CEA es una empresa agroindustrial del Atlántico que trabaja con más de 2.552 pequeñas familias de productores agrícolas, proveedores de su materia prima. Cuenta con 27 certificaciones de calidad internacional y coloca nuestro Mango Magdalena River en más de 54 países alrededor del mundo (más información en: cea.com.co).
Al frente se encuentra el empresario Sergio Karagumechian, quien habló para EL PILÓN a raíz de las preocupaciones en Valledupar sobre qué hacer con tanto mango que se da en las épocas de cosecha en avenidas, calles, patios y fincas, y sobre las fallidas alternativas de crear localmente despulpadoras de la fruta.
EL PILÓN: Sergio, ¿cómo definirías el mercado del mango? ¿Es cierto que tiene un gran potencial?
Sergio Karagumechian: Muchas gracias por la oportunidad de manifestar el punto de vista desde la perspectiva de la agroindustria. Efectivamente, existe un enorme potencial con el mango para que este no solo no se pierda, sino que además se convierta en una fuente de desarrollo para las regiones que gozan de una ventaja competitiva inigualable para este cultivo, como lo es el Cesar.
No puede existir ningún desarrollo a gran escala contemplando solamente el limitado mercado nacional. Mientras el mercado local puede absorber entre 25.000 y 30.000 toneladas métricas de frutas para consumo interno en un año, el mercado internacional registra un volumen equivalente superior a las 50 millones de toneladas. Colombia cuenta con una producción de más de 380.000 toneladas de fruta en un año normal, según Corpoica.
Los dos grandes mercados para este delicioso fruto son: como fruta fresca para el consumo en mesa, y como mango para uso agroindustrial. Más del 97 % de esta fruta en Colombia va para la agroindustria exportadora, sin la cual “nadaríamos” en mango.
EP: ¿Cómo aprovecharlo?
SK: Para poder lograr un exitoso clúster exportador —que es una relación de encadenamiento colaborativo empresarial donde todos ganan—, en primer lugar debemos crear conciencia de que somos un mismo equipo: el Equipo Colombia. Debemos enfrentar la competencia de India, México, Brasil, Tailandia y otros grandes productores. Colombia se sitúa en un lejano puesto 19 a nivel de producción de fruta, como lo clasifica la FAO. Sin embargo, somos considerados un potencial en la producción de pulpas, estando en los últimos años entre los primeros tres lugares en el escalafón mundial.
EP: Eso es volumen. ¿Con qué calidad?
SK: Esto se logra con una diferenciación de producto basada en la calidad. Al igual que el café de Colombia, el mango criollo —de hilaza, hilacha o común— es conocido como el gran “Magdalena River Mango®”, lo digo entre comillas resaltándolo; pues, es considerado una de las variedades premium más apetecidas a nivel mundial.
EP: Entonces, ¿es por eso que en muchas partes —y Valledupar no es ajena— se quieren montar despulpadoras?
SK: Existe una gran demanda insatisfecha de mango para su uso industrial. Colombia está llena de pequeñas despulpadoras que terminan convirtiéndose en elefantes blancos, ya que el problema no es falta de capacidad —que sobra—, sino de trabajo en equipo. Miremos estos datos de ProColombia: aproximadamente 9 de cada 10 plantas despulpadoras cierran al cabo de 5 años, y 9 de las 10 restantes cierran en los 3 años siguientes. Se necesitan economías de escala para sobrevivir en el mercado internacional de pulpas, en especial la pulpa de mango. En casi todos los departamentos del país hay una o varias despulpadoras abandonadas, ya que la infraestructura no es la raíz ni la solución del problema.
EP: ¿Qué pasa con el mango que se pierde en muchas zonas del Cesar y la Costa?
SK: El problema es la falta de concientización y de trabajo en equipo, lo cual ha llevado a problemas fitosanitarios y de malas prácticas agrícolas que impiden la compra para su procesamiento y posterior exportación. Esto se podría solucionar relativamente rápido y con muy bajo costo si existiera una verdadera voluntad de los recolectores y un trabajo mancomunado.
EP: ¿Qué hacer en concreto?
SK: Primero, en la ciudad de Valledupar ha existido la mala práctica de bajar los mangos verdes y aplicarles madurantes como el Ethrel®, administrado de forma irregular y sin conocimiento. Esto contamina la fruta a niveles tóxicos y prohibidos a nivel mundial. Un solo mango contaminado puede dañar un lote de varios contenedores y bloquear, durante un extenso periodo, las exportaciones colombianas. Esta práctica está absolutamente prohibida en términos de productos orgánicos, baby food quality y sostenibilidad, incluso para la entrada a la mayoría de los países desarrollados.
Comprar la fruta con el potencial riesgo de recibir un solo fruto ethreliado o madurado con carburo —al que se suele llamar ‘carburín’— podría llevarnos a cerrar las tan necesarias exportaciones y quedar en el más oscuro absolutismo, lejos de los mercados que necesitamos para vivir.
Segundo, existen zonas como Atánquez y La Mina que sufren una significativa proliferación de la mosca de la fruta, la cual pudre el fruto desde adentro y lo contamina para el consumo humano. Esto se solucionaría con la simple práctica de solicitarle al ICA trampas McPhail —que son suministradas gratis— o armar trampas caseras con vinagre de manzana, para Drosophila. Trampas de botella con agua adicionando azúcar más levadura; trampas comerciales con atrayentes y feromonas; o trampas de proteína hidrolizada, etc. Si todos participan, al cabo de 3 o 4 semanas se solucionaría el problema y se podría vender toda la cosecha.
EP: ¿Qué función en esa organización, adicional a la de los propios productores o cooperativas, podría tener el sector público local o regional?
SK: El ICA en los temas fitosanitarios de Atánquez es clave. Esperamos seguir contando con herramientas facilitadoras como el Régimen Franco y los acuerdos comerciales que nos permiten transar nuestros productos en los principales mercados internacionales.
EP: Si la despulpadora es de mango, y este se da en determinados meses, ¿la industria podría tener lucro cesante para otras frutas de la región? ¿Cuáles?
SK: Referente a los meses sin mango, nuestra ventaja es nuestra desventaja. Explico, solo con economías de escala podemos ser competitivos a nivel mundial. No existen muchas frutas que nos den la oferta exportable. Es decir, no tenemos con qué trabajar el resto del año. “Colombia es tan rica en variedad de frutas como pobre en cantidades”, lo repito siempre y no me cansaré de decirlo.
EP: ¿Estarías dispuesto a venir a Valledupar a una reunión que se promovería con todos los actores que quisieran subirse al trabajo en equipo que propones?
SK: Sí claro, estoy en disposición, si se da la oportunidad.
EP: Y ver los frutos de nuestras avenidas…
SK: Valledupar es de las regiones donde mejor se da el mango; solo al llegar al aeropuerto se ven árboles por todos lados. Esos frutos “sin dueño” de las avenidas deben ser censados e incluidos dentro de un listado para evidenciar su trazabilidad sin químicos. Bastaría con organizar una cooperativa que lleve un sencillo censo y una contabilidad que permita demostrar su origen y la no aplicación de productos prohibidos, según las buenas prácticas agrícolas.
Podría extenderme aún más, pero el mensaje es claro: existe una oferta de fruta que se pierde e, irónicamente, una demanda insatisfecha por parte de la agroindustria, que no la puede comprar por falta de trabajo en equipo y de unas sencillas buenas prácticas agrícolas por parte de los proveedores.






