Valledupar amaneció el 29 de abril envuelta en un ambiente distinto, donde el sonido de los acordeones cede espacio al recogimiento y la devoción. En pleno desarrollo del Festival de la Leyenda Vallenata, la ciudad hizo una pausa para reencontrarse con una de sus tradiciones más profundas: la celebración de la Virgen del Rosario, patrona espiritual de esta tierra.
Desde tempranas horas, fieles se congregaron para participar en una emotiva eucaristía presidida por monseñor Óscar Vélez Isaza. Luego, la imagen de la Virgen recorrió las calles en medio de cantos, oraciones y ofrendas, en una procesión que volvió a teñir de fe el corazón de la capital cesarense.
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Pero más allá del acto religioso, esta fecha revive una historia que ha trascendido siglos. Según la tradición, el llamado “milagro de la Virgen del Rosario” se remonta al siglo XVI, en medio de enfrentamientos entre indígenas y españoles. Se cuenta que, en plena batalla, la Virgen apareció para detener el fuego, proteger a los combatientes y devolver la vida a quienes habían sido envenenados, marcando así un episodio que dio origen a la llamada “leyenda vallenata”.
Este relato no sólo permanece vivo en la memoria colectiva, sino que se ha convertido en el fundamento cultural y espiritual del Festival Vallenato, donde la música y la fe se entrelazan como parte de una misma identidad. Cada año, además de la procesión, se realizan representaciones simbólicas del milagro y ofrendas tradicionales que evocan las raíces indígenas y campesinas de la región.
Así, Valledupar no solo celebra su folclor, sino también su historia. Porque en esta tierra, el acordeón y la devoción caminan juntos, recordando que antes de la fiesta, hubo un milagro que aún hoy sostiene la fe de todo un pueblo.







