Hay dos temas de los cuales todo el mundo se cree experto. La frase “todo el mundo cree que sabe de fútbol y de encuestas” es una expresión popular que refleja la idea de que muchas personas opinan sobre temas que consideran de interés general, como el fútbol y las encuestas, aunque no tengan un conocimiento profundo sobre ellos.
En Colombia las encuestas están reguladas por el Consejo Nacional Electoral (CNE), y es bueno que la gente sepa qué es realmente una encuesta y qué es un sondeo. La principal diferencia entre una encuesta y un sondeo radica en el rigor metodológico y la profundidad de la información recopilada.
Mientras que una encuesta es una investigación científica detallada, un sondeo es una consulta rápida para captar una tendencia inmediata.
Como encuestador tengo claro cómo hacemos nuestras encuestas, pero no tengo ni idea de cómo las hacen las otras 85 empresas que están en la base de datos del CNE y que tienen la misma autorización que yo para publicarlas (ver https://www.cne.gov.co/index.php/elecciones/encuestas).
El desaparecido dirigente Álvaro Gómez dijo una frase muy recordada, en una entrevista con el ilustre periodista Juan Gossaín, siendo Gómez candidato por su movimiento Salvación Nacional, por allá a finales de los años ochenta. Ya era la tercera vez que Álvaro Gómez presentaba su nombre como candidato presidencial.
En esa campaña las encuestas no le favorecían, lo ubicaban de último, al preguntarle su entrevistador sobre esa situación, Álvaro Gómez, con aguda inteligencia, le contestó: “Juan: las encuestas son iguales a las morcillas: muy buenas verlas en el plato y degustarlas, pero a nadie le gustaría ver cómo se preparan”.
Pienso que sería inútil discutir la validez de ellas como método científico y estadístico para medir tendencias. Sería estúpido e insensato. Las encuestas son una técnica de investigación social que permite conocer las opiniones y actitudes de una colectividad por medio de un cuestionario que se aplica, a un reducido grupo de sus integrantes al que se denomina “muestra”.
Cada día vemos que los temas del momento, de actualidad, son medidos. Esta metodología si no es aplicada con el rigor científico y objetividad se convierte en un elemento perturbador de cualquier medición o elección. La desconfianza hacia ellas ha sido permanente. Hace muchos años se decía que en Colombia: “El que vota elige”, luego mutó para decir: “El que escruta elige”, hoy en nuestro medio, donde la actividad política es poco seria, tendríamos que decir: ¡el que encuesta elige! En definitiva, en Colombia con una alta abstención, el pueblo vota, pero no elige. El fantasma del fraude siempre estará allí, pertrechado.
Hay algo que todos deben entender y es que las encuestas son muy útiles para plasmar la situación del momento, es una foto, es útil también para ganar una elección, siempre y cuando se use como lo que es: una técnica de investigación. Su fuerza radica en la cantidad y calidad de la información que les proporcionan las encuestadoras, a quienes elaboran las estrategias electorales. En una época en que la democracia se ha ampliado y los países no solo se manejan de acuerdo a lo que dicen las élites económicas o intelectuales, una campaña electoral, necesita conocer lo que opinan los ciudadanos comunes acerca de los más diversos temas. La única forma de hacerlo es a través de la investigación científica y la herramienta privilegiada de ese tipo de investigación son las encuestas, bien sea medición de aceptación o rechazo o la encuesta electoral.
Cada vez que salen los resultados de una encuesta se genera un maremágnum. Cuando se trata de encuestas electorales, son conocidas por la reacción que produce en las campañas, la publicación de la simulación electoral, que es una pregunta del formulario que averigua cómo votarían los ciudadanos, si las elecciones fueran el día en que se realiza la encuesta. Los candidatos se obsesionan con esa pregunta. Los resultados producen polémicas estridentes. Unos dicen que según “sus” encuestas ganan, otros que las encuestas publicadas son falsas, otros que no creen en las encuestas. Al final los que no han sido favorecidos con el sondeo dicen al unísono: “la verdadera encuesta es el día de las elecciones”.
Esta es la frase preferida de los que pierden en las encuestas, para tranquilizar a sus huestes de cara a las elecciones. Ante todo – en condiciones normales- las encuestas no expresan las preferencias de quienes las hacen. Existen candidatos que agradecen porque los resultados de una encuesta que se publica les son favorables o que se enojan porque les son adversos. Ambas actitudes son erróneas. Se supone que los que las realizan son profesionales en la materia y sus estudios reflejan simplemente lo que encuentran a través de la investigación, más allá de las simpatías o antipatías. La encuesta, si está bien hecha, no debe reflejar los sentimientos ni negativos ni positivos de los encuestadores.
El rigor, el concepto genuino y puro de un método científico, matemático y estadístico se convierte en herramienta de manipulación y de perturbación, para direccionar tendencias de eventos electorales. Hay firmas que no tienen ese rigor, algunas son inexpertas y otras que lo venden al mejor postor.
Recuerde: se prohíbe igualmente la divulgación de los sondeos que realicen directamente los medios de comunicación, sin el cumplimiento de requisitos tales como la divulgación total de la encuesta o el sondeo; nombre de la persona o entidad que la autoriza; fuente de financiación, tipo y tamaño de la muestra; temas específicos a los que se refiere; área en que se efectúa, fecha y margen de error calculado.
Recomendación, revise en la página del CNE Colombia, https://cnegovco-my.sharepoint.com/:x:/g/personal/prensacne_cne_gov_co/Efm3AMjug0ZIh04l_LbWxbcBf4ux4xa3qYoTWhBhtImyvw?e=PWg3gf. Aquí aparecen las empresas que están autorizadas para publicar encuestas.
*Publicista, analista político y escritor especialista en marketing y comunicación política, con más de 35 años de carrera.












