El ingenio que brota de la desidia
Lo que en otra ciudad sería un jardín, en la carrera 5 con calle 18 es un monumento al abandono. Una pequeña planta de papaya ha encontrado refugio en una zanja abierta que rompe la vía, recordándonos que, ante la falta de reparaciones, la naturaleza reclama su espacio. “Pronto hay papayas”, advierte con ironía José Manuel, mientras el agua estancada y los escombros completan una postal que debería avergonzar a los encargados del mantenimiento vial.
Trampas mortales a plena vista
En la carrera 17 con calle 6, el peligro no se oculta; se exhibe como una herida abierta en el asfalto. Un bache profundo amenaza la integridad de los vehículos y la vida de los motociclistas, convirtiendo un trayecto cotidiano en una carrera de obstáculos de alto riesgo. La advertencia es clara y urgente: es una zona muy peligrosa donde el próximo accidente parece ser solo cuestión de tiempo si no se interviene de inmediato.
Señalamientos de caucho y olvido
La calle 19 con carrera 7 ofrece una escena casi surrealista: un par de llantas viejas emergen de una alcantarilla sin tapa, sirviendo como el único y precario sistema de alerta para los conductores. Es la “belleza” de una ciudad que se acostumbra a señalizar sus carencias con basura, donde un elemento de desecho se convierte en el último recurso para evitar que un vehículo termine hundido en las profundidades del sistema de drenaje.
El eterno retorno de los escombros
Como si fuera poco con los huecos y las zanjas, en algunos puntos de la ciudad el desorden se acumula por capas. “Echaron más”, es el lacónico pero potente mensaje que acompaña la imagen de una montaña de restos de construcción que invade el espacio público. No es solo un problema de estética, es la evidencia de una falta de control que permite que las esquinas se conviertan en vertederos improvisados a plena luz del día.
Por: Redacción EL PILÓN
Fotos: José Manuel Aponte






