En el vallenato de competencia, la guacharaca no es solo un instrumento de acompañamiento; es el que marca el paso de la tradición. Eso lo sabe bien Reinaldo Javier Ortiz, el hombre que con el trinar de su instrumento guio a José Juan Camilo ‘el Morocho’ Guerra hacia la máxima distinción del 59.° Festival de la Leyenda Vallenata.
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Mientras Valledupar corea el nombre del nuevo monarca, en el seno del conjunto la satisfacción es compartida. Para Reinaldo, este triunfo no es producto del azar, sino de una fórmula clara: fidelidad a la raíz.
El guardián del vallenato raizal
Con la serenidad que dan los años de tarima, Ortiz identifica con precisión el diferencial que los llevó al podio. “La clave de esto es la responsabilidad y tocar lo que sí es el Festival Vallenato: el vallenato raizal. Hacer las cosas bien para tener esta satisfacción”, afirma el guacharaquero, quien celebra con orgullo que la corona se quede en casa, en el barrio San Joaquín de Valledupar.
Para Reinaldo, el triunfo de “Morocho” es la ratificación de que el vallenato auténtico sigue vivo en las nuevas generaciones, siempre y cuando se respete el legado de los juglares.
Un palmarés de respeto
Aunque los reflectores suelen seguir al acordeonero, la trayectoria de Reinaldo Ortiz en el festival es la de un veterano de mil batallas. Con la victoria de este 2026, suma ya tres coronas profesionales en su cuenta personal: 2011, junto a Almes Granados; 2016, acompañando a Jaime Dangond; y 2026, con José Juan Camilo Guerra.
A esto se le suman terceros puestos con figuras como Javier Álvarez y el propio “Morocho” en participaciones anteriores, consolidándose como uno de los guacharaqueros más efectivos y solicitados por quienes aspiran a la corona.
Entre Silvestre y el legado de la tradición
La imagen de Silvestre Dangond apoyando al grupo en la Plaza Alfonso López bajo el sol vallenato quedó grabada como un gesto de respaldo total a su equipo. Reinaldo destaca que esa energía fue vital: “Silvestre es muy festivalero, él lo siente y lo vive. Nos llenó de satisfacción que nos acompañara”.
Ahora, el reto es doble. Como integrantes de la agrupación de Dangond, deben equilibrar la modernidad del espectáculo masivo con la responsabilidad de ser los embajadores del vallenato tradicional durante este año de reinado. Sin embargo, Reinaldo no teme al desafío.
“No vamos a tener dificultad porque estamos manejando lo que es esto: el vallenato. José Juan lo domina a la perfección y tenemos un cantante que ilumina nuestro folclor en todas partes”, concluye con la seguridad de quien sabe que, mientras su guacharaca suene, la tradición está en buenas manos.
Por: José A. Martínez / EL PILÓN.







