La noche de espantos, brujería y relatos del más allá se tomó el FELVA 2026 con el conversatorio entre el escritor e investigador Esteban Cruz Niño y el periodista Edgardo Mendoza, un diálogo que dejó al descubierto cómo el pensamiento mágico sigue siendo una clave para leer la historia y la vida cotidiana de los colombianos. Desde una antigua cárcel en el centro histórico de Valledupar, hoy escenario cultural, las historias de brujas, monstruos y ovnis conectaron la memoria local con los miedos y creencias de todo el país.
Mendoza abrió la conversación recordando que el lugar que hoy acoge la Feria del Libro fue, décadas atrás, la cárcel El Mamón, en una zona de tolerancia del viejo Valledupar, donde encerraban a los hombres tras las peleas de cantina mientras las mujeres “amanecían libres”. Esa imagen, dijo, alimentó el dicho de que “volaban como brujas”, un ejemplo de cómo el pueblo convierte la vida diaria en mito para explicar lo que no encaja en las normas de la época.
Periodismo de misterio
Cruz Niño, uno de los autores más reconocidos en el país por sus investigaciones sobre misterio y fenómenos inexplicables, definió su trabajo como “periodismo de misterio” y no como simple literatura de terror. Aseguró que sus libros nacen de preguntas que todos se hacen, pero que nadie ha podido resolver del todo: qué pasa después de la muerte, si hay vida en otros mundos o quién nos observa desde el cielo cuando miramos las estrellas.
El escritor recordó que su inmersión profunda en la brujería y el pensamiento mágico se consolidó de la mano del periodista Germán Castro Caycedo, autor de La bruja. Contó que el maestro, ya en sus últimos años, evitaba hablar de ese libro porque temía ser recordado solo por esa obra, y le sugirió a Cruz que fuera él quien escribiera una “segunda parte”. De allí nació El libro negro de la brujería en Colombia, construido con casos reales que muestran cómo estas prácticas atraviesan todas las clases sociales.
En el escenario, Cruz Niño insistió en que la brujería no es un asunto marginal ni exclusivo de las veredas. Recordó que personajes como Pablo Escobar o el expresidente Ernesto Samper recurrieron a brujas y rituales, y que ministros, empresarios y figuras públicas también acuden a lo oculto en busca de respuestas o protección. “Desde los más ricos y poderosos hasta las personas más humildes tienen pensamiento mágico”, afirmó, cuestionando la idea de que se trata solo de superstición campesina.
Alien en el Caribe
Uno de los momentos que más sorprendió al público fue el relato de un expediente ovni ligado a la costa Caribe. Entre los documentos desclasificados por la CIA sobre el fenómeno, explicó, hay cinco casos colombianos, uno de ellos ocurrido en 1957 frente a la isla de Barú, donde un barco de la Armada reportó la aparición de “una especie de esfera de luz” sobre la embarcación, hecho que despertó el interés del gobierno de Estados Unidos.
Décadas después, ya en 2017, otra historia alimentó el imaginario del Caribe en el corregimiento de Pasacaballos, cerca de Cartagena. Los vecinos empezaron a denunciar que por las noches alguien les lanzaba piedras, rompía tejas, fracturaba vidrios y hasta arrojaba ladrillos contra los techos. Con el tiempo, los testigos comenzaron a describir a un supuesto agresor: un ser humanoide, de alrededor de 1,60 metros, muy peludo, con cara y patas de chivo, que dejó huellas en el suelo y terror en el pueblo.
Así nació la leyenda del “monstruo de Pasacaballos”. Según contó Cruz Niño, algunas personas aseguraron haberlo visto de frente y coincidieron en un detalle inquietante: cuando le reclamaban por los daños, el ser respondía con una sola frase, “Tengo una misión”, antes de salir corriendo. El miedo fue tan grande que el caso llegó a la Alcaldía de Cartagena; en una rueda de prensa, las autoridades reconocieron la existencia del “monstruo”, aunque después presentaron un traje peludo y atribuyeron los hechos a un presunto ladrón que aprovechaba el pánico para robar.
Duende rumbero de Barranquilla
El autor conectó este tipo de historias con otros relatos del Caribe registrados en su libro Espantos y criaturas paranormales de Colombia: el llamado Duende Rumbero en Barranquilla, asociado a una esquina donde se reportan apariciones que lanzan piedras, o la sirena cercana a un caño, vinculada a desapariciones y encantamientos. Para Cruz Niño, estos espantos son “patrimonio de los niños y de los pueblos”, y su investigación busca preservarlos como parte de la memoria cultural.
En el FELVA 2026, entre recuerdos de la vieja cárcel El Mamón y el bullicio del centro histórico de Valledupar, quedó claro que, para entender a Colombia, sus miedos y sus esperanzas, aún sigue siendo necesario escuchar con atención las historias de espantos y brujas.







