El encarecimiento del plátano, la yuca y el ñame ya se siente en los bolsillos de las familias de Valledupar, donde vendedores y consumidores en el mercado coinciden en que, tras las inundaciones en Córdoba, el patacón de plátano empieza a ser un lujo y muchos están volviendo la mirada al guineo, la papa y la auyama como alternativas.
Cuando la yuca y el plátano suben, se encarece la minuta diaria de comedores comunitarios, tenderos de barrio y vendedores de comida callejera, que se ven obligados a ajustar porciones, cambiar recetas o trasladar el alza al consumidor final. En la práctica, esto significa que una familia que antes compraba varios kilos de tubérculos para la semana ahora debe escoger entre reducir la cantidad, reemplazarlos por otros productos o asumir un gasto mayor en un contexto de ingresos estancados.
“Con el puro plátano uno se muere de hambre”
“En diciembre el plátano ya estaba caro, pero por lo menos se conseguía”, cuenta Antonio Moreno, vendedor de tubérculos en carretilla, mientras señala unas manos de fruta más pequeñas de lo habitual. “Ya los plátanos habían bajado a $500, a $600 pesos, ahorita están a $1.000 la unidad; para uno comprarlos allá hasta en $900, pero para venderlos en la calle toca a $1.000”.





