Es Jueves Santo y el Guatapurí ya está lleno de visitantes. Pero hay una advertencia que los vallenatos de vieja data siguen repitiendo con la misma convicción de siempre: “Cuidado con meterse al río hoy. Uno se convierte en pez”. La frase no es metáfora. Es la Sirena de Hurtado hablando desde el fondo del pozo.
La Iglesia católica no prohíbe bañarse en Semana Santa. Lo que la doctrina prescribe para el Jueves y Viernes Santo es recogimiento y abstinencia de actividades mundanas. Sin embargo, la tradición popular vallenata añadió su propia cláusula: quien se bañe en río durante estos días puede convertirse en pez. La creencia nació de la idea de que el agua natural queda “sin bendecir” mientras Cristo yace muerto, y que sumergirse en ella equivale a profanar el duelo.
En Valledupar esa advertencia no es genérica. Tiene nombre, roca y fecha exacta.
Jueves Santo en el Pozo de Hurtado
Según la leyenda más extendida, Rosario Arciniegas era una joven del barrio Cañaguate que un Jueves Santo desobedeció a su madre, corrió hasta el Pozo de Hurtado y se lanzó desde una piedra al río Guatapurí. Al caer sintió que sus piernas se fundían. Cuando intentó salir del agua, ya no tenía piernas: tenía cola de pez. Al amanecer del Viernes Santo apareció sobre la misma roca, miró a su familia por última vez, agitó la cola y desapareció bajo el agua para siempre.
Desde entonces, dicen los viejos, el Guatapurí tiene dueña.
La historia circula en al menos cinco versiones que nunca se han cancelado entre sí: la del castigo divino, la del pacto voluntario con el río, la de Rosario como guardiana del pozo, la de origen arhuaco vinculada a la cosmología de la Sierra Nevada, y la versión turística moderna. La antropóloga e historiadora Ruth Ariza documentó que el relato se contaba específicamente a las niñas entre diez y catorce años para enseñarles “recogimiento” durante la Semana Santa. El mito, en otras palabras, no es solo folclor: es también un dispositivo de memoria colectiva que la ciudad ha mantenido vivo durante generaciones.
Del trofeo al monumento: la historia que pocos conocen
La Sirena de Hurtado habría podido quedarse solo en las palabras. Fue un escultor vallenato quien la sacó del agua y la puso en bronce. Jorge Maestre, nacido en Valledupar, formado en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla y fundador de la primera Escuela de Bellas Artes de la capital del Cesar en 1983, recibió un encargo que parecía menor: diseñar el trofeo del recién creado Premio de Periodismo del Círculo de Periodistas de Valledupar. Los directivos del CPV llegaron a su taller con la idea de una flor de cañahuate. Maestre los recibió y les dijo que necesitaban algo distinto.
“Yo les dije que necesitaban un trofeo que tuviera que ver con lo lírico, con lo literario”, recordó el escultor en un discurso durante la pasada entrega del Premio Sirena Vallenata 2025. “Y les propuse hacer la sirena vallenata, porque era un cuento que yo escuché de niño y que siempre quise plasmar. Ellos jamás volvieron a nombrar la flor de cañahuate”.
El CPV encargó siete figuras: seis para los premios de periodismo —crónica, fotografía, reportaje— y una para el hombre cívico de la ciudad, que ese año era Rodolfo Campo Soto. Pocos meses después, en una reunión en el Club Valledupar, Campo Soto —quien sería el primer alcalde de Valledupar elegido por voto popular— le dijo a Maestre que la pequeña sirena era la figura más bella que había recibido. Esa conversación derivó en una visita al despacho de la Alcaldía y en un encargo mayor: hacer la sirena a escala monumental.
El resultado se inauguró en 1994: una escultura en fibra de vidrio, pintada de dorado —”porque tenía la connotación de trofeo”, explicó el propio Maestre—, de aproximadamente cuatro metros de alto por dos de ancho, instalada sobre la misma roca desde donde, según la leyenda, se lanzó Rosario Arciniegas. Valledupar se convirtió así en la única ciudad del mundo con una sirena de agua dulce. No en el cuento, sino en piedra y fibra de vidrio, frente al río.
El creador del trofeo, exaltado en sus propios premios
En diciembre de 2025, durante la XXXIV edición de los Premios Sirena Vallenata —La Noche de los Mejores—, el Círculo de Periodistas de Valledupar rindió homenaje a la trayectoria de Jorge Maestre: el hombre que diseñó el galardón que da nombre a la ceremonia y que luego construyó el monumento que inspiró ese mismo galardón.
Con más de cuarenta años de obra escultórica en la ciudad —el Cacique Upar, los Poporos, Los Músicos, el Homenaje a Hernando de Santana—, Maestre sigue siendo la memoria tridimensional de Valledupar. En esa noche, ante el gremio periodístico que lleva décadas entregando la figura que él diseñó, recordó con precisión la tarde en que eligió una sirena sobre una flor.
Este Jueves Santo, la roca sigue esperando
Durante los días santos, miles de vallenatos y turistas llegarán al balneario Hurtado. Algunos se bañarán. Muchos sabrán que “no deben”. La mayoría no sabrá con exactitud de dónde viene la prohibición —si del catolicismo, del mito o de un escultor que eligió una sirena sobre una flor de cañahuate.
Y eso, precisamente, es lo que hace que la leyenda siga viva.







