Hace un par de semanas en Valledupar no se hablaba de otra cosa que no fuera el enfrentamiento verbal entre Dayana Jaimes y Betsy Liliana González. La conversación pública se desbordó, Copetrán terminó haciendo marketing gratis y, entre tanto ruido, lo que más me inquietó fue la manera en que dos mujeres profesionales y admiradas por motivos diferentes a sus relaciones sentimentales, reprodujeron sin notarlo, las lógicas del machismo.
Dayana Jaimes en sus audios dirigidos a su excuñada Lily Díaz, dice: “(…) yo siempre duélate a ti, a Kelly, al que se le dé la gana, seré la VIUDA de Martín Elías Díaz Acosta. Y tú eres la que te dejaron, te dejaron por una MOZA, por una moza que hoy tiene el papel de SEÑORA, esa vas a ser tú, con tres hijos que te pusiste a parir creyendo que ibas a tener un hombre a tu lado, que iba a cambiar por ti, y no pasó así”. Más adelante agrega “ahorita Nella le mete otro hijo” refiriéndose a una tercera mujer con la que Evelio Escorcia, el ex de Lily Díaz, tiene un hijo.
En este discurso se perpetúan las narrativas de lo que en teoría feminista se conoce como el complejo de Madonna-Prostituta o Madonna-Amante, que describe cómo el patriarcado divide a las mujeres entre las “puras” y las “deseables”, entre la “señora” y la “moza”, negándoles la posibilidad de ser ambas cosas a la vez. En la lógica expuesta por Dayana, para pasar de un estatus a otro la única herramienta disponible parece ser la de “parir hijos” (como lo hizo Nella), reforzando así la idea de que el valor femenino depende de su capacidad para amarrar a un hombre a través de la maternidad. Pero que además cuando esta “artimaña” falla, la culpa es de la mujer, a la que se le acusa y se le castiga por el fracaso de un matrimonio en el que el infiel fue él. Toda la carga machista recae en Lily, en “la que dejaron”.
Vemos también que Jaimes eleva el tan anhelado papel de “señora”, regodeándose de su estatus de viuda porque significa que antes fue “la esposa de”. Con ello afirma la concepción errónea de que el título más prestigioso que una mujer puede ostentar es el de pertenecer a un hombre, cuando en realidad ella tiene muchas razones profesionales, personales y humanas para sentirse orgullosa, sin importar quien sea o haya sido su marido.
Unos días más tarde, la médica Betsy Liliana Gonzalez salió como fiera a defender a su hija Lily y también lo hizo usando narrativas machistas. Le reclama a Jaimes por haberse acostado (supuestamente) con el esposo de Lily, escogiendo unas palabras con las que expone a Dayana como la única responsable, la “mala mujer”, mientras el hombre queda como un objeto pasivo, sin voluntad ni culpa. Incluso llega a llamarla “acaba hogares”, como si él no tuviera agencia ni responsabilidad en el desenlace de la historia.
A propósito de esto, en su libro ‘Política sexual’, la teórica feminista Kate Millett explica: “La gran cantidad de culpa asociada a la sexualidad en el patriarcado recae abrumadoramente sobre la mujer, a quien, culturalmente, se considera culpable o la parte más más culpable, en casi cualquier relación sexual”.
Dos de los momentos más virales de los audios de Betsy Liliana son cuando compara a Dayana con la perra de Copetrán y cuando le advierte que puede sacar a la luz una lista “kilométrica” de hombres con los que, según ella, Jaimes ha estado.
En la comparación con “Cope” (que en realidad es el perro de Copetrán) González intenta atacar a Jaimes usando otro de los recursos del sistema patriarcal para oprimir a las mujeres: la violencia estética o body shaming que consiste en intentar hacer avergonzar a alguien por su aspecto físico, en especial a las mujeres, a las que por años se nos han impuesto mandatos de delgadez o voluptuosidad, según la época y la geografía, para encajar en el modelo deseable de feminidad.
En la amenaza de revelar el “kilometraje” de Dayana, Betsy cae en otra trampa del machismo recriminando a una mujer por tener deseo sexual y estar en capacidad de satisfacerlo. En otro aparte de los audios le dice explícitamente que “la dejaron por perra”, recordándonos que si un hombre ha tenido relaciones con muchas mujeres es algo admirable, pero si quien las tiene es una mujer, es motivo de desprecio. La balanza nunca se inclina a nuestro favor.
Los audios de Betsy Liliana nos revelan la realidad de la sociedad en la que vivimos, en la que el valor femenino sigue atado a la “buena reputación” y a unos estándares físicos imposibles. Los de la doctora Betsy son ataques que buscan humillar, pero también despojar a la otra de legitimidad. Decirle “flacucha”, “fea” o “promiscua” es una manera de recordarle que, incluso hoy, su cuerpo y su deseo siguen siendo vistos como asunto público y por lo que puede ser juzgada.
Pero la verdad es que ni Dayana ni Betsy tienen realmente la culpa de lo que dijeron. Ambas son producto de una cultura que nos enseñó a competir entre nosotras, a medir nuestro valor en función de un hombre y a defendernos usando las mismas armas que nos oprimen. Son mujeres atravesadas por un sistema que nos formó así. Lo que se filtró no fueron simples audios sino el reflejo de una educación sentimental que aún debemos desaprender.
Como lo explica la escritora y teórica feminista Bell Hooks, el patriarcado nos ha enseñado a mirar a otras mujeres como rivales y no como aliadas. Quizás ahí radica la verdadera tragedia detrás de estos audios: no la pelea en sí, sino el reflejo de una cultura que nos hizo creer que la enemiga siempre es otra mujer.
El verdadero reto es repensar el amor, liberarlo de la competencia y de la culpa, una tarea que en realidad nos involucra a todos. Solo cuando logremos desmontar esas trampas simbólicas de la señora, la viuda y la moza, podremos construir relaciones más justas, donde ninguna mujer tenga que ganar o perder para valer.
Por: Mariana Orozco Blanco.







