COLUMNISTA

Bailes sospechosos

Este fin de semana se celebra en Colombia tal vez el mayor número de fiestas patronales en ciudades, cabeceras municipales, corregimientos y veredas. En varias de estas poblaciones las hacen coincidir con ferias y festivales de toda clase.

Jorge Naín Ruiz Ditta

Jorge Naín Ruiz Ditta

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Este fin de semana se celebra en Colombia tal vez el mayor número de fiestas patronales en ciudades, cabeceras municipales, corregimientos y veredas. En varias de estas poblaciones las hacen coincidir con ferias y festivales de toda clase. La Virgen del Carmen es una de las santas preferidas de nuestro país, en especial en la Costa Caribe, también por los conductores y fuerzas militares, quienes hace ya muchos años la adoptaron como su protectora.

Sabemos que el nuestro es un país fiestero, que nos gusta más la rumba que la comida y que la prioridad para muchas comunidades es la realización de sus buenas fiestas patronales y, ahora, la presentación gratis de artistas de renombre regional y nacional.

En buena parte del territorio nacional se volvió costumbre la realización de los bailes populares gratuitos en plaza pública, promovidos y financiados por las autoridades locales. Me atrevo a afirmar que hay municipios de nuestra Costa Caribe en los que gran porcentaje del presupuesto se va en logística y en el pago de artistas para organizar sus fiestas. Los corregimientos y veredas compiten entre sí a fin de demostrar quién hace las mejores fiestas.

En Colombia, una modalidad de la contratación estatal que se ha vuelto célebre y popular son los famosos convenios, de toda índole. Por esta vía, unas organizaciones supuestamente sin ánimo de lucro se convierten en operadores de fiestas y festivales. Contratan con alcaldías y sirven de intermediarios entre estas y muchos artistas famosos y otros no tanto.  

Tengo datos de municipios de sexta categoría del Cesar, Magdalena, Bolívar y La Guajira que podrían estar gastando cada uno más de mil millones de pesos en el mes de julio en convenios de asociación con operadores de fiestas e, indirectamente, con artistas y producción de eventos.

Ustedes se preguntarán por qué titulé esta columna como ‘Bailes sospechosos’, ya les voy a contar: cuando usted observa la programación de las fiestas en un caserío o vereda, encuentra varios artistas cuya tarifa o costo por baile supera los 50 millones de pesos. Si usted hace una pequeña averiguación y consigue copia del convenio suscrito entre la alcaldía y el operador, allí posiblemente va a encontrarse que no aparecen todos los artistas que amenizaron el evento.

Me explico con un ejemplo: todo el mundo vio tocar en la fiesta a la agrupación musical llamada “Bananas”, pero nadie da razón de quién la contrató. En la administración municipal no aparece contrato alguno con ellos, el operador del convenio no tiene la obligación de presentar ese grupo, ninguna persona natural o jurídica manifiesta haber donado esa presentación.

Surgen las inquietudes: ¿tocaron de gratis? ¿Quién les pagó? ¿Por qué se oculta el contratante? ¿De dónde proviene el dinero que se empleó para pagar al grupo musical?

Es cierto que al pueblo, como lo que más le interesa es disfrutarse la fiesta y que la parrilla de artistas sea muy buena, no va a averiguar de dónde salió la plata para pagarlos. A veces, de esas fiestas los alcaldes salen en hombros y los organismos de control se hacen los de las gafas.

Colofón: Con profunda tristeza registramos la partida eterna del compositor de los festivales, del gordo alegre, como yo lo decía en una época, Wiston Muegues, ganador de más de cien festivales en canción inédita, verseador, excelente amigo y parrandero. Muegues alegraba al pueblo donde llegara a participar, la mayoría de sus canciones eran jocosas y dicientes. Sin ser famoso comercialmente, fue uno de nuestros grandes compositores. Compuso canciones como: “La Novia del Valle”, “La estratificación”, “El yerbatero” y “Los barrios del Valle”. Paz en su tumba.

Por: Jorge Naín Ruiz Ditta.

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