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Valledupar: el hambre que crece en medio de la abundancia

Mientras Valledupar cuenta con más de 207 mil hectáreas con vocación agrícola, miles de familias enfrentan inseguridad alimentaria. El análisis de Valledupar Cómo Vamos advierte sobre el crecimiento del hambre, la pobreza y la necesidad de fortalecer la producción rural para garantizar el bienestar de la población

Hambre en Valledupar. FOTO: Suministrada

Hambre en Valledupar. FOTO: Suministrada

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Hay una contradicción dolorosa que Valledupar ya no puede seguir ignorando: en una tierra fértil, con vocación agrícola y miles de hectáreas aptas para cultivar, cada vez más familias están pasando hambre.

La realidad social empieza a reflejarlo con crudeza. Según datos citados en el Informe de Calidad de Vida 2025 -cifras de la encuesta Pulso Social del DANE de 2023-, el 46 % de los hogares de Valledupar reportó consumir dos o menos comidas diarias, monto muy por encima del 29 % que corresponde al promedio nacional. La diferencia revela que el hambre dejó de ser un fenómeno marginal y comenzó a convertirse en un problema estructural de ciudad y de todo el municipio.

Lo más preocupante es que esta situación avanza silenciosamente. No siempre se manifiesta en imágenes extremas de desnutrición aguda. Muchas veces aparece disfrazada de rutina: niños que cenan únicamente pan y gaseosa, adultos mayores que reducen sus comidas para alimentar a sus nietos, familias que sustituyen proteínas por carbohidratos baratos porque el ingreso no alcanza para más. Esto es el reflejo de lo que se conoce como “hambre oculta”. Pocos y pésimos nutrientes.

En la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 -de Valledupar Cómo Vamos- encontramos que el 51 % de las personas encuestadas declaró que los ingresos del hogar no son suficientes para algunas de sus necesidades básicas y adicionalmente otro 3 % no cubre la totalidad de ellas. En la misma encuesta el 5 % respondió que algún miembro de su hogar tuvo que comer menos de tres comidas diarias porque no había suficientes alimentos, lo que nos muestra que detrás del hambre existe una cadena de causas económicas y productivas que Valledupar necesita discutir con seriedad.

La primera es el desempleo y la precariedad de los ingresos. Una familia sin ingresos suficientes inevitablemente sacrifica calidad alimentaria. En 2024, el 13 % de las familias en Valledupar estaban en condición de pobreza monetaria extrema, es decir, en esas proporciones hay un grupo poblacional que no tiene para alimentarse adecuadamente y están pasando hambre.

La segunda es el bajo nivel de productividad agropecuaria. Mercabastos y las grandes superficies de la ciudad importan de otras regiones del país la mayoría de los alimentos que se consumen en Valledupar, pagando altos costos de transporte y comercialización, mientras que extensas tierras fértiles permanecen sin aprovechamiento productivo. La lista de esos productos y sus lugares de origen puede consultarse en el documento “El Cesar y Valledupar en las elecciones 2023”, escrito por CESORE.

Según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria – UPRA, si a las 422.500 hectáreas que componen el municipio de Valledupar, se les resta la zona de reserva forestal, el parque nacional Sierra Nevada de Santa Marta, los resguardos indígenas, las rondas de ríos, las áreas urbanizadas y las tierras no aptas para cultivo, quedan 207.373 hectáreas (49 %) con vocación agrícola. Sin embargo, durante 2024 apenas se sembraron 16.602 hectáreas. Esto demuestra que hay mucha tierra disponible para trabajar en el campo y oportunidades asociadas para eliminar la pobreza municipal.

Esa cifra no representa solamente tierra abandonada, sin consecuencias. Son oportunidades perdidas, empleo inexistente, alimentos que no se producen y mesas vacías en numerosos hogares vallenatos.

La ciudad, en términos prácticos, está comprando afuera lo que podría producir adentro del municipio. Pero habilitar esas tierras no depende únicamente de discursos políticos o de aspiraciones de las juntas de acción comunal. Requiere infraestructura rural, sistemas de irrigación, vías terciarias transitables, acceso a energía, maquinaria y asistencia técnica. También exige crédito, tecnología y mercados que garanticen al campesino vender su producción a precios justos.

Al revisar el programa de gobierno encontramos una línea de acción que ya debería estar dando resultados desde las primeras sesiones del Concejo en 2024: “Impulsar la competitividad rural, a través de la provisión de bienes y servicios sectoriales que permitan hacer de las actividades agropecuarias una fuente de riqueza para los productores del campo”. Sin esas condiciones, el potencial agrícola seguirá siendo solamente una cifra en documentos oficiales como lo registra desde Bogotá la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria del Ministerio de Agricultura.

Las consecuencias sociales ya son visibles. Hay desnutrición en jóvenes, en adultos mayores y en niños. En 2023, la tasa de mortalidad por desnutrición en menores de cinco años fue de 16,92 por cada 100.000 infantes, lo cual continúa siendo motivo de alarma para Valledupar. Junto al deterioro nutricional aparece otro fenómeno igual de grave: la reproducción de la pobreza.

