COLUMNISTA

Carlos Vigna Pisciotti, in memoriam

Falleció uno de los médicos más prestigiosos que se han desempeñado en esta ciudad, llegó a Valledupar procedente de El Banco, cuando aun pertenecíamos al departamento del Magdalena, y ayudó a forjar el Cesar, lo que le mereció ser director de los servicios de salud del departamento, posición que ejerció con decoro, no en vano […]

Carlos Vigna Pisciotti, in memoriam

Carlos Vigna Pisciotti, in memoriam

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Falleció uno de los médicos más prestigiosos que se han desempeñado en esta ciudad, llegó a Valledupar procedente de El Banco, cuando aun pertenecíamos al departamento del Magdalena, y ayudó a forjar el Cesar, lo que le mereció ser director de los servicios de salud del departamento, posición que ejerció con decoro, no en vano su gran amigo Aníbal Martínez Zuleta lo llamó: “El Padre de la Salud en el Cesar” Aunque no fui su amigo, si nos conocíamos y lo admiré bastante dadas sus cualidades personales y profesionales, además de eso, mi tía Sofía Sánchez, hermana mayor de mi mamá, y enfermera profesional, trabajó con este eminente galeno por varios años, de ella supe que el doctor Vigna era una tipo muy querido, sencillo, de un trato amable y muy suave, especialmente muy gentil con las damas, en sus años mozos tuvo fama de ser un hombre muy bien plantado.

Fue excelente amigo de mi tío político Alfonso Saade Acosta y de sus hijos los hermanos Saade Mejía quienes fueron sus vecinos por varios lustros. Sus vástagos todos exitosos profesionales, son mis amigos, especialmente su querida hija Edna, nuestra nueva primera dama, quien al igual que su hermano Alberto, se inclinaron por carreras de la salud, gusto que heredaron de su altruista y virtuoso papá. Me cuentan que aun a sus recién cumplidos noventa años, diariamente tenia la bella costumbre de llevarles pan a sus hijos, a quienes era muy apegado, me sorprendió su muerte pues hace unos 15 días me lo encontré en la misa de novenario de Luis Mariano Murgas, allí nos saludamos y lo vi en buen estado de salud y de ánimo.

Me duele el hecho de que no alcanzó a ver en la silla de gobernador a su querido yerno Franco ni a Edna como primera dama, pero sé que su hija adorada, va ejercer esta posición con el mismo don de gente, carisma y vocación de servicio que su papá tuvo cuando trabajó con el gobierno y durante todo el transcurso de su vida productiva y ejemplar. Se que no hay muerto malo, pero en el caso del doctor Vigna, jamás escuché en vida a nadie expresarse mal de él, muy por el contrario siempre escuchaba muchos elogios dadas sus excelsas cualidades, y reconozco que envidié sanamente cuando lo veía sentado charlando largas horas con el doctor Aníbal Martínez Zuleta, otro grande que también partió, en unas conversaciones que se notaban exquisitas, y así debían ser por la calidad de ese par de inteligentísimos interlocutores, me imagino que ahora deben estar dialogando de lo divino y lo humano, acomodados en alguna nube, cerca al Padre Celestial.

Hasta sus últimos días lo alcancé a ver sentado en su terraza o donde sus vecinos los Barranco, hoy partió dejando una honda herida en sus hijos, nietos y familiares, y una huella indeleble en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y tratarlo, muy a pesar de que sus hijos lo van a extrañar muchísimo, les debe quedar el consuelo y la alegría de que ya se reencontró con su amada esposa doña Beatriz García, quien hace 9 años ya le había tomado la delantera a cumplir la ineludible cita con Dios, y ahora mismo deben estar tomados de la mano sonriendo y amándose eternamente, allá donde todo es silencio y paz. Descanse en Paz apreciado doctor Carlos Vigna Pisciotti, un fraternal y solidario abrazo a Edna, Franco, Beatriz, Alberto, Julio y Carlos Mario.

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