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Viernes de terror en el Valle del Cauca: Ataques con vehículos bomba sacuden Cali y Palmira

Una ofensiva terrorista contra los batallones Pichincha y Agustín Codazzi pone en jaque al suroccidente colombiano.

Atentados en el Valle del Cauca.

Atentados en el Valle del Cauca.

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El departamento del Valle del Cauca experimentó una jornada de extrema tensión el viernes 24 de abril, marcada por dos ataques terroristas dirigidos contra bases militares. El primer ataque con explosivos ocurrió en horas de la tarde en Cali, cuando un vehículo tipo buseta fue cargado con explosivos y activado en las inmediaciones del Batallón Pichincha, perteneciente a la Tercera Brigada del Ejército. La explosión, que generó pánico en el sur de la capital vallecaucana, no solo afectó la infraestructura militar, sino que dejó daños en viviendas y locales comerciales aledaños, dejando al menos una persona herida y una estela de humo visible desde varios puntos de la ciudad.

La mujer que resultó herida tiene 42 años y presenta trauma craneal leve, trauma cerrado de tórax, lesiones en extremidades y columna. A pesar de las lesiones su estado de salud es estable.

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Apenas unas horas después, cuando los vallecaucanos aún procesaban lo ocurrido en Cali, el terror se trasladó hacia el municipio de Palmira. En horas de la noche, un bus escolar que había sido robado días antes fue estacionado frente al Batallón Agustín Codazzi. El vehículo, cargado con tres cilindros bomba, fue detonado de manera remota, provocando una explosión de gran magnitud que, afortunadamente, no cobró vidas humanas de milagro, aunque sí causó destrozos severos en la fachada de la unidad militar y en varios vehículos particulares que transitaban por el sector en ese momento.

A diferencia de otros ataques aislados, estos hechos no fueron simultáneos, sino que parecen responder a una estrategia escalonada de terrorismo urbano. El intervalo entre la explosión de Cali y la de Palmira sugiere una planeación logística diseñada para dispersar la capacidad de respuesta de las autoridades y mantener el estado de zozobra durante todo el día. Los informes de inteligencia señalan que el uso de vehículos convencionales, como buses de transporte público y escolar, busca burlar los controles de seguridad y maximizar el impacto mediático del ataque.

Las autoridades han atribuido esta ofensiva a la estructura ‘Jaime Martínez’ de las disidencias de las Farc, bajo el mando de alias ‘Iván Mordisco’. Este grupo armado ha intensificado sus acciones en el suroccidente del país como respuesta a la ruptura del cese al fuego por parte del Gobierno Nacional. El uso de “cilindros-bomba” lanzados desde vehículos es una táctica que estas estructuras han retomado para atacar guarniciones militares sin necesidad de un enfrentamiento directo, poniendo en riesgo directo a la población civil que habita cerca de los batallones.

La reacción institucional fue inmediata pero marcada por la urgencia. El alcalde de Cali, Alejandro Eder, y la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, se pronunciaron condenando los actos y ofreciendo recompensas de hasta de 200 millones de pesos por información que conduzca a los responsables. “Los vamos a perseguir”, fue el mensaje contundente de la mandataria departamental, quien exigió al Ministerio de Defensa un despliegue extraordinario de inteligencia para anticipar estos ataques que están vulnerando el corazón de los centros urbanos más importantes del departamento.

Al cierre de la jornada, el Valle del Cauca permanece en alerta máxima. La comunidad de Cali y Palmira enfrenta un panorama de incertidumbre, con operativos de registro en curso y un despliegue masivo de la fuerza pública en las calles. Estos ataques contra los batallones Pichincha y Agustín Codazzi representan un punto de quiebre en la seguridad regional, obligando a las autoridades a replantear los perímetros de seguridad de las instalaciones militares y a reforzar la protección de la infraestructura crítica ante la amenaza latente de nuevas acciones terroristas.

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