La acción propuesta para la construcción de 10 centros de desarrollo infantil, operados por el Instituto de Bienestar familiar no debería quedarse en una aspiración transcrita en el programa de gobierno. Hay que trabajar en las bases y redes que soporten las condiciones de nutrición de los protagonistas del futuro de Valledupar; esto es mucho más que el plan de alimentación escolar: hay también que establecer redes de suministros provenientes de nuestro campo, administrar flujos de colaboradores, generar reportes frecuentes sobre las familias más necesitadas y un seguimiento estricto a los casos de desnutrición severa.

Un niño mal alimentado tiene mayores dificultades de aprendizaje. Un joven con inseguridad alimentaria reduce sus posibilidades de rendimiento académico y laboral. Un adulto desnutrido pierde capacidad productiva. Así, el hambre deja de ser únicamente un problema humanitario y se convierte en un obstáculo para el desarrollo económico de toda la ciudad.

Por eso, la solución no puede limitarse a ayudas asistenciales temporales como las entregas de mercados a algunas familias para llenar el reporte de metas en un documento de seguimiento. Valledupar necesita una política integral de seguridad alimentaria basada en el ordenamiento productivo del territorio.

La administración municipal tiene el desafío de convertir las promesas del programa de gobierno sobre tres componentes esenciales: “Disminuir la pobreza en todas sus formas”, “Reducir el hambre, lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición de nuestros habitantes” y “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”. El alcance de esos tres planteamientos conlleva esfuerzos medibles en la ciudad y también en infraestructura rural, el fortalecimiento de vías terciarias y conectar efectivamente el campo con los mercados urbanos.

Asuntos tan serios como la niñez, la desnutrición, el hambre y la pobreza no puede relegarse a la dispersión de acciones entre las distintas secretarías municipales y tratar de unir los puntos al final del año a ver que resulta. Aquí la acción unificada es fundamental. Hay que trabajar en los barrios, las comunas, los corregimientos, para acercarnos a la visión de “… convertir a Valledupar en un municipio próspero, seguro y atractivo para la inversión.”

Desde Valledupar Cómo Vamos proponemos que se le dé prioridad de atención a los grupos con alta densidad de población que estén ubicados en los 15 asentamientos irregulares con mayores precariedades y que presentan características de bajos ingresos y desempleo. Por su estado crítico, requieren contar con seguridad alimentaria inmediata, comedores comunitarios y subsidios bien administrados; todo esto mientras se consolidan acciones de mediano plazo con los demás actores de la sociedad y de la economía.

Aquí entra la implementación de “Los mecanismos de gestión para la inclusión de los pequeños y medianos productores de las cadenas agroproductivas a los mercados” que ya la administración municipal tenía previsto desde los primeros esbozos del Plan de Desarrollo.

Sugerimos vincular de manera permanente la academia, que también tiene responsabilidades ineludibles. Las universidades externas y locales no pueden permanecer aisladas de esta realidad, solo hay que invitarlas a ser parte de la solución. Facultades de agronomía, economía y ciencias sociales deben liderar procesos de acompañamiento técnico, innovación rural y formación productiva para pequeños campesinos.

De otro lado, los gremios productivos podrían asumir un papel más activo en la construcción de cadenas de valor incluyentes. Producir más no es suficiente si el campesino continúa excluido de los beneficios económicos de esa producción.

Finalmente, la ciudadanía debe exigir resultados concretos. La seguridad alimentaria no puede quedarse en discursos institucionales ni en indicadores abstractos. Debe reflejarse en hogares donde los niños puedan comer tres veces al día, en madres que no tengan que escoger entre pagar un recibo o comprar alimentos, y en comunidades rurales con oportunidades reales de producción y empleo.

Valledupar enfrenta hoy una decisión histórica: continuar normalizando el hambre en medio de la abundancia o transformar su potencial agrícola en bienestar colectivo, porque el verdadero desarrollo de una ciudad no se mide únicamente por sus edificios, sus avenidas o sus cifras económicas. También se mide por algo mucho más básico y mucho más humano: la posibilidad de que su gente pueda alimentarse dignamente.

Valledupar Cómo Vamos es una iniciativa del sector privado y la academia que hace seguimiento a las políticas públicas del municipio y contribuye con propuestas para mejorar la calidad de vida. Generamos y difundimos información técnica, confiable e independiente para fortalecer la toma de decisiones de ciudadanos, instituciones y autoridades.

Los socios de Valledupar Cómo Vamos son: Centro de Estudios Socioeconómicos y Regionales- Cesore, EL PILÓN, Radio Guatapurí, Inversiones Pameca S.A., Comfacesar, Colegio Santa Fe, Castro de Quintero & Cía. S.C.A., Endogastro del Cesar S.A.S., MS Construcciones S.A.S., Orbe Construcciones, Fundación Carboandes, Cámara de Comercio de Valledupar, Universidad UDES y Comité Intergremial del Departamento del Cesar.

Por: Alberto Gutiérrez Pineda / Director del programa “Valledupar Como Vamos”

Temas tratados
  • agricultura
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  • calidad de vida
  • desarrollo rural
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