Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) están rápidamente cambiando la forma como interactuamos con el mundo. Pasamos de un Internet de las personas a un Internet que comunica cosas (objetos). Hoy en día, las empresas desarrollan productos y servicios para el mercado que pueden haber sido inimaginables hace una década: cámaras conectadas a Internet que permiten al usuario postear imágenes en línea con un simple click; automatización de casas (domotización) con sistemas que apagan las luces del hogar cuando se sale del mismo o que gradúan la temperatura según el número de ocupantes presentes, luminosidad, ruido y hora del día; y hasta tecno accesorios (wearables) que se utilizan para monitorear vacas para aumentar la productividad, el comportamiento y fertilidad de las mismas. Todos estos son ejemplos del Internet de las Cosas -Internet of Things (IoT)-, un ambiente interconectado donde todo tipo de objetos tiene una presencia digital y tienen la capacidad de comunicarse entre ellos mismos y sus usuarios. En otras palabras, un ecosistema que permite no solamente la interacción de dispositivos conectados, sino también la recolección, procesamiento y transmisión de datos.
El sector agrícola no es ajeno a esta explosión de objetos conectados a Internet, ubicando al IoT más allá de una simple tecnología, y más cerca de un concepto que redefine la forma como interactuamos con el mundo físico y digital para optimizar los procesos productivos de diferentes sectores. Dentro de los ejemplos de IoT en la agricultura, podemos observar las aplicaciones que incluyen el seguimiento de vehículos agrícolas, monitoreo de ganado, monitoreo de almacenamiento de material, entre otras operaciones agrícolas. Así, los sensores se pueden implementar en la granja: en el suelo, en el agua, en vehículos, etc., para recopilar datos. Los datos recopilados se almacenan en el sistema o servidor en la nube y el agricultor puede acceder a ellos a través de Internet por medio de sus teléfonos móviles.
Sin embargo, y para entender los beneficios que promueve el IoT en la transformación de “granjas 4.0”, debe primero precisarse, puntualmente, qué es IoT. Si bien no existe una definición universalmente aceptada, podría decirse que cualquiera sea la definición que se adopte sobre IoT existen, por lo menos, 5 características que delinean el mismo concepto: i) Interconectividad: lo que sugiere que cualquier cosa u objeto puede estar interconectado con una infraestructura de información y de comunicación global. ii) Cosas relacionadas con servicios: IoT es capaz de proveer cosas relacionados con servicios dentro de las mismas limitaciones de las cosas (e.g. protección de la privacidad y de los datos personales); iii) Heterogeneidad: Los dispositivos en IoT son heterogéneos dado que operan en diferentes plataformas y redes, pudiendo interactuar con otros dispositivos o plataformas a través de diferentes redes; iv) Cambios dinámicos: El estado de dispositivos cambia dinámicamente (e.g., durmiendo y caminando, conectado o desconectado así como el contexto de dispositivos incluyendo ubicación y velocidad). Asimismo, los mismos dispositivos cambian rápidamente; y v) Enorme escala: El número de dispositivos que necesitan ser gestionados y que se comunican uno con otro serán, al menos en orden de magnitud, mayor que los dispositivos conectados a Internet.




