Entre ‘stickers’, memes y chats veloces, los refranes y la jerga vallenata de Valledupar y toda la región Caribe se están perdiendo, llevándose con ellos parte de nuestra identidad. Cada día se ve con preocupación que los jóvenes usan más ‘stickers’ o escriben “LOL” antes que decir: “¡Ay hombe!, ¡qué vaina tan buena!”; o “más perdido que burro en feria”. Los refranes y la jerga que nos enseñaron los abuelos se están perdiendo, reemplazados por palabras de otros lugares que no reflejan nuestra cultura.
Como he explicado en espacios académicos ante psicólogos en formación: “El lenguaje no solo comunica ideas, también refleja nuestra identidad y nos conecta con nuestra historia”. Cada palabra vallenata que desaparece es como un acordeón que deja de sonar en la plaza: se apaga la melodía y se pierde parte del ritmo y la esencia del Caribe.
La tecnología nos conecta con el mundo, pero también puede alejarnos de nuestras raíces. Que los memes convivan con los refranes es posible, solo hace falta intención. Un “¡Ay hombe, no te me enredes!” aún debería escucharse en la plaza de Valledupar, en las calles de La Guajira y en los patios del Cesar. Si dejamos que los algoritmos decidan cómo hablamos, terminaremos usando palabras que no reflejan nuestro ser Caribe.
Un buen ejemplo es la cultura paisa: ellos son tan tradicionales que no pierden sus refranes ni su jerga, incluso sin libros, solo transmitiéndolos de boca en boca. Sus dichos pasan de generación en generación, enseñando valores, historia y formas de ver la vida. Como decía Vygotsky (1978) en “Mind in Society”: “El lenguaje es la principal herramienta de aprendizaje y desarrollo cultural”. Si ellos pueden mantener su lenguaje, ¿por qué nosotros dejamos que la globalización digital nos haga olvidar nuestras palabras y refranes Caribe?
En los colegios, los estudiantes pueden escuchar un “más enredado que cometa en quita y pon” y quedarse confundidos, mientras responden con gifs de TikTok. Cada frase olvidada es un lazo perdido entre generaciones. Nuestra jerga local, llena de ritmo y sabor, es como un tambor vallenato: identifica, enseña valores y une a la comunidad.
Bruner (1983) en Child’s Talk afirma: “El lenguaje es un vehículo para la cultura; a través de él aprendemos costumbres y formas de pensar”. Si no usamos la tecnología para reforzar nuestra cultura, perderemos nuestra identidad en nombre de la modernidad.
La invitación es clara: que la guacharaca siga sonando, que los refranes se cuenten en la plaza, en los hogares y en las escuelas. Que los jóvenes comprendan que la tecnología puede ser aliada si se usa para mantener nuestra música, dichos y jerga. Porque un Caribe que pierde sus refranes, pierde su voz y su sabor.
“Si dejamos que los ‘stickers’ hablen por nosotros, terminaremos sin voz Caribe, y eso sí que no tiene vuelta.
Por Dayana Ibarra Luque
Especialista en Psicología Educativa










