Manuel Sevilla lleva 20 años estudiando ecosistemas musicales patrimoniales, pero fue en Valledupar donde descubrió algo inesperado: los mejores archivos del Festival de la Leyenda Vallenata no están necesariamente en las oficinas de la Fundación, sino en las tiendas de los barrios, en las casas de los parrаnderos y en los cuartos de bareque donde se guardan, con devoción, afiches, cassettes y prendas de vestir de los momentos históricos no solo del género musical sino de la narrativa de una región.
El podcast puede escucharse aquí
“Preferimos hacerlos visibles y a partir de esa visibilidad inicial hacerles un acompañamiento”, explica el profesor de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, quien lideró junto a su equipo el proyecto Archivos y Festivales, subvencionado por la Fundación Cultural Latin GRAMMY. La investigación, realizada entre 2025 y 2026, indagó las prácticas de archivo en torno al Festival de la Leyenda Vallenata y el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, dos de las celebraciones musicales patrimoniales más importantes de Colombia.
Archivística desde el afecto
El hallazgo central del estudio fue la existencia de lo que Sevilla denomina “archivística desde el afecto”: personas que por iniciativa propia deciden guardar atuendos, grabaciones, afiches y documentos relacionados con el festival y la música vallenata.
“Si vas a la tienda que queda en la esquina de la plaza Alfonso López, ahí tienes una selección de afiches. Si vas a las oficinas de la Fundación, hay algunos. Estuvimos en una casa en una parranda y las personas tenían como 15 afiches enmarcados. Les preguntamos: ¿por qué los guardan? Porque es importante, porque sí. Ah, y además porque en este un primo participó”, relata el investigador.
Otro caso emblemático es el de Cecilia Jiménez Zuleta, en el barrio San Joaquín, quien mantiene en un cuartico de bareque prendas de vestir de Diomedes Díaz y otros objetos relacionados con la tradición vallenata. “Ella te cuenta la historia de esa pieza y la tiene a disposición de quien la quiera ver“, añade Sevilla.
El festival como ritual cultural
Para comprender la importancia de estos archivos, el equipo de investigación —conformado por Paola Cano, Diego Bermúdez, Alirio Cantero y María Claudia Estaisa— partió de una premisa antropológica: los festivales musicales son “complejos rituales culturales” con inicio y final establecidos, pero que se nutren de prácticas que ocurren todo el año.
“El festival abre y cierra como espacio ritual. Pero el proceso que le da soporte al festival, la base cultural, no se congela”, explica Sevilla. Esa base incluye compositores, luthiers, gestores culturales, periodistas y ciudadanos que, por fuera de temporada, mantienen viva la tradición.
La profesora Paula Cano, experta en rituales colectivos que involucran música, lo plantea así en el podcast del proyecto: “Cuando se abren los acordeones en Valledupar, no se escucha solo la melodía, sino que allí se reactiva una tradición que conecta a los compositores, juglares, a los campesinos y quizás a las familias enteras que han hecho de esa música una forma de contar quiénes son”.
Archivos insospechados
La investigación también reveló la existencia de archivos “insospechados” que ayudan a reconstruir la historia de la música vallenata. Carlos Liñán Pitre, escritor e investigador cultural, descubrió en archivos eclesiales la partida de bautismo de Juancho Polo Valencia —compositor de Alicia Adorada— y documentos que confirman si los juglares eran reconocidos socialmente al ser llamados como padrinos de sacramentos.
“Si un juglar aparece muchas veces en documentos relacionados con bautizos como padrino, significa que tenía un reconocimiento, y si ese reconocimiento no era por ser ganadero o por tener dinero, significaba que era porque tenía un don extraordinario, que bien podría ser el tocar acordeón”, explica Liñán Pitre en el podcast.
El papel de los medios de comunicación
Juan Carlos Quintero, director del diario El Pilón, destacó en el proyecto el papel de las radios locales —Ondas del Guatapurí, Radio Valledupar, Radio Ondas de Macondo, La Voz del Cañaguate— en la formación de la cultura vallenata. Sevilla subraya que los medios funcionan tanto como “repositorios de memoria” como “guías de opinión” para visibilizar procesos culturales menos evidentes.
En la sala patrimonial de la Biblioteca Departamental se conserva la colección completa del Diario Vallenato, que documenta la previa, el desarrollo y el cierre de cada edición del festival. Foto: Archivos y Festivales.
“Yo sigo con mucho interés las notas sobre la música vallenata que se publican en EL PILÓN por fuera de temporada. También hay una suerte de hipercubrimiento de lo que pasa en la semana del festival, pero una vez el festival deja de ser noticia, muchos medios desaparecen. Y la música no se guarda en un congelador hasta el próximo festival”, reflexiona el investigador.
Acompañar, no juzgar
Aunque un profesional de la archivística podría señalar que muchos de estos archivos ciudadanos no siguen protocolos técnicos de conservación, Sevilla propone invertir el orden: primero visibilizar y acompañar, luego capacitar.
“Si tú le dices a alguien que lo primero que tiene que tener es un espacio con temperatura específica, con condiciones de humedad controlada, pues matas la iniciativa. Nadie tiene las condiciones de hacerlo. Más bien, ve a hacer un sondeo de quién tiene su archivo personal, hazlos visibles y diles: ‘Usted ha venido guardando estas prendas en bolsas plásticas. Mire, nos asesoramos y recomiendan que por qué no le pone un trozo de papel secante que le chupa humedad‘”, ejemplifica.
El investigador también advierte sobre la urgencia de documentar estos archivos antes de que sea tarde. “Ubicamos a un señor que tenía una colección fotográfica del Petronio desde 1997. Murió a principios de este año y nuestras grabaciones son las únicas que tiene su familia de él”, cuenta.
Una red colaborativa
El proyecto concluye que la solución no pasa por exigir a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que asuma toda la responsabilidad archivística, sino por construir redes colaborativas entre ciudadanos, medios, universidades y el festival mismo.
“Al festival no le podemos pedir que haga todo. Los ciudadanos tenemos la enorme oportunidad. Está en todos nosotros desde los medios, desde las universidades, desde todo tipo de entidades, hacer red para trabajar con ellos, para que esto se mantenga activo y podamos tener música para mucho tiempo”, concluye Sevilla. El profesor Manuel Sevilla destaca que el proyecto Archivos y Festivales fue posible gracias a la subvención de la Fundación Cultural Latin GRAMMY y al respaldo de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Durante el trabajo de campo en Valledupar, el equipo contó con la colaboración de investigadores y gestores culturales cesarenses como Juan Carlos Quintero, director del diario EL PILÓN; Carlos Liñán Pitre, escritor e investigador cultural; Alba Luque de la Fundación Aviva y numerosos ciudadanos que abrieron las puertas de sus archivos personales.







