Gabo encontró en el Valle de Upar, con gran sorpresa y profunda alegría, la existencia de otras realidades mágicas paralelas a su Macondo de Aracataca.
Fue así como se enteró, extasiado, de los labios de la supervisora de educación Ruth Ariza, de varios mitos revestidos de magia.
A ella le tocaba transitar por las escuelas de los caseríos del municipio vallenato y al mismo tiempo oír las leyendas de los ancianos.
Ella le contó que, al paraje de Los Venados, había llegado un negro antillano, quien era curandero y brujo, llamado Makilón, y quien probablemente era un Chamán Yoruba y de allí había traído su cultura; él, en su escuela de hechicería, había enseñado a ser brujas y a volar, a varias señoras del pueblo, entre ellas a Rosa Camargo, Narciza Valera (Nacha) Madre del exgobernador Luis Rodríguez Valera, Andrea Escalona, Carmen Carrillo y Celedonia Mejía.
Ellas aprendieron a convertirse en cualquier animal, pero sobre todo en aves, que les permitían volar; lo que salía de ellas era el espíritu, convertida en animal; así el cuerpo de la bruja, quedaba aislado y volvía a ser humana cuando el espíritu regresaba al cuerpo; si el espíritu no regresaba al cuerpo, la persona se moría. Algunas brujas salieron perversas, robaban y hacían daños, entonces Makilón las castigaba.
La señora Celedonia Mejía era una gran liberal y cuando los conservadores se reunían, ella se convertía en una garza, que tenía el cuello negro, sin plumas, de la raza collongo; Y se paraba en la viga de la sala donde estaban reunidos, oyendo minuciosamente todo lo que planeaban los conservadores; al otro día, convertida en persona, visitaba a los liberales y les contaba todo lo que habían planeado los conservadores; era una especie de lleva y trae; cualquier día, a un conservador se le dio por maliciar la presencia tan continua, en sus salones, de esta garza, y decidió, molesto, darle un tiro en una pata.
Al otro día, amaneció la señora Celedonia manqueando con una pierna herida, la cual tuvo que cortársela y por eso la llamaban la ‘’Garza Mocha’’.
Gabo fascinado, ante este relato increíble, tomó atenta nota.
También se enteró de que en un caserío llamado Patillal, había un señor que había cumplido 130 años y no se moría; algún día, le avisaron que la señora Pacha Corzo había muerto de noventa años, a lo cual él contestó: ‘’Sí, no es nada raro que se haya muerto, pues para morir nacieron’’…
Es decir, que él no se incluía entre los que debían morirse, pues lo normal era que hubiese dicho: ‘’Para morir nacimos’’.
Otro hecho que lo sorprendió, fue observar que, en la procesión de la Virgen del Rosario, las mujeres vestidas de indias arahuacas, le obsequiaban a la Virgen, unos panes con diferentes formas de animales, diciéndole: ‘’Tomá María del Rosario, pa que te lo comai tú con tu hijo’’; es decir, trataban a la Virgen de tú a tú, como a una gran amiga y como si ella las estuviera oyendo.
También Gabo se enteró de cómo una Jovencita se había convertido en Sirena por haberse bañado en el rio Guatapurí un Viernes Santo, desobedeciendo a sus padres por ser este un día sagrado.
Otro episodio que lo conmovió fue la manera como apareció el Santo Eccehomo en Valledupar: había una gran sequía en la ciudad, hacía muchos meses que no llovía y los animales y las plantas se estaban muriendo; en eso apareció un hombre de piel negra que venía a pie de Rincón Hondo, era un hombre callado, observador y muy sabio; al llegar al valle se enteró de la sequía, pero también supo que la ciudad no tenía un patrón a quien pedirle, por ello les propuso que le dieran un pedazo de madera y que él se encargaría de hacer ese santo Patrón.
