El domingo 26 de abril se realizó en todo el país el proceso electoral comunal 2026 para elegir a las nuevas JAC y Juntas de Vivienda Comunitaria, en cumplimiento de la Ley 2166 de 2021 y del calendario fijado por el Ministerio del Interior. Las personas mayores de 14 años, inscritas en el libro de afiliados y residentes en el territorio, estuvieron habilitadas para votar por planchas que ocuparán cargos entre el 1 de julio de 2026 y el 30 de junio de 2030.
En barrios de Valledupar como la urbanización Álamos 2, la jornada superó las expectativas. Su presidente actual, Tito Ernesto Castro, relató que temían apatía, pero el flujo de votantes fue significativo: “Pensábamos que de pronto las personas, como nos lo ha demostrado la historia, son bastante apáticas a estos procesos, que no iba a tener mucha afluencia el proceso, pero sí ha tenido bastante afluencia”. Según dijo, en un corte parcial solicitado por uno de los testigos ya habían superado el umbral necesario: “Ya superamos la mitad más uno, o sea, que ya hay quórum para la elección que se está llevando a cabo”.
Votación a la JAC en Álamos 2. Foto: EL PILÓN.
Castro explicó que esa participación no fue casualidad, sino producto de campaña de base: “Los candidatos cada uno promulgó sus propuestas por medios magnéticos, de manera presencial, en los grupos de WhatsApp que tenemos. Hicieron perifoneos, hicieron visitas casa a casa”. Esa mezcla de puerta a puerta, redes y altoparlantes parece haber hecho la diferencia en un contexto donde muchas JAC luchan contra el desinterés ciudadano.
En contraste, en barrios como la urbanización María Camila Sur, la cifra era otra: 152 personas inscritas y apenas unos 50 votos depositados cuando la tarde avanzaba. Allí la pregunta que rondaba entre los jurados y líderes era inevitable: ¿qué pasa si no se alcanza el quórum?
¿Qué pasa si no se alcanza el quórum?
La Ley 2166 de 2021 establece que las JAC pueden hacer su elección por asamblea general o por votación directa, según lo determinen sus estatutos. En las elecciones por asamblea, la decisión es válida si participa y vota la mitad más uno de los afiliados; en las de votación directa, la norma y los lineamientos recientes precisan que la elección será válida si, como mínimo, participa el 30% de quienes aparecen en el libro.
Puestos de votación de la Registraduría instalados en Humedal María Camila Sur, donde los habitantes acudieron a elegir a sus nuevas Juntas de Acción Comunal para el periodo 2026–2030. Foto: EL PILÓN
En términos prácticos, si en barrios como María Camila Sur la participación queda por debajo de ese umbral, la elección puede considerarse no válida o viciada, lo que obliga a la organización y a las autoridades comunales y del Ministerio a definir una nueva fecha o un mecanismo extraordinario, tal como ha ocurrido con juntas que no cumplieron etapas previas como la elección del Tribunal de Garantías o la correcta actualización del libro de afiliados. Es decir, el costo de la apatía no es solo político, sino también operativo: quedar en un limbo de representación, con juntas acéfalas o prolongación de dignatarios salientes mientras se convoca otro proceso.
“Primera vez que voto”: la cara ciudadana de la jornada
Entre las voces que se escucharon en los puestos de votación estuvo la de Erwin Guzmán, un vecino que se acercó a las urnas por primera vez. Para él, el motivo combina confianza en una persona concreta y la necesidad de recuperar el barrio: “Primera vez que voto y pues estoy votando por el vecino de aquí a diagonal, que ya él fue una vez y pues la hizo bien. El de la junta pasada ni se sabía quién era, como que se enfermó; no sabíamos ni qué hacer ni qué hacía”.
Guzmán explica que antes no participaba por temas laborales, pero que hoy siente que debe involucrarse: “Anteriormente, por trabajo, pues no me mantenía aquí y ahora en estos momentos que sí ya… me decidí a votar por la comunidad, para ayudar, para estar más pendiente, tratar de colaborar en lo que más se pueda aquí en el barrio”. Mira el parque deteriorado y lo sintetiza así: “El barrio se está acabando, por lo menos mira este parque; se dañan las cosas, las van desarmando, se la van llevando y no la vuelven a armar. Entonces la idea es esa: ayudar a la comunidad”.
