La Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) expidió la resolución 0250 del 21 de mayo de 2026 con el propósito de anticiparse a los efectos de El Niño y no esperar a que los ríos se queden sin caudal ni que los acueductos colapsen por falta de agua. El coordinador de Gestión del Riesgo de Desastres y Seguridad Hídrica, Jorge Alberto Armenta, explicó que los modelos climáticos que consulta el IDEAM y el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos han elevado la probabilidad del fenómeno desde algo más del 60 % a niveles cercanos al 90–98 %, con extensión prevista hasta comienzos de 2027.
Qué es lo que viene
Armenta insiste en aterrizar el panorama: El Niño no es sinónimo de “apocalipsis climático”, sino un fenómeno natural de variabilidad climática. Se produce cuando la temperatura superficial del océano Pacífico en la franja ecuatorial se calienta por encima de lo normal y mantiene esa anomalía durante varios meses. En términos técnicos, la comunidad científica considera que hay condiciones Niño cuando ese calentamiento es de al menos 0,5 grados centígrados sobre el promedio histórico y se mantiene durante cinco meses consecutivos.
Para el Cesar, eso no significa que “no va a llover nada”. Lo que suele ocurrir es una disminución de la cantidad de lluvia en amplias zonas del departamento, mientras que en otras puede haber episodios de lluvia intensa en ciertos meses, seguidos de periodos más secos y prolongados. El resultado final es un estrés mayor sobre las fuentes de agua superficiales y subterráneas.
La memoria reciente del territorio está marcada por El Niño de 2015, uno de los más intensos registrados, que se prolongó alrededor de 13 meses y dejó casi 200 días sin lluvia en Valledupar. La lección que deja ese episodio, advierte Armenta, es que el mayor error fue no haberse preparado a tiempo: no se contaba con suficientes fuentes alternas ni con sistemas de almacenamiento que ayudaran a amortiguar el impacto sobre hogares, fincas y sectores productivos.
Municipios y zonas en mayor riesgo
El fenómeno afecta a todo el departamento, pero no con la misma intensidad. El funcionario subraya que hay territorios donde la vulnerabilidad es más alta por la combinación de clima, tipo de fuente y antecedentes de sequía. En el norte del Cesar, menciona a La Paz, Manaure, San Diego y Valledupar como municipios que deben encender las alarmas. Allí, ríos como el Chiriaimo han presentado en otros años de verano caudales muy reducidos, lo que compromete el abastecimiento cuando la demanda aumenta y las lluvias disminuyen.
En el sur aparece lo que Armenta llama “el sur seco”, con Río de Oro como ejemplo claro de zona que “ya de por sí es muy seca” y cuyos caudales son históricamente bajos. Si El Niño se intensifica, ese punto de partida hace que el riesgo de desabastecimiento sea aún mayor. En estos casos, cualquier descenso adicional en el caudal puede traducirse rápidamente en restricciones para el consumo humano, para el ganado y para la actividad económica.
En términos generales, Corpocesar prevé que las fuentes de agua superficiales tenderán a reducir su caudal en buena parte del territorio. Por eso, todos los municipios que dependen casi exclusivamente de un solo río o quebrada deben estar desde ya buscando fuentes alternas, ya sea otras corrientes superficiales o aguas subterráneas, y no esperar al pico de la sequía para empezar a gestionar permisos y estudios.
Lo que está ordenando y recomendando Corpocesar
La resolución 0250 es un documento que busca que alcaldes y empresas prestadoras del servicio de acueducto ejecuten con rigor sus programas de uso eficiente y ahorro del agua, y faculta a la corporación para regular caudales en aquellas corrientes donde se detecten captaciones por encima de lo autorizado.
Armenta explica que se intensificarán los recorridos y monitoreos de caudales en las corrientes críticas del departamento. En estos ejercicios se mide el agua que llega a las bocatomas de los acueductos y se verifica si se está captando dentro de los límites fijados en las concesiones. Cualquier anomalía se reporta de inmediato a las empresas de acueducto locales para que adopten correctivos, y, cuando se trata de incumplimientos de las obligaciones del concesionario, la información se traslada a la oficina jurídica de Corpocesar.
El punto clave es que, si se verifica un incumplimiento reiterado de las condiciones de una concesión —por ejemplo, captar más caudal del permitido o no aplicar las medidas de uso eficiente del agua—, la corporación puede llegar incluso a revertir ese permiso y dejar sin derecho a captar agua al infractor. En estos procesos, la entidad cuenta con el acompañamiento de la Policía y de los inspectores de policía, quienes también tienen funciones ambientales en el territorio.
Lo que deben hacer ya los alcaldes y acueductos
Más allá de la letra de la resolución, el coordinador detalla acciones muy concretas que deberían estar en marcha. La primera es la inspección rigurosa de las bocatomas y de los tramos aguas arriba, para retirar ramas, troncos, material vegetal y sedimentos que bloqueen el flujo. Con caudales reducidos, cualquier obstrucción, por pequeña que parezca, puede marcar la diferencia entre que el agua llegue o no a una comunidad.
La segunda es la búsqueda y trámite oportuno de fuentes alternas de abastecimiento. Armenta recuerda que recientemente se realizó un evento con la Asociación Colombiana de Hidrogeólogos para socializar la forma correcta de acceder al agua subterránea, desde el punto de vista legal, técnico y ambiental. Construir pozos profundos sin estudios adecuados puede significar perder la inversión y agravar los problemas del acuífero, mientras que hacerlo con planeación puede ofrecer una fuente estratégica en tiempos de sequía.
La tercera acción es dejar de pensar solo en tanques de mil o diez mil litros y avanzar hacia sistemas de almacenamiento de mayor escala. Reservorios comunitarios, pequeñas obras de regulación y otras soluciones de infraestructura pueden permitir que los municipios cuenten con agua guardada para los meses más secos. “No necesariamente se trata de grandes represas”, sugiere el enfoque de Corpocesar, sino de proyectos de una magnitud adecuada a las capacidades locales, pero que vayan mucho más allá de la respuesta improvisada.
Llamado a la ciudadanía
La resolución también habla directamente a los ciudadanos. Armenta insiste en la idea de corresponsabilidad: no todo lo pueden hacer las instituciones; hogares, empresas y fincas tienen un papel crucial en el uso eficiente del agua. Desde cerrar la llave mientras se cepilla los dientes hasta reparar fugas internas, reducir el riego en horas de mayor evaporación o reutilizar agua en tareas domésticas, cada gesto cuenta cuando el sistema completo entra en estrés.
Otro frente es la denuncia de captaciones irregulares o usos abusivos del recurso. Corpocesar pide que, cuando los ciudadanos detecten estas situaciones, las reporten con la mayor precisión posible: vereda, puntos de referencia, coordenadas si las tienen y, cuando sea viable, la identificación del presunto responsable. Esa información detallada permite que la corporación y las autoridades lleguen efectivamente al sitio, en lugar de perder tiempo buscando un lugar mal descrito.
Para el lector del Cesar, el mensaje se resume en tres recomendaciones inmediatas. La primera, empezar a ahorrar agua desde ya, incluso si todavía llueve en su municipio. La segunda, exigir a su alcalde y a su empresa de acueducto planes de contingencia claros frente a El Niño: fuentes alternas, reservorios, cronogramas de mantenimiento y estrategias de comunicación. Y la tercera, pensar en cómo almacenar agua a pequeña escala, ya sea a través de tanques domiciliarios, soluciones colectivas en barrios y veredas o proyectos comunitarios de reservorios que puedan marcar la diferencia cuando el río empiece a bajar.






