aprendió a entonar la vida en caminos pedregosos para vencer dificultades que solo brinda la pobreza. Ese sentido musical, tal vez heredado de la afición de su padre al tango, le abrió la sensibilidad social y el instinto de servicio a los más débiles.

La tragedia le extendió esa mano que sacude y espanta, cuando enfrentó la muerte de su primer esposo, donde ni el mismo “Señor de los Milagros” pudo intervenir ante el poder del destino que hoy le abre el camino a la Presidencia.

Ahora busca por firmas avalar su candidatura. Su discurso, basado en la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento institucional, la justicia, la seguridad y la simplificación fiscal mediante impuestos planos, la presenta como una opción de derecha con ideas conservadoras y críticas al gobierno actual.

El modelo económico propuesto consiste en una reforma tributaria para simplificar el sistema, reducir la evasión, formalizar la economía y generar confianza.

Está casada con el médico José Amiro Gnecco, joven vallenato, cuya lealtad ha destacado en los momentos más difíciles de su carrera, en episodios de acoso y amenazas tras denuncias periodísticas.

El seguimiento en encuestas la coloca en posición envidiable y tanto el electorado de derecha como la población consciente la empiezan a mirar con opción. 

Vicky Dávila aprendió pronto a hacer de su voz una herramienta de fuerza. Siempre he manifestado que no solo quienes conocen la pobreza adquieren sensibilidad social para ser buenos gerentes de lo público; también los que han vivido la riqueza, si aprendieron bien los valores humanos, pueden demostrar que el dinero nunca es determinante.

El carácter firme en el manejo de la verdad le ha permitido enfrentar presidentes, mafias y estructuras ocultas del poder, sin más escudo que su convicción, sin resentimiento ni odio, amparada en una sensibilidad forjada por la escasez y en la ética del deber.

Hoy, como candidata presidencial, gana espacio entre la palabra y la acción, pues su propuesta apela al anhelo de justicia, orden y dignidad. Busca no solo gobernar, sino demostrar que la verdad —aunque duela— también puede sanar.

Su propuesta defiende un gobierno limitado que proteja propiedad, vida y libertad, reivindicando un Estado funcional más que paternalista, alineado con el liberalismo clásico y el cristianismo moral.

Ha sido amiga de la pobreza, la soledad y el miedo, pero también la valentía le ha tendido la mano para defender la verdad y construir futuro. El cruce de balas en busca de la noticia le enseñó que el miedo existe no para anidarlo, sino para vencerlo. En sus noches de insomnio, incontables, entonaba canciones preferidas. “Los malos no tienen canciones”, decía Nietzsche.

En esta batalla política estoy seguro de que encontrará alianzas para armar la verdadera democracia que se requiere en estos tiempos difíciles.

De la suerte de tener a gente así —sin obsesiones ni pretensiones que obstaculicen los caminos del bien social— depende la suerte del país. ¡Adelante!

Por: Fausto Cotes N.

TE PUEDE INTERESAR