A medida que el susurro de la danza del Pilón comienza a recorrer las calles de Valledupar, la proximidad de la 59.ª edición del Festival de la Leyenda Vallenata ha trasladado la atención de los escenarios a las vías públicas. La gran incógnita que hoy comparten propios y visitantes es si la estratégica Avenida Simón Bolívar estará plenamente habilitada para albergar el imponente flujo de personas y los eventos programados, especialmente el emblemático Desfile de Piloneras.
La preocupación ciudadana no es menor, pues esta avenida funciona como el eje vital que conecta los puntos de inicio y final de los recorridos. El retraso evidente en los acabados de andenes y la instalación del mobiliario urbano representa un riesgo potencial para la seguridad de los miles de bailarines y espectadores que se agolpan en las aceras.
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Ante este panorama, Gobernación, Alcaldía y Secretaría de Tránsito mantienen activo un plan de contingencia, aunque la última palabra la dictará el avance de la maquinaria pesada en estos últimos días previos a la fiesta de acordeones más importante del país.
Pese a los desafíos logísticos, la organización hasta el momento ha ratificado el cronograma oficial. El telón se levantará formalmente el martes 28 de abril a la una de la tarde con el desfile de las categorías infantil y juvenil, el cual partirá desde el Colegio Alfonso López para culminar en la glorieta del Pedazo de Acordeón.
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Por su parte, el Desfile de Piloneras Mayores tomará el relevo el miércoles 29 de abril partiendo desde el mismo punto al mediodía. Esta categoría principal pretende recorrer la Avenida Simón Bolívar en sentido sur-norte hasta alcanzar el Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araújo Noguera, cumpliendo con su tradicional paso por la glorieta de la Pilonera Mayor.
En este escenario donde el sonido de los mofles empieza a ser desplazado por el de las guacharacas, la capital del Cesar se enfrenta a una carrera contra el reloj para garantizar que la tradición brille sin contratiempos. El éxito de esta edición no dependerá exclusivamente de la destreza de los acordeoneros o la gracia de las piloneras, sino de la culminación efectiva de las obras y la rigurosidad de un plan de movilidad que permita que la infraestructura esté a la altura de una leyenda que se escribe, año tras año, con el sudor y la alegría de su gente.







