POLÍTICA

Las dos orillas de un mismo río: el vuelo de la coherencia

Colombia se debate hoy en un juego de sombras donde la derecha y la izquierda se lanzan piedras de odio.

Yarime Lobo.

Yarime Lobo.

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Desde mi retiro de las plazas públicas en aquel 2019, cuando decidí despojarme de los ropajes de la Alianza Verde para recuperar la libertad de mi propia voz, he dedicado los días a observar el silencio. 

He visto cómo el Cesar, mi tierra de azahares y olvidos, sigue atrapado en ese damero implacable que nos obliga a elegir un bando como quien elige una condena. 

Pero la vida, que es más sabia que la doctrina, me ha enseñado que la verdad no es un monolito, sino un poliedro de luces necesarias

Hoy, lejos de la disciplina de partido y con la piel curtida por la objetividad que da la distancia, me atrevo a mirar hacia el Capitolio no para buscar una bandera, sino para buscar una esencia.

Colombia se debate hoy en un juego de sombras donde la derecha y la izquierda se lanzan piedras de odio, olvidando que ambas habitan la misma casa en ruinas. 

En este escenario de ruidos sordos, surgen dos figuras que, desde orillas opuestas, han sabido tejer una coherencia que me conmueve: Claudia Zuleta y Katia Ospino. Para muchos, este puente que hoy tiendo será una herejía; para mí, es el único camino hacia la sanación de nuestra democracia. 

Son dos mujeres que han hecho de la palabra un escudo y de la vigilancia un apostolado, demostrando que la ética no tiene dueño y que la valentía no necesita permiso de los gamonales.

Claudia Zuleta, desde esa derecha que busca el orden y la solidez institucional, representa la templanza del carácter. Su voz en la Asamblea no fue un eco, sino un trueno que cuestionó el exceso y exigió la pulcritud en el manejo de lo sagrado: los recursos públicos. Claudia es la disciplina que construye, la mirada técnica que no se deja deslumbrar por los espejismos del poder regional. 

Por otro lado, Katia Ospino encarna esa izquierda visceral y necesaria, la que nace de la entraña del periodismo que denuncia y del llanto de los desposeídos. Katia es el viento que levanta las alfombras para mostrar el polvo que otros esconden; es la rebeldía que reclama justicia social con la fuerza de quien ha caminado el fango de la exclusión.

Votar por ellas no es un acto de confusión ideológica; es un acto de fe territorial. Es entender que el Senado necesita la estructura de Claudia para legislar con rigor y la llama de Katia para incendiar la indiferencia. Ambas son el revés y el derecho de una misma moneda: la dignidad del Cesar. 

Al invitar al lector a este espacio de reflexión, propongo que el ciudadano rompa el damero y elija la capacidad por encima de la etiqueta. Que la derecha de Claudia ponga la razón y la izquierda de Katia ponga el alma, para que en ese abrazo de contrarios, nuestro departamento deje de ser una anécdota de corrupción y sea, por fin, una promesa de libertad.

Al final, cuando las urnas cierren y el humo de la contienda se disipe, lo único que quedará será la huella de quienes no se vendieron

Yo, que colgué mi carné partidista para no hipotecar mi criterio, hoy los invito a votar por la coherencia de dos mujeres que, aun pensando distinto, aman este suelo con la misma intensidad poética. Porque el futuro de Colombia no se escribe con trazos negros o blancos, sino con el pulso firme de quienes se atreven a ser luz en medio de la tiniebla que oculta la magia de esos colores que estamos llamados a habitar todos.

Por Yarime Lobo Baute

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