OPINIÓN

Vida del excelentísimo obispo Rafael Celedón Ariza

En su honor se bautizó El Liceo Celedón, que lleva su apellido; sus restos reposan en la catedral.

Vida del excelentísimo obispo Rafael Celedón Ariza

Vida del excelentísimo obispo Rafael Celedón Ariza

Por: Ruth

@el_pilon

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El obispo Rafael María Celedón fue un religioso, poeta, filólogo y académico colombiano del siglo XIX. Nació en 1833, en la localidad de San Juan del Cesar (La Guajira); su educación estuvo a cargo de un tío materno, sacerdote, quien lo orientó hacia la carrera eclesiástica, su tío hizo las veces de padre.

Sus padres biológicos fueron  María del Rosario Celedón Herrera, proveniente de una familia muy distinguida, ya que era hija de un sacerdote español llamado Miguel Jerónimo Celedón, que con la señora Marta Herrera tuvo a esa hija; María del Rosario Celedón. Tuvo un hermano, sacerdote, llamado Agustín Celedón Herrera.

El padre del obispo fue Nicolás Ariza Basabil, sus abuelos paternos fueron Joaquín Ariza Redondo y Josefa Pastora Basabil de Castro; sus bisabuelos paternos fueron Mateo Ariza y Josefa Redondo.

El obispo Celedón fue tío de María Eugenia Ariza Acosta (la Pola) distinguida educadora, poetisa, escritora y políglota, hablaba cuatro idiomas, escribió una urbanidad en versos, se educó en Francia.

Nos cuenta el poeta e historiador Alfredo Mendoza Cuello lo siguiente, en su libro ‘El Viejo San Juan’: ‘’Cuando Rosario Celedón Herrera, madre del obispo, le comunicó a su novio Nicolás Ariza Basabil, padre del futuro obispo, que estaba sin venirle la regla o menstruación por tercera vez, dándole a entender que estaba embarazada, su compañero sentimental, futuro padre del obispo, no la acompañó en su preocupación y lo único que se le ocurrió contestarle fue: ‘’Eso es cosa suya’’; ante esta respuesta tan desalentadora, la que iba a ser madre del obispo, se sintió sola y deprimida, pero decidió no abortar porque era profundamente cristiana; ya que era hija de un sacerdote y a su vez tenía un hermano sacerdote. Se entabló una discusión y ella le tira la puerta y le gritó como una sentencia: ‘’¡Te he de ver aplastado como una alimaña!’’. El señor Nicolás Ariza le dio esta respuesta tan brusca a su compañera María Celedón, posiblemente porque él tenía otras relaciones amorosas con Rita Ariza Barros y con Timotea Celedón; con esta última tuvo una hija llamada Rosa Manuela Celedón Ariza, que vendría siendo hermana del obispo Rafael Celedón; de Rosa Manuela Celedón Ariza y de su padre Nicolás Ariza Basabil, descienden del compositor y músico Rafael Escalona Martínez y su hermana Abigail María Escalona; además sus hijos Santander y Estela Durán Escalona, o sea que todos los anteriores guardan parentesco con el padre del obispo Rafael Celedón Ariza, llamado don Nicolás Ariza Basabil, unido a la señora Timotea Celedón.

En cualquier día, Nicolás Ariza, compañero sentimental de María Celedón Herrera, parte en su mula hacia su finca y en el camino encuentra que estaban dándole con un hacha a un árbol para derribarlo, el árbol ya había traqueado y le cae encima a la mula y a Nicolás Ariza, ambos quedan aplastados como dos alimañas y mueren; así se cumplió la maldición de su compañera sentimental. Nicolás Ariza murió en la vereda de San Juan llamada Ahuyamal.

La señora María Celedón Herrera, al nacer su hijo (futuro obispo), se negó a conocerlo y lo regaló a sus padrinos Juan Vega y Hucha Guerra, quienes lo criaron hasta los doce años en San Juan del Cesar, donde hizo su primaria. Su tío materno, el sacerdote Agustín Celedón Herrera, lo lleva a Bogotá y allí estudia el bachillerato y la carrera de abogado, en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario; culminados sus estudios ingresó al colegio militar, y como consecuencia de la Quinta Guerra Civil Colombiana (1860-1862), librada entre conservadores y federalistas liberales, donde el obispo participó, y donde perdió todos sus bienes, se vio forzado a huir a Lima, donde estudió teología y se preparó para el sacerdocio. De vuelta en su país, se ordenó sacerdote en 1865 en la ciudad de Panamá, perteneciente a Colombia en aquellas fechas.

Rápidamente, regresó a su provincia y pasó a ocupar diversas parroquias en La Guajira, misionando en las zonas más elevadas de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde vivían comunidades Indígenas, conviviendo con ellas en la población de San Sebastián o Nabusímake, Celedón quedó convertido, en el superior de esas misiones en 1867. En 1877 fue nombrado rector del seminario provincial, después realizó un viaje a Estados Unidos por motivos de salud; vivió un año en Santo Domingo y conoció a Europa. A su regreso a Colombia en 1886, aceptó el cargo de obispo de Santa Marta; murió en 1902 a los 69 años habiendo recibido reconocimiento por su labor pastoral y Erudita.

Fue miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua, rector del seminario San José de Santa Marta, vicario en Ocaña, en su honor se bautizó El Liceo Celedón, que lleva su apellido; sus restos reposan en la catedral.

Se destacó en su trabajo como filólogo; la primera obra en ver la luz fue la gramática, catecismo y vocabulario de la lengua guajira, que contenía una introducción del lingüista Ezequiel Uricoechea (1834-1888). Este texto fue ampliado por Celedón y vio la luz en el tomo V de las obras completas de Jorge Isaacs.

En 1886 publicó otro estudio sobre la lengua kagaba. Este texto contiene un vocabulario español-Guamaka-Chimila-Vìntukua. En 1890 envió al congreso de Americanistas en París nuevos vocabularios sobre los dialectos Atanques y Bìntucua, estos trabajos fueron publicados en 1892. En 1899 llevó a las prensas una dramática castellana destinada a los estudiantes de las escuelas primarias del país. 

Nos dejó un libro de poesías titulado ‘Canto al Tequendama’, un catecismo y un tratado de álgebra, pero además un libro ‘La religión al alcance de todos’.

Cuando la vejez toca a María del Rosario Celedón, madre del obispo, empieza su calvario, y si se negó a conocer a su hijo cuando nació, ahora deprimida y amargada, grita que quiere conocerlo. Cuando el obispo Rafael Celedón Ariza llega a San Juan, la encontró ciega, así que ella no lo pudo conocer visualmente; entonces con sus manos y al tacto le tocó su frente, su nariz, su boca, su barba y sus orejas; con su rostro bañado en lágrimas, se llevó las manos a la cabeza y expresó: ‘’¡Si es igualito a su padre!’’. Vino la despedida y se abrazaron; él, en el fondo de su corazón le agradecía a su madre que le había cuidado su vida durante los nueve meses.

Por: Ruth Ariza Cotes en colaboración con Daniel Romero.
Genealogías MyHeritage y la Biblioteca Virtual de la Filología Española.

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