VALLEDUPAR

El significado de las siete paradas: así se vive la tradición de recorrer las iglesias de Valledupar en Jueves Santo

La visita de los siete templos transforma la noche del Jueves Santo en Valledupar en un camino de silencio, oración y esperanza, en el que cada iglesia recuerda un momento de la pasión de Cristo y reta a los creyentes a cambiar su vida.

Fieles oran frente a la iglesia Inmaculada Concepción, en la plaza Alfonso López de Valledupar, durante la tradicional visita de los siete templos del Jueves Santo. Foto: EL PILÓN

Fieles oran frente a la iglesia Inmaculada Concepción, en la plaza Alfonso López de Valledupar, durante la tradicional visita de los siete templos del Jueves Santo. Foto: EL PILÓN

Por: Katlin

@el_pilon

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La visita de los siete templos en Valledupar, que se realiza cada Jueves Santo, es mucho más que un recorrido por la ciudad: es un itinerario interior para acompañar a Jesús en los principales momentos de su pasión y, al mismo tiempo, una expresión muy visible de la identidad católica vallenata. 

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Esta práctica, nacida en la Iglesia primitiva y consolidada luego en Roma, se ha arraigado en ciudades como la nuestra hasta convertirse en una cita obligada de Semana Santa para familias, comunidades y grupos juveniles.

Una tradición que camina con Jesús

Según la tradición, las siete paradas evocan los lugares a los que fue llevado Jesús desde la Última Cena hasta el Calvario: el Cenáculo, el Huerto de Getsemaní, las casas de Anás y Caifás, los tribunales de Pilato y Herodes, y finalmente el camino hacia la cruz. El número siete, presente en toda la Biblia como símbolo de plenitud, quiere expresar que el creyente recorre, junto a Cristo, la totalidad de su entrega por la humanidad. 

Cada templo, entonces, se convierte en una estación de contemplación: se recuerda un pasaje del Evangelio, se hace silencio, se ofrecen intenciones por la familia y la ciudad, y se pide la gracia de vivir una verdadera conversión de vida.

Un recorrido que también es compromiso

La diócesis y las parroquias suelen proponer rutas concretas para facilitar la peregrinación de los feligreses, de modo que en una misma noche puedan visitarse siete iglesias sin perder el sentido orante del recorrido. 

No se trata de “cumplir por cumplir”, sino de hacer del caminar una oración continua que une la memoria de la pasión de Cristo con las realidades concretas del territorio: la pobreza, la violencia, los desafíos ambientales y las esperanzas de las familias que habitan Valledupar y sus corregimientos. Por eso, muchos fieles ofrecen este recorrido por la paz del Cesar, por los enfermos, por quienes están lejos de la fe y por las nuevas generaciones.

Qué se reza en la visita de los siete templos

Un esquema básico que puede usar el lector en Valledupar comienza en el primer templo, donde se sugiere hacer la señal de la cruz, leer brevemente el Evangelio del Jueves Santo —especialmente el pasaje de la Última Cena y el lavatorio de los pies— y rezar un Padrenuestro, un Ave María y una oración espontánea de ofrecimiento en la que cada persona ponga en manos de Dios su vida, su familia y su ciudad. Así se abre el corazón para recorrer, con serenidad y recogimiento, el resto de la noche.

En los templos intermedios, del segundo al sexto, el esquema puede mantenerse sencillo y profundo a la vez: se inicia nuevamente con la señal de la cruz y se lee o recuerda el momento de la pasión que se medita, ya sea la agonía en Getsemaní o los juicios ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes. Luego se reza al menos un Padrenuestro y un Ave María, o incluso tres Padrenuestros según la tradición de cada familia o comunidad, y se puede añadir una jaculatoria que sustituye el Gloria, que la Iglesia reserva para el tiempo de Pascua: “Cristo padeció por nosotros, obediente hasta la muerte y muerte de cruz”; a lo que se responde: “Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre”. De esta forma, el caminar se transforma en una oración continua.

En el séptimo templo, el ambiente se vuelve todavía más silencioso y contemplativo. Allí se recuerda de manera especial el camino al Calvario y el sepulcro, y se invita a una oración de silencio prolongado, en la que cada peregrino ofrece sus propias cruces y las del pueblo: el sufrimiento de los enfermos, las dificultades económicas, las heridas causadas por la violencia o la indiferencia. Finalmente, se puede hacer una oración de esperanza en la resurrección, como la que proponen varias guías de espiritualidad: “Jesús, te acompañaremos en el silencio estos días, esperando que tu palabra germine en nuestros corazones y contigo resucitemos a una vida nueva”. Así, la visita de los siete templos concluye con un gesto de confianza en que, tras la cruz, siempre llega la vida nueva que Dios promete.

Un Jueves Santo para transformar la ciudad

En la última parada, sea cual sea el templo escogido, muchos peregrinos optan por prolongar el silencio y hacer una oración más extensa, poniendo a los pies del Señor sus propias cruces: la enfermedad, las dificultades económicas, la falta de trabajo o los conflictos familiares. 

Es también el momento para renovar la esperanza en la resurrección y pedir que, así como Valledupar se transforma durante la Semana Mayor con procesiones, cantos y gestos de piedad, también cambien el corazón de sus habitantes y las estructuras que generan dolor e injusticia. De este modo, la visita de los siete templos deja de ser solo una tradición bonita para convertirse en una escuela de contemplación, compromiso y solidaridad cristiana en el corazón del Cesar.

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