Por considerarlo de actualidad en el momento histórico que vivimos, reproduzco este artículo, pero no sin antes preguntarme por dónde andan y qué dicen los expresidentes Pastrana y Gaviria, que no han dicho ni mu, al contrario de Uribe y Duque, que ya fijaron su posición. ¿Será que se volvieron indiferentes?
El destino y el futuro promisorio de este país están en manos de los indiferentes e indolentes, que no son todos, pero sí la mayoría, porque la indiferencia y la indolencia son familiares muy cercanos. Y siempre me acuerdo de la célebre y sabia reflexión del expresidente Andrés Pastrana, cuando en alguna oportunidad dijo que “el peor cartel que había en Colombia (todavía existe) no era el de los narcos, paracos, guerrilla o delincuencia común, era el de los indiferentes, que son la mayoría de los colombianos que no votan, nada les interesa, nada les acomoda, ni nada los mortifica”, y agrego yo: todo lo que pasa les importa un comino, para no decir un C., pero siempre viven quejándose de todo, aunque no aportan un grano de arena para resolver nada. Parece que estuvieran enfermos del alma y su frase más usual es “me importa un carajo” o “un C., yo no vivo del gobierno, vote o no vote, esta mierda continúa igual”; y así, ante su mirada impávida e indolente, ven cómo el futuro que nos espera es terrible, negro y muy parecido al de Cuba o al de nuestra vecina Venezuela, donde hace unos años todo era abundancia y felicidad.
¿Será que se repetirá la historia nuevamente, donde los bogotanos el día de las elecciones, más de un millón, salieron a disfrutar de las cálidas playas cartageneras y se abstuvieron de votar porque ya el triunfo de Hernández estaba asegurado? Al igual pasó en Antioquia con casi otro millón que se fue a sus elegantes y costosas residencias campestres y así todo el país, porque ya Petro no tenía nada que hacer, estaba derrotado, y pasó lo contrario. Y la historia se puede repetir con un Pacto Histórico refortalecido, con la chequera abundante del Estado a su disposición, con el engranaje burocrático bien engrasado y un capitán que ha demostrado que ha llegado a donde él se lo ha propuesto, eso sí, con la ayuda eficaz de los indiferentes e indolentes.






