Lo ocurrido esta semana podría marcar un antes y un después en la política colombiana. No por un discurso en plaza pública ni por un debate televisado, sino por algo mucho más propio de esta época: un stream El jueves 26, el presidente Gustavo Petro se sentó frente a Westcol, uno de los creadores de contenido más influyentes del país, y el 10 de mayo a las 4:00 p. m. será el turno con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, figura central de la oposición.
Ambos han decidido hablarle a una audiencia que ya no está frente al televisor, sino conectada a plataformas como Kick, en un movimiento que refleja cómo la política está migrando hacia nuevos formatos digitales.
Lo que parece una simple entrevista refleja un cambio profundo: la política colombiana, como ya ocurre en países como Estados Unidos, España o El Salvador, está dejando de depender solo de los medios tradicionales para hablarle al público. Hoy, streamers, tiktokers y creadores digitales comparten ese espacio y conecta especialmente con audiencias jóvenes.
Ejemplos claros son Nayib Bukele apoyándose en youtubers como Luisito Comunica, Alexandria Ocasio-Cortez haciendo directos en Twitch para interactuar con votantes, o Íñigo Errejón participando en podcasts y formatos de YouTube para acercarse de manera más informal. La política, en este nuevo escenario, no solo cambia el mensaje, sino también el formato en el que se comunica.
La decisión de Petro y Uribe no es casual. Ambos entienden que la batalla por la atención y por la legitimidad, se está librando en otros terrenos. Westcol no solo tiene audiencia; tiene influencia. Su comunidad no lo percibe como un periodista distante, sino como alguien cercano, auténtico, “uno de los suyos”. Y ahí radica el verdadero cambio: la confianza.
El encuentro entre Westcol y Gustavo Petro generó un impacto masivo en la conversación digital según plataformas de Social Listening, alcanzando cerca de 50 millones de personas y más de 7.600 menciones en 24 horas, lo que evidencia el poder del streaming como canal político. Sin embargo, el análisis de sentimiento muestra un entorno altamente polarizado, con predominio de opiniones negativas (51%), frente a un 39% neutral y solo un 10% positivo. Los temas que más movilizaron la conversación fueron el recorrido por la Casa de Nariño, la discusión sobre seguridad y legítima defensa, y el propio formato Westcol x Petro.
En conjunto, los datos reflejan que, aunque el alcance fue significativo, la polémica (especialmente en torno a seguridad) fue el principal motor de visibilidad, reforzada por un tono coloquial que amplifica la interacción, pero también la crítica.
Durante décadas, la política se apoyó en la institucionalidad de los medios para construir credibilidad. Hoy, esa confianza se ha fragmentado. Muchos jóvenes ya no creen en noticieros ni en editoriales, pero sí en creadores que hablan su mismo lenguaje, que improvisan, que reaccionan en tiempo real. No buscan necesariamente rigor, sino conexión.
Esto plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando la política entra en un formato diseñado para entretener? El streaming privilegia la espontaneidad sobre la profundidad, la emoción sobre el análisis, el clip viral sobre el argumento estructurado. En ese entorno, el riesgo de simplificación e incluso de banalización es alto. Pero ignorarlo ya no es una opción viable para quienes aspiran a gobernar.
Sin embargo, este nuevo escenario también implica responsabilidades. Si los streamers van a ocupar un lugar central en la conversación pública, deberán enfrentar preguntas que antes no les correspondía: ¿cómo equilibrar entretenimiento y rigor? ¿cómo evitar convertirse en vehículos de propaganda? ¿qué tipo de preguntas hacer cuando se tiene frente a figuras de poder?
Colombia no está inventando este fenómeno, pero sí está entrando de lleno en él. Lo que ocurra en estos encuentros entre Westcol, Petro y Uribe no será un hecho aislado, sino posiblemente el inicio de una nueva etapa donde las campañas, los discursos y las estrategias políticas se diseñen pensando más en el algoritmo que en el titular.
La política, como tantas otras cosas, ya no se está discutiendo en los mismos lugares. Y quien no entienda eso, probablemente ya llegó tarde.
Alfredo Jones Sánchez – @alfredojonessan