Otro votante, José Fernando Jiménez, también estrenó su participación electoral comunal: “Decidí votar porque por primera vez quise participar por el barrio y también para apoyar a la gente de aquí para que el barrio prospere”. Su testimonio se suma al de muchos vecinos que asumen que, aunque la JAC no resuelve todo, sí es la puerta para proyectos, veeduría y presión organizada sobre las autoridades.
Liderazgos comunitarios que no caben solo en una junta
Más allá de los puestos y las planchas, la jornada dejó entrever liderazgos que desbordan la estructura formal de la JAC. Sandra Pacheco, líder afro de Álamos 2, lo resume en clave de trabajo colectivo y enfoque de género: “Uno lo que tiene es que organizar sus grupos de trabajo. Nosotros nos vamos a reunir mensualmente. Hay un día que usted está más desocupado y ese día del mes planean todo y dicen: ‘Hay que hacer esto’”.
Para Pacheco, el llamado es a que más mujeres y jóvenes se vinculen a los procesos comunales: “Vincularse sobre todo en el tema de mujeres. Las mujeres y, sobre todo, en el sector jóvenes y mujeres. Nosotros estamos careciendo de un empoderamiento verdadero; empoderamiento no es agarrar y hacer un negocio”. Desde su mirada, el liderazgo nace y también se hace, ya sea desde lo profesional o desde la experiencia empírica en el barrio.
La lideresa propone, incluso, que los comunicadores del territorio documenten lo que ocurre en cada comuna: “Qué bonito sería que los periodistas hicieran un diálogo con las comunidades… comenzar a llenar una base de datos de videos comunitarios, de qué se está haciendo en Valledupar y sobre todo en tal comuna”. Su preocupación no es solo electoral, sino social: “La juventud se nos está perdiendo en la drogadicción. Hay que buscar la forma, cada 15 días, de hacer algo en los barrios, de que la juventud participe del barrio”. Esa agenda trasciende la fecha del 26 de abril y apunta a un tejido comunitario más permanente.
Barrios sin jornada: el caso Villa Miriam y otras alertas
Mientras en lugares como Álamos 2 las urnas se movían, en otros barrios de Valledupar las elecciones comunales simplemente no se llevaron a cabo. El caso conocido es Villa Miriam, donde un pleito por los libros de afiliados, denuncias de anomalías en el censo y asambleas frustradas dejó a la JAC por fuera del calendario oficial del 26 de abril. Allí, versiones encontradas entre el expresidente de la junta y líderes actuales apuntan a sabotajes, libros cambiados y ausencia de acompañamiento oportuno, lo que obligará a tramitar una jornada extraordinaria en otra fecha.
Urnas clasificadas por planchas y mesas de votación listas para recibir los tarjetones de las elecciones de JAC, en una jornada clave para la democracia barrial en Valledupar. Foto: Said Armenta.
Algo similar, aunque en etapas distintas, se ha visto en barrios como Los Caciques, Villa Leonor, La Nevada, San Antonio, Villa Taxi, La Victoria, el Obrero y algunos sectores de Mayales, donde habitantes denunciaron que el libro de afiliados solo se abrió el último día, se guardó en casas particulares o no se informó adecuadamente a la comunidad. En todos esos casos, el problema no es solo técnico: la falta de transparencia y accesibilidad en el libro afecta directamente la base de votantes y, con ello, la legitimidad de los resultados.
¿Por qué tanta apatía… y qué la rompe?
La pregunta por la baja participación en algunos barrios no tiene una única respuesta. Expertos en participación y documentos de entidades como el IDPAC en Bogotá señalan factores como desconfianza en las juntas, desconocimiento de la Ley 2166, falta de pedagogía institucional y la sensación de que las JAC se han vuelto “feudos” de unos pocos, sobre todo desde que comenzaron a manejar convenios solidarios millonarios para obras. A eso se suma, en ciudades como Valledupar, el cansancio frente a problemas estructurales —inseguridad, deterioro del espacio público, servicios irregulares— que no parecen cambiar, esté quien esté en la junta.
Al final del día, más allá de los porcentajes de participación y los quórums logrados o fallidos, la elección comunal en Valledupar deja claro que la democracia de barrio no se juega solo en una urna ni en un libro: se juega en la capacidad de las juntas y las autoridades de abrir procesos, socializar reglas y garantizar que votar por el vecino de “aquí a diagonal” no sea un acto aislado, sino el inicio de un control ciudadano más constante sobre lo que se hace —o se deja de hacer— en cada esquina de la ciudad.







