Para Jenifer Aragón García, el tercer lugar en la categoría Acordeonera Mayor del Festival Vallenato 2025 no fue una frustración, sino una señal. “Estar en el podio para mí fue muy significativo, el poder comprender que paso a paso se puede llegar a la meta”, recuerda. Habla de ese resultado como una bendición: “Tener un Cacique Upar en estos momentos ha sido una de mis grandes bendiciones y realmente ha confirmado que vamos por un muy buen camino”.
Más que el número en la tabla, la enseñanza fue espiritual. “Una de mis lecciones aprendidas es que más allá de los resultados hay que atesorar lo que Dios nos regala”, afirma. Por eso, insiste en que recibir ese tercer puesto “con gratitud” fue fundamental, sobre todo en un escenario que muchos sueñan y pocos pisan: “Sé que para muchos acordeoneros es un sueño cumplido estar en el Parque La Leyenda. De ahí en adelante todo lo que llegó fue ganancia”.
Una acordeonera que se rehace cada año
Este año, Jenifer volvió a inscribirse en la categoría Acordeonera Mayor con una regla clara: no repetirse. “Comprendí que año a año hay que renovar todo eso que nosotros queremos mostrar”, dice. Esa comprensión la llevó a imponerse un reto personal: “No volver a hacer lo mismo del año pasado, no repetir canciones, no repetir pases, no repetir rutinas, hacer algo que sea diferente”.
Su preparación ha sido, en sus palabras, “ardua”, pero sobre todo consciente. Siente que su evolución ha ido más allá de la técnica: “Como acordeonera, siento que la evolución ha sido más allá de lo musical, a nivel mental, teniendo en cuenta que eso nos brinda la seguridad en cada interpretación de los aires”. Ha incorporado estrategias para ejercitar cuerpo y mente, buscando controlar las emociones que se desbordan en una competencia.
“Yo soy el cardón guajiro que no lo marchita el sol”
También se ha sumergido con más detalle en las raíces del vallenato: “Poder escudriñar un poco más de nuestros juglares y comprender un poco más la esencia que puede llevarnos a tener esa corona del Festival Vallenato”. Entre sus referentes menciona a Luis Enrique Martínez, Cocha Molina y Colacho Mendoza, y los vincula a la dinastía Granados, que la guía en su búsqueda de una musicalidad fiel a la tradición.
Con su grupo de trabajo la relación se ha fortalecido. “Teniendo en cuenta que con mis compañeros ellos fueron los que pudieron vivir ese momento de nuestra final del año pasado, ya tenemos mucha confianza, no dejando de lado la exigencia que es volver a este nuevo reto”, explica. Define el proceso como “un trabajo honesto” donde la comunicación prima y hay disposición para escuchar consejos y correcciones.
Una mirada crítica a las letras que interpreta
La elección del repertorio es, para Jenifer, un acto de responsabilidad. No se limita a la dificultad de la obra o a la lucidez del pase, sino al mensaje. “Yo voy muy de lado a poder interpretar canciones que hablen más allá de muchas cosas, pues que sean fundamentadas en el amor, en la naturaleza, en nuestras vivencias, dejando de lado todas las canciones, depronto, machistas, sexistas, violentas hacia la mujer”, explica.
Su propósito es claro: “Mi misionalidad y mi visión ha sido de pronto reconocer esas letras bonitas, de cariño, de afecto, de vivencias que de alguna manera podamos interpretar, tocar y cantar”. Desde ahí entiende su rol como mujer guajira en el vallenato: “Mi mentalidad siempre ha sido poder visibilizar esa voz de las mujeres guajiras acordeoneras y dar la posibilidad a tener nuevamente esa corona en nuestro territorio, en nuestro departamento, mostrar que la constancia, la resiliencia es una clave fundamental para alcanzar los sueños”.
Psicóloga, gestora y referente para la niñez guajira
Más allá del escenario, Jenifer se mueve en otro territorio: el trabajo social. Psicóloga y especialista en gestión de proyectos culturales, lleva años desarrollando procesos con niñas, niños y adolescentes en La Guajira. Su sueño de coronarse Reina Acordeonera Mayor está conectado con esa labor. “Uno de mis mayores sueños… es transformar mi territorio y fuera de ello con la música, que las artes se conviertan en ese entorno seguro para nuestras niñas, niños y adolescentes”, dice.
“Yo voy muy de lado a poder interpretar canciones que hablen más allá de muchas cosas, pues que sean fundamentadas en el amor”
Jenifer Aragón
En esos espacios, la música no es solo entretenimiento, es una herramienta educativa y emocional. “Eso ofrecen los espacios donde puedan estar ellos, ellos puedan tener la posibilidad de expresarse, de aprender, de crecer con valores”, explica. Su intención es que las artes ayuden a cuidar a “los líderes del futuro”. Por eso insiste en que su misión ha sido “inspirar de manera positiva a nuestros niños, niñas y adolescentes”, usar el acordeón como pretexto para hablar de resiliencia y de metas a corto, mediano y largo plazo.
Entre la corona soñada y la gratitud por cada intento
Aunque sueña con el primer lugar, Jenifer prefiere no atarse a un único resultado. “El conseguir nuevamente un segundo o un tercer puesto para mí sería volver a recibirlo con la misma gratitud que recibí ese primer galardón que fue el año pasado”, reconoce. Se siente preparada para asumir cualquier desenlace: “Así como sueño con el primer puesto, también obtener cualquier otro galardón”.
Jenifer Aragón oficializa su inscripción en la versión 59 del Festival Vallenato, decidida a volver por la corona de Acordeonera Mayor. Foto: Cortesía.
En su discurso aparece una palabra que repite como mantra: constancia. “La constancia es fundamental en cada uno de nuestros procesos. Seguir luchando por lo que queremos, por nuestro sueño y defender nuestra música en nuestra misión como acordeonera”, afirma. Y agrega otro rol que ha asumido: “Ser no solamente intérprete, sino poder ser vocera de la música vallenata”.
Cuando condensa todo lo vivido en una imagen, aparece una frase que la representa: “Yo soy el cardón guajiro que no lo marchita el sol”. En ella encierra su resistencia: “Eso quiere decir que año a año he tenido la resistencia para seguir luchando por la corona del Festival Vallenato”. Con esa misma firmeza, piensa en regresar a una final, seguir representando a Albania y a La Guajira, y mostrar, con su acordeón y con su trabajo social, “la esencia de la mujer guajira” en el folclor colombiano.