Se encerró y durante nueve días se le llevaba por una ventana la comida y los vecinos oían al diario el tan-tan del escultor. Después de los nueves días observaron un silencio y abrieron a la fuerza la puerta: unos cuentan que encontraron los platos de comida sin tocar y la esfinge de Santo Eccehomo terminada; otros dicen que, al abrir la puerta, el hombrecito echó sus brazos para la espalda y se convirtió en el Santo Eccehomo, que es hoy la imagen más milagrosa que tienen los vallenatos.
Oyó también asombrado, cómo cuatro trotamundos, descalzos o con guaireñas, a pie o subidos en sus burros, tocaban primero una violina y silbaban, pero años después, ya tocaban un acordeón al tiempo que cantaban y recitaban canciones, las cuales suspendían para entregar un recado; en estas andanzas tuvieron un duelo musical con el demonio, en el cual salieron vencedores, después de rezarles al demonio, el credo al revés; quien huyó despavorido ante lo desconocido ya que el sí conocía el credo, pero al derecho.
También Gabo sintió nostalgia cuando encontró aquí en la ciudad una fábrica de hielo de un señor Pacho Bustamante, que la tuvo antes del señor Avelino Romero y que le hizo recordar cuando su padre lo llevó a conocer el hielo. Los primeros vendedores callejeros de raspados, compraban el bloque de hielo a cinco centavos el bloque.
También se enteró Gabo, de que los mamus o sacerdotes de la Sierra Nevada, se hacían invisibles convirtiéndose en un gajo de guineo o en un animal cuando los perseguían.
Otra historia que lo conmovió, fue que cuando trasladaron a Valencia de Jesús de Pueblo Bello a donde está actualmente, en el año de 1700, había una iglesia con una puerta llamada la puerta del perdón y cuando un delincuente cometía un acto muy grave era perseguido para castigarlo; si este lograba tocar la puerta del perdón, era perdonado y no se le aplicaba el castigo; esta iglesia existe hoy en día en dicha población y es la única en Colombia que está situada, no a un lado sino en el centro de la plaza.
Otra historia que Gabo oyó: fue que cuando los indios tupes queman a Valledupar en el año de 1581, huyen y son perseguidos por los españoles; sabedores los indios que los españoles iban al poblado donde había una laguna, la envenenaron con Barbasco para que, al calmar la sed, los españoles detuvieran su agresividad; cuenta la leyenda que apareció una niña hermosa que era la Virgen del Rosario, que con una varita fue tocando a uno por uno los españoles para que no murieran y los hizo resucitar; tiempo después el gobierno español hizo ahorcar a los indios Tupes que se involucraron en el incendio. Hoy en día los indios que aún subsisten, expresan que la virgen del Rosario no los quiere a ellos porque no los libró de la horca y sí salvó a los españoles.
Se enteró Gabo también, que en la Sierra Nevada hay una laguna llamada Naboba, que se encarga de unir a los matrimonios que están a punto de divorciarse o separarse; para ellos hay un mamo o sacerdote que le otorga el permiso a los matrimonios que están en peligro de desunirse para que se bañen en ella.
Otra de las versiones que oyó Gabo es la de la culebra Doroi: Es una culebra gigantesca que tiene cachos y barba como chivo; y baja cuando los ríos están crecidos; de ella se dice que cuando una mujer embarazada la oye cantar, su hijo saldrá siendo un gran cantador. Esto le pasó a mama Icha cuando tuvo a su hijo Diomedes.
Escuchó también Gabo que un señor llamado Francisco Valle, quien fue el primero que trajo la luz a la ciudad, tenía en su casa unos frascos donde vivían unos monitos y que cuando él los destapaba, estos monitos salían y se dedicaban a tirarle piedras a los techos de las casas, le tocaba a él salir corriendo y darles la orden de que se metieran, tapándoles las bocas a los frascos para que no siguieran haciendo daño
Con estas historias y otras, Gabo quedó sorprendido y por ello expresó: ‘’Que él era un simple notario de la realidad y que él no inventó el realismo mágico’’, sólo lo descubrió estando este oculto y que inclusive hay cosas reales que él tiene que desechar, porque sabe que no se pueden creer, y que siempre ha de parecerse más real cuantas más mentiras sea.
Por: Ruth Ariza Cotes.







