Cuando, junto con un grupo de amigos, presentamos ante la autoridad competente la Acción Popular en defensa del río Guatapurí, el más emblemático de Valledupar, lo hicimos con el propósito de lograr medidas de protección, conservación y restauración. Nuestro objetivo era implementar correctivos que lo revitalizaran, pensando en una ciudad que cada día crece y que hoy, según el DANE, supera los 570 mil habitantes.
El Tribunal Administrativo del Cesar emitió una sentencia con medidas cautelares, pero hasta ahora esa iniciativa no ha recibido la importancia debida por parte de las entidades gubernamentales. La idea inicial era que el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en conjunto con las entidades regionales, liderara un megaproyecto centralizado en una sola bolsa nacional de recursos, lo que habría permitido un proceso más dinámico, transparente y coherente.
Duele profundamente que esta oportunidad se esté desperdiciando. Por ello acudo a la prensa de mi ciudad, para que, a través suyo, le digamos al mundo que ayude al río Guatapurí, un cuerpo de agua lleno de vida y de riquezas culturales, que abastece a pueblos enteros. Sería lamentable que, por su deterioro, este territorio se quedara sin un afluente que constituye patrimonio de los vallenatos y del universo.
Invito a todos a que hagamos equipo y saquemos adelante esta Acción Popular por el bien común, sumando el apoyo de la academia, universidades, estudiantes, clase política, empresa privada y, por supuesto, los gobiernos nacional y local.
Quienes promovimos la Acción Popular somos ciudadanos conscientes de que cualquier inversión destinada al río es valiosa y bienvenida. Sin embargo, creemos que, si actuamos de manera unificada, desinteresada y sin egoísmos, lograremos mejores resultados. Hoy el Gobierno central impulsa un plan estratégico para conservar los ríos de Colombia, con acciones de reforestación y lucha contra la crisis climática, apuestas de la administración del presidente Gustavo Petro, que ya tienen eco en todo el país. ¿Por qué no aprovecharlo? ¿Por qué el miedo? Si seguimos como hasta ahora, no avanzaremos.
La Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) es, en gran medida, responsable de esta tragedia ambiental. No compartimos la manera en que sus directivos y funcionarios pretenden liderar, de forma aislada, la recuperación del río. Esa visión limitada imposibilita soluciones de gran escala. Un ejemplo: la construcción de unos gaviones, con una inversión de $35.806.061, pudo haberse convertido en un aporte inicial para un gran fondo conjunto, pero la politiquería se impone.
El fallo judicial amparó derechos colectivos, lo cual nos faculta para exigir medidas que controlen la contaminación de la fuente hídrica desde su nacimiento hasta la desembocadura. Incluir en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) la recuperación del río y su ecosistema es fundamental. Todo ello obliga a un estricto control y vigilancia, para reducir los efectos contaminantes que generan las aguas residuales en la cuenca y otros cuerpos de agua. Es indispensable también hacer respetar su ronda hídrica, hoy invadida, y ejercer control efectivo sobre la desviación de acequias utilizadas para riego de cultivos en la región.
El tiempo se agota. El río clama, y la historia juzgará si fuimos indiferentes o si supimos unirnos para salvar el afluente que le da identidad y vida a Valledupar.
Por: Gustavo Cabas Borrego
cabasgustavo@hotmail.com